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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 18 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 21

21º- Una tragedia en medio de la alegría

Volvíamos un domingo y nuestros familiares nos iban a estar esperando en el aeropuerto. Pero me sorprendió ver que solo estaba Adriana y los padres de Cristian. Eso me extrañó, no sabía dónde estarían mis padres, y eso que me habían dicho que vendrían a recogernos también.

Saludamos a la familia de Cristian que tenían sonrisas fingidas en sus rostros. Y yo cada vez estaba más angustiada de no ver a mis padres allí.

-¿Dónde están mis padres? ¿Por qué no han venido? – Pregunté muy ansiosa.

-Pues veras cariño… -empezó Esme- Hace 2 días iban en el coche y tuvieron un accidente. No quisimos decirte nada porque de todas formas no íbamos a adelantar nada. Como en dos días estaríais aquí pues decidimos esperar. Ahora os llevamos al hospital

-¿Pero están graves? ¿Se van a poner bien? –Dije empezando a llorar. Cristian me abrazó.

Nadie me respondió, nos limitamos a ir en el coche hasta el hospital, todos estábamos muy serios y con la mirada triste. Yo sabía que eso no era buena señal, si no querían decirme cómo estaban realmente es porque las cosas no estaban bien.

Llegamos al hospital y nos fuimos a la habitación. Allí los vi, a los dos muy magullados y con un montón de máquinas alrededor. Y no pude evitar ponerme a llorar.

-Verás Melinda… -Empezó Carlisle –El accidente fue muy grave, y por desgracia no podemos hacer nada, están en muerte cerebral, no había nada que hacer por ellos. Pero quise dejarlos conectados hasta que vinieras para que te pudieras despedir de ellos. –Cristian me abrazaba fuerte, como para transmitirme ánimos.

Me acerqué y los toqué, no se movían a excepción de cuando la máquina de respiración asistida lo hacía por ellos. Les di un beso a cada uno y me aparté de las camas, no podía creerlo, parecía que no era real, pero era real y mucho.

Caminé hacia Cristian para abrazarme a él, le necesitaba más que nunca. Entonces la habitación me empezó a dar vueltas, y noté como perdía la fuerza en las piernas y todo se oscureció.

Abrí los ojos, no sabía que era lo que había pasado, solo recordaba haberme despedido de mis padres y andar hacia Cristian. Miré a mi alrededor, y estaban los padres de Cristian, Adriana, y junto a mi en una camilla del hospital estaba Cristian agarrándome la mano y con la cara descompuesta.

-Mi amor, ¿Qué tal te encuentras? Me asustaste mucho antes, yo… no sabía que hacer o si estabas bien. –Dijo casi llorando.

-¿Qué ha pasado? ¿Por qué estoy en una camilla? –pregunté ansiosa.

-Mel, te desmayaste cuando estabas despidiéndote de tus padres, menos mal que te cogí a tiempo antes de que te cayeras. Si no podía haberle pasado algo al bebé. –Al decir esto me toqué la barriga y suspiré de alivio.

Pero sus padres y Adriana se quedaron con la boca abierta. -¿Qué bebé? –Dijeron a la vez. – ¿Estás embarazada? – Preguntaron al unísono.

-Pues si, fue a los pocos días de estar en París, y hace dos días ya lo supimos. – Explicó Cristian. –Era la buena noticia que os queríamos dar antes de enterarnos de todo esto.

-Bueno, ante todo enhorabuena aunque no sea el mejor momento. –Empezó diciendo Carlisle. –Pero Melinda, tienes que intentar no estresarte con toda esta situación o podrías poner en peligro al bebé. ¿Me harás caso en todo lo que te diga?

-Claro, no te preocupes. –Dije algo más alegre.

A pesar de la tragedia de mis padres, teníamos esa alegría que hacía menos dolorosa su pérdida. A los dos días, fue su entierro, yo no paraba de llorar, no podía creerme que se hubieran ido. Cristian me tuvo que sujetar todo el tiempo, pues las fuerzas me fallaban y podía caerme en cualquier momento.

Esos días fueron muy duros, estaba triste, pero intentaba no estresarme como me dijo mi suegro. Sobre todo quería estar mejor para que Cristian no se sintiera tan mal, le veía muy preocupado, ya que no me podía ayudar. Aunque intentaba no dejarme sola y me colmaba de caricias a todas horas.

El tiempo fue pasando y el dolor se hacía algo más llevadero, al mismo tiempo mi barriga iba creciendo, y eso era lo que me hacía sonreír cada día. Ver que mi pequeño estaba sano y crecía cada vez más. Había mejorado mucho y aunque me dolía su pérdida sabía que la vida continuaba, y sobre todo que tenía que ser fuerte para que a mi bebé no le pasara nada.

Ya estaba de 6 meses y mi barriguita era más que evidente, pero aún iba a trabajar pues ya había comenzado un nuevo curso y con los niños sabía que me distraería. Estaban muy contentos y asombrados de ver como iba creciendo mi barriguita, y eso me daba fuerzas.

Una de las mañanas me desperté y Cristian no estaba, supuse que se estaba preparando para irse a la universidad. Pero encontré en la cama un ramo de rosas y tenía una nota. “Para el amor de vida, sé que has pasado algo horrible, pero no estas sola, mi familia está contigo y yo también. Eres lo más importante de mi vida y tienes en tu vientre a mi pequeño tesoro. Voy a hacer lo que sea para que vuelvas a ser feliz. Te amo”. Al leerlo no pude contenerme, estaba llorando pero de alegría, sabía lo mucho que le dolía verme triste, así que me propuse que a partir de ese día me vería sonriente y bien, lo haría por él y por el bebé.

Me levanté de la cama y le busqué pero no estaba, hasta que llegué a la cocina y ahí estaba preparando el desayuno. Estaba poniendo un vaso de leche con cacao y unas galletas de chocolate en una bandeja, pues era el desayuno que se me había antojado desde que estaba embarazada.

Caminé sin hacer ruido, y me acerqué a él, pero con la barriguita casi no llegaba a él, al sentir el roce de mi pronunciada barriguita suspiró. –Buenos días a los dos, ¿Habéis dormido bien? Aquí tengo vuestro desayuno favorito. –Y se dio la vuelta para darme un beso.

-Estoy muy bien, cielo. Gracias por todo lo que haces por mí y por el bebé. Tiene un padre estupendo. –y cada vez sonreía más y más.

Él colocó su mano en mi barriguita y comenzó a acariciarla. -¿Qué tal, mi pequeño tesoro? ¿Estás bien ahí dentro? –Dijo muy cariñosamente.

-Estamos bien, aunque yo estoy algo cansada pero bueno… Voy a vestirme para ir al colegio. – le di un beso muy tierno en los labios y me fui al baño para darme una ducha.

Por las mañanas lo que mejor me sentaba era un baño, me relajaba mucho y al bebé también, podía sentirlo. Cuando terminé, me puse la toalla, y me dispuse a salir, pero al tener la barriguita, calculaba peor, y no puse bien el pie y me tropecé y caí al suelo.

Sentí un gran dolor en un lado de la barriga. y antes de que me diera cuenta entró Cristian corriendo. –Amor, ¿Qué ha pasado? Escuché un ruido y me asusté. ¿Te encuentras bien? –y me cogió en brazos para llevarme a la cama. -¿Te duele algo? – Decía angustiado.

-Pues, lo cierto es que me he hecho daño aquí en un lado de la barriga, me duele. Y… el bebé… ¡ay! Dime que está bien, que no le haya pasado nada, por favor… -Me puse muy nerviosa, empecé a tener un ataque de pánico y no paraba de moverme y llorar.

Cristian se estaba poniendo muy nervioso porque no sabía que hacer. Así que cogió el móvil y marcó un número. –Papá, ¡Ven corriendo! Melinda se ha caído y no sé si le habrá pasado algo al bebé, dice que le duele mucho en un lado de la barriga. Además está teniendo un ataque de pánico y no sé que hacer. No para de moverse, está histérica.- su voz sonaba desesperada.

Carlisle se puso histérico que hasta se podía oír su voz a pesar de estar al otro lado de la línea. -¡Trata de calmarla! Como sea, háblala y relájala. Pon su espalda sobre su pecho para que calme su respiración. Si no ¡Podría perder al bebé y ponerse en serio peligro!. –Cristian colgó sin más y se acercó a mí.

Me puso sobre su pecho para que acompasara mi respiración a la suya. Yo estaba histérica y no paraba de gritar y llorar. Cristian comenzó a susurrarme al oído. –Cálmate mi vida. Estoy aquí contigo, no te pasará nada. Necesito que te calmes o podrías ponerte enferma o que el bebé enfermara. Estoy a tu lado, y te amo, cálmate, por favor. – Dijo y me dio un beso muy corto en el cuello.

Poco a poco fui acompasando mi respiración a la suya y dejé de gritar, calmándome. Entonces él también se tranquilizó y me abrazó poniendo sus manos en mi barriga. –Ahora viene mi padre a revisarte, pero me ha dicho que cree que no es nada, pero que tienes que estar calmada.

Así entre sus brazos y sabiendo que todo estaba casi bien, me quedé adormilada, el ataque de pánico me había dejado exhausta. Noté que Cristian llamó otra vez por teléfono. Supuse que a su padre para decirle que ya estaba más calmada.
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