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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 16 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 17

17º- La boda

Era por la mañana, y tenía muchas cosas que hacer. Que me peinaran y maquillaran. Ponerme el vestido y todas las cosas, y por la tarde por fin llegaría el momento. Tenía los nervios a flor de piel, no solo por la boda, si no porque después de la boda, pasaríamos a ser marido y mujer y nos iríamos de luna de miel. Solo con imaginármelo me ponía más ansiosa porque llegara el momento.

Adriana me estaba ayudando a vestirme. Ella ya se había arreglado, llevaba un vestido por las rodillas, de color azul celeste, y de tirantes, iba guapísima, era muy guapa y a su lado me sentía feísima. Y mientras me ayudaba nos pusimos a hablar.

-¿Te quieres tranquilizar? Si no voy a acabar pegándote una torta para que te calmes. –Dijo en broma.

-¿Cómo quieres que esté calmada? Además seguro que estoy horrorosa, y a tu lado más aún. Seguro que si fuera desnuda seguirías llamando más la atención tú que yo. –Dije con tristeza en la voz.

-No digas tonterías, por favor. –su voz sonó seria. –Eres guapísima, y con este vestido estás preciosa. Si no de todas formas, creo que ya te habrá dicho Cristian muchas veces lo preciosa que eres. Y ya sabes que él no miente nunca. –Dijo sonriéndome y dándome un abrazo para que me calmara. –Venga, ahora vámonos o llegaremos tarde, y no creo que le haga gracia a mi hermanito. –Dijo entre risas.

Fuimos hasta la iglesia, y ya estaba esperando todo el mundo dentro, había que seguir la tradición que decía que la novia llegaba la última. Así que me dispuse a entrar, y mi padre iba conmigo. Se le veía muy contento de que su niña se casara. Según fuimos andando allí pude ver a mi amado. Estaba guapísimo, perfecto como estaba siempre y son una sonrisa que me estaba desconcentrando.

Llegamos al altar donde me coloqué al lado de Cristian, que me cogió la mano, me dio un beso en la mejilla y me susurró. –Estás preciosa, ya sabía yo que me iba a casar con un verdadero ángel. –Y no pude evitar sonrojarme.

-Gracias, mi príncipe tú también estás guapísimo. –Dije dándole un beso en su mejilla.

El cura comenzó con la misa y yo sentía que todo era ajeno a mí. Pasado un buen rato, por fin terminó. Me di cuenta de que todo había pasado y que ya estábamos casados cuando oí al cura decir.-Puedes besar a la novia. –

En ese momento nos dimos un beso muy dulce, era real, ya por fin tenía delante de mis ojos a “mi marido”, ¡Qué bien sonaba! –Te quiero, ya eres mi preciosa esposa, ¡Es música para mis oídos saber que ya eres mía! –Dijo pletórico de alegría.

Después fuimos al banquete, aunque yo estaba tan contenta y queriendo ver a tanta gente que casi ni comí nada. Y llegó el momento del baile, el esperado vals de los novios. A mi me gustaba mucho bailar, pero los bailes agarrados y lentos no se me daban bien del todo. Pero con tal de estar tan agarrada a Cristian valía la pena aunque hiciera un poco el ridículo.

-No se me da bien esto de los bailes lentos, lo siento cariño. –Dije un poco sonrojada.

-No digas eso mi princesa. Eres perfecta y ahora eres mi mujer. – al decir eso no pudo evitar sonreír. - ¡Qué bien suena eso de mi mujer! Me has hecho el hombre más feliz del mundo. –tras lo que me dio un tierno beso.

Estuvimos bastante tiempo bailando y todo se acabó a altas horas de la noche. Así que nos despedimos de nuestros familiares, y nos cambiamos de ropa para irnos al aeropuerto hacía nuestra ansiada luna de miel.

No sabía a donde nos dirigimos, Cristian me dijo que sería una sorpresa pero que me iba a encantar. Me hizo subirme al avión con una venda en los ojos y con los cascos puestos para que no pudiera tener ninguna pista de a donde nos dirigíamos.

Me quedé dormida del cansancio de la boda. No sé cuanto tiempo dormí, pero me desperté al notar que Cristian me daba un beso en la mejilla y me susurró. –Buenos días mi princesa, ya casi hemos llegado. –Dijo con una amplia sonrisa.

Por fin bajamos del avión, y en el aeropuerto me fijé que había carteles en inglés y en francés. Y ya me pude fijar y vi que estábamos en el aeropuerto de París. -¿París? Cielo, ¡me encanta! –Dije abrazándole fuerte.

-Ya lo sabía, siempre hablas de París y sabía que era tu sueño, me lo has dicho muchas veces. Además yo no lo conocía tampoco, y como dicen que es la ciudad del amor… -Dijo sonriendo.

-¡Es estupendo, verdad! La ciudad de mis sueños con el chico de mis sueños. –tras lo que nos dimos un beso muy tierno.

Nos fuimos al hotel. Era precioso de 4 estrellas y muy romántico. La habitación era una maravilla, y desde la habitación teníamos unas vistas estupendas. La torre Eiffel se veía desde la ventana, era precioso. Aún no me lo podía creer parecía un sueño.

Teníamos 15 días de estancia en esa ciudad tan maravillosa, así que el turismo podría esperar un poco. Y yo estaba deseosa de estar a solas con mi marido. Él estaba colocando las cosas en el armario. Así que le di un abrazo por la espalda. Él al notarlo suspiró. –Aún no me creo que esté casado con semejante ángel. Eres maravillosa y lo mejor que me ha pasado en la vida. – Y al decir esto me dio un beso muy dulce.

-Bueno pues ya te lo puedes ir creyendo porque es verdad. Aunque la suerte la tengo yo por haberte encontrado. –Dije acariciándole la cara. Pero entonces cambié mi expresión y levanté una ceja. –Cielo, ¿tú querías hacer algo en especial ahora?.

Él me miró extrañado. -¿Algo en especial? Hombre no sé alguna idea tenía ¿por? – dijo con cara de curiosidad.

-Tengo una idea y no sé si a ti te va a parecer bien. –Dije con media sonrisa.

¿Y qué idea es? Seguro que si la has pensado tú, es una idea estupenda. –Apuntó, dándome un abrazo. Para ver si la adivinaba, comencé a besarle por el cuello y a intentar desabrochar los botones de su camisa. Entonces sentí que rió entre dientes, había comprendido lo que quería decir. -¡Oh! Creo que ya sé cual es tu idea, y me parece estupenda… - me susurró al oído.

Entonces le terminé de quitar la camisa, y casi me quedé sin respiración. Le había visto muchas veces así pero siempre me sorprendía, era tan perfecto que me costaba creer que fuera real. Él se quitó los pantalones y yo me quité el vestido, quedándonos los dos en ropa interior.

-Eres la chica más preciosa que he conocido nunca, me tienes como embrujado. –Dijo acariciando mi mejilla. Me cogió en brazos y me tumbó en la cama. Y comenzamos a darnos caricias, y besos por cada parte a la que llegábamos. Nos estábamos entregando todo nuestro amor como cada vez que habíamos estado juntos.

Me trataba con mucho cariño, notaba que intentaba complacerme y hacerme feliz con cada parte de mi cuerpo que él tocaba. Yo también quería colmarle de amor, pues era lo más importante para mí.

Estaba realmente excitada, no quería esperar a que me penetrara, así que me puse encima de él, e hice que me penetrara. Él suspiró de placer. Pero me miraba con un poco de extrañeza. -¿Qué es lo que es tan urgente mi amor? – preguntó mientras me acariciaba

Me acerqué a su oído y le murmuré. –Estoy ardiendo de pasión, necesito sentirte muy cerca y que me des placer. –Dije mirándole a los ojos. Sabía que los vería intensos, llenos de amor y lujuria.

Eso le encendió, y sonrió antes de hablarme. –Eso es maravilloso mi princesa, te daré cuanto placer quieras. – comenzó a besarme muy intensamente, cada vez más deprisa, no me daba tiempo ni a respirar, pero no me importaba, necesitaba sentir su amor, necesitaba que me diera placer.

Y como ya me había penetrado me comencé a mover despacio, viendo como soltaba algún gemido. Así que comencé a moverme más y más deprisa, y sus gemidos aumentaron. -¡Dios..! Mel, no sé que te pasa hoy pero eso me está excitando, y necesito más… - Dijo con los ojos casi en blanco.

Así continuamos durante muchísimo rato, sofocando nuestra pasión y nuestro ardiente deseo de amor mutuo. Era maravilloso llegar juntos al clímax, era una sensación única que me proporcionaba mi ángel particular, mi marido, el amor de mi vida.

Noté que a él le ocurría lo mismo por esa mirada tan intensa que tenía, me daba la sensación que con mirarle a los ojos era capaz de percibir lo que sentía. Y sabía que en ese momento se sentía igual que yo. Amando y siendo amado, un amor que era más fuerte que cualquier otra cosa, y que seguiría así durante el resto de nuestras vidas.

Con todo ese hilo de buenos pensamientos me quedé dormida en sus brazos, que para mí era el cielo.
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3 rosas :

crepusculo-93 dijo...

m encanta como los otros sige asi, y no m tngas tanto tiempo en ascuas k lo paso mu mal =(
kiero leer, leer y + leer, m ENCANTAAAA!!! =D

maria dijo...

me encanta me encanta sige asi vas muy bien te invito a leer una mia es muy bonita jeje

marru dijo...

jaja gracias por los animos, pero decidme kienes sois en el tuenti, ke tengo un cacao de nombres..... jjaja, decidmelo en un coment del tuenti por fis XD

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