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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 18 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 22

22º- La calma parece asomar

Carlisle tardó muy poco en llegar, se le notaba nervioso. y me examinó a mí y al bebé. Al fin respiró y se dispuso a hablar. –Ha tenido suerte de ser solo un golpe en el costado y no demasiado fuerte, pero eso a podido debilitar la placenta y podría desprenderse. Hasta que finalice el embarazo va a tener que estar en reposo o podría perder al bebé. –Dijo con determinación.

-Pero yo quiero seguir trabajando, me encuentro bien. –Dije intentando justificarme.

-Amor, haz caso a mi padre, por favor, no quiero que os pase nada ni a ti ni al bebé. –Me acarició suavemente la mejilla. –Hazlo por mí, me quedaría más tranquilo.

No pude resistirme. Sabía lo mal que lo había estado pasando cuando estuve deprimida por lo de mis padres; no quería hacerle más daño. Sabía que si me quedaba en casa y hacía reposo se pondría muy contento. Así que tan solo asentí y le sonreí.

Desde ese día me quedé en casa, y Cristian no me dejaba hacer nada. Él se encargaba de todo, pero como seguía teniendo clases y por las tardes trabajaba, Esme venía por las mañanas y siempre que podía a echar una mano.

-De verdad, que no hace falta que os molestéis tanto, estoy bien, pero no quería preocupar a Cristian. –Dije a mi suegra con una sonrisa.

-Cariño, no es molestia, lo hago encantada, sabes lo mucho que te quiero, y quiero cuidar de ti y de mi nieto todo lo mejor que pueda. –al decir esto me acarició la barriga y me abrazó.

Había perdido a mis padres, pero Carlisle y Esme me hacían sentir que no los había perdido del todo, ellos me cuidaban como lo habrían echo mis padres. Y eso me reconfortaba, pues me aterraba pensar que estaba sola. Tenía a mi marido y a su familia que cuidaban de mí.

Ya estaba de 8 meses y medio, faltaba muy poco para el nacimiento del bebé y Cristian estaba de los nervios, además se pasaba de protector, era casi agobiante, pero no podía reprochárselo, lo hacía porque se preocupaba y me amaba.

Desde la caída que tuve, no me dejaba entrar a la ducha sola, me metía dentro y luego me cogía en brazos y me sacaba. Y todas las mañanas me despertaba con una cala blanca en la cama, con una nota que ponía “Te amo”. La verdad es que sentía todo su amor, y quería demostrarle lo mucho que le amaba a pesar de todo lo que había ocurrido y que yo no había estado muy pendiente de él.

Se fue a la universidad y por la tarde a trabajar como todos los días, y Esme había dejado preparada la cena, como todas las noches desde que venía a ayudarme.

Cuando se fue me levanté con cuidado, y cogí unas velas que tenía guardadas en un cajón, formé un caminito hasta nuestra habitación. Justo donde empezaba el camino de velas puse una nota. “Te estoy esperando en la habitación”.

Bajé las luces para crear un ambiente más íntimo y busqué un conjunto de ropa interior. El favorito de Cristian era el que me regaló Adriana, pero tuve que comprar otro tanga porque el suyo acabó roto en París. Me dispuse a ponérmelo, con la barriguita no quedaba igual, pero la verdad es que no quedaba mal del todo.

Ya faltaba poco para que Cristian volviera de trabajar, así lo encontraría todo perfecto y a mí en la cama como siempre, pero con el conjunto que tanto le gustaba. A los pocos minutos, sonó la puerta de casa y no pude evitar sonreír.

-¿Dónde está mi princesa? ¿Qué tal el día? –Dijo en voz alta. -¡Oh! Y… ¿Qué sorpresa? –supuse que había leído el cartel. Oí sus pasos y se abrió la puerta de la habitación, allí me encontró en la cama con el conjunto por el que se veía mi prominente barriguita de casi nueve meses. –Es… es perfecto. –Se acercó hacia mí. –Estás preciosa mi princesa.

-No creo, con esta barriga estoy espantosa. –Dije haciendo un puchero.

-Eso ni lo pienses. Siempre estás preciosa, y con la barriguita estás adorable. Y encima te has puesto este conjunto que me vuelve loco. –Dijo con una amplia sonrisa. – No me has podido dar una sorpresa mejor. Aunque no me gusta que te hayas movido de la cama, pero desde luego me has sorprendido.

Se colocó a mi lado en la cama y me empezó a besar. Pero nos costaba acercarnos a causa de mi barriguita, pero hacíamos todo lo posible por estar muy cerca el uno del otro. Me estaba dando muchas caricias y yo a él también, estábamos suspirando de placer.

Le metí la mano por dentro de los pantalones y empecé a acariciar su miembro, que al notar el roce de m mano se puso erecto, y Cristian emitió un gemido. Continué así y él se estremecía de placer, mientras me colmaba de besos y caricias. Me empecé a mover para intentar colocarme encima de él, pero él me detuvo.

Me quedé extrañada y puse la mirada triste, y giré la cara pues había alguna lágrima en mis ojos y no quería que él las viera. Pero puso su mano en mi mejilla y me giró la cara para que le mirara a los ojos.

-¿Qué pasa, mi amor?

-Es que… como te has apartado… seguramente estoy espantosa y no quieres hacer nada conmigo ni estar conmigo. –Dije sollozando.

-Pero mira que eres boba. ¿Cómo no voy a querer estar contigo si eres el ángel más lindo que he visto nunca? Y esto…-Dijo acariciando mi barriga. –Es mi mayor tesoro, y no quiero que pase nada malo. Además dentro de unos días darás a luz y dijimos que no harías esfuerzos y creo que hacer el amor entra dentro de entre las cosas que requieren algo de esfuerzo físico.

-Eres estupendo cielo, pero estaba asustada pensando que ya no me querrías con esta barriga. –Tras lo que me dio un beso muy dulce. –Pero así me quedo más tranquila. Y me dormí entre sus brazos con una sonrisa en los labios.
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