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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 20 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 25

25º- Complicaciones

La operación fue larguísima, Carlisle me advirtió que duraría muchísimas horas porque había que hacerlo con cuidado, el más mínimo fallo y le podría producir graves daños que serían irreversibles.

Pero tras 9 horas de operación, se acercó Carlisle a Adriana y a mí. Le di a Evelyn para que la sujetara mientras Carlisle me contaba toda la operación.

-Pues… de momento parece que todo ha salido bien, pero hay que esperar a que se despierte. De todas formas es posible que tenga pérdidas de memoria, ya que el cerebro es una parte muy delicada y el más mínimo roce puede hacer que se complique cualquier cosa. Si eso sucede, debes tener paciencia y ayudarle a que recuerde las cosas que olvidó.

-Está bien. Pero ¿Cuándo podré pasar a verlo? –Dije rápidamente, estaba ansiosa por volver a verle.

-Pues yo creo, que aún tardará por lo menos una hora. Hasta que se le pase el efecto de la anestesia, pero puedes estar con él hasta que despierte. –dijo mientras me dio un abrazo.

Me giré y le di un beso a Evelyn que aún seguía en brazos de Adriana, y la miré a ella. –Por favor, ¿te importa quedarte con ella? Voy a estar con Cristian hasta que despierte.-

-Claro que no, además tú sabes que adoro a mi sobrinita. Luego la traeré cuando haya despertado. Y tranquilízate, ¿vale? –Nos dimos un abrazo y se fue con la niña a descansar un poco.

Me acerqué a la habitación y allí estaba, tumbado y dormido con un gran vendaje en la cabeza. Pero aún así estaba muy hermoso, era como una escultura perfecta, la criatura más hermosa que había visto nunca, a excepción de nuestra hija.

Le acaricié la mejilla y me senté a su lado, le cogí la mano y me quedé mirándolo. No sé cuanto rato pasó, diría que algo más de una hora pero no me molesté en mirar el reloj.

Estaba medio adormilada por el cansancio pero no le solté la mano. Entonces noté una ligera presión en la mano y abrí los ojos. Allí estaba mi príncipe despierto y con una sonrisa, abrió la boca y se puso a hablar.

-Esto debe ser el cielo y yo estar muerto, porque estoy viendo a un ángel hermosísimo. –Y no pude evitar sonrojarme. –Por cierto, ¿quién eres?

Cuando dijo eso, me quedé paralizada, y mi expresión mostraba verdadero pánico y tristeza. -¿No sabes quién soy? No me recuerdas? Dime de qué cosas te acuerdas. –dije ansiosa.

Pues me llamo Cristian, mis padres adoptivos se llaman Carlisle y Esme, tengo una hermana que se llama Adriana, y estoy estudiando medicina. –Dijo con naturalidad.

En ese momento, no pude controlarme, empecé a llorar como nunca, mi gran amor, mi marido, el padre de mi niña no me recordaba, no sabía quién era. Noté como si una espada se me clavara en el corazón, como si me atravesara y me lo partiera en dos.

Me puse histérica, era un ataque de pánico y no podía controlarlo, no después de ver que para mi gran amor, mi príncipe no me recordaba y eso era tan doloroso que no soportaba tanto dolor dentro de mí.

Cristian se asustó mucho, estaba muy extrañado pero no le gustaba verme así. Se incorporó un poco para acercarse más a mí y acariciarme la mejilla. -¿Por qué lloras, mi ángel? ¿Te ocurre algo? No puedo ver así a la chica más linda que he visto nunca, no me lo perdonaría.-

-Tú… no sabes quién soy, ¿no recuerdas nada de todo este tiempo atrás? –Mi cara reflejaba mucho dolor y las lágrimas lo corroboraban.

-Lo siento, no sé quien eres, pero me resultas familiar. Cuando te he puesto la mano en la mejilla, ha sido un gesto familiar como si lo hubiera hecho otras veces. –Dijo sonriendo.

-Es que… bueno tu padre me advirtió que podía pasar esto, pero no pensé que fuera hasta tal extremo… Tú… yo… soy Melinda y nosotros…. Nosotros estamos casados, no sé si te resulta familiar algo de lo que te estoy diciendo. Pero es que… además… tenemos una hija. –Dije mirándole con curiosidad para ver su reacción.

-Evelyn… -dijo suspirando.

Abrí los ojos como platos. - ¿Recuerdas el nombre de nuestra pequeña? ¿La recuerdas a ella? –dije sin dejar de mirarle.

Me miró fijamente a los ojos como explorando algo. –Recuerdo tus ojos… esos ojos yo los he visto antes y reconozco que me gustan mucho. Y Evelyn… tiene los mismos ojos. ¿Eso es posible? –preguntó dubitativo.

-Sí, nuestra pequeña tiene mis ojos, nuestro pequeño tesoro la llamabas. Y… no recuerdas nada más, ¿a mí no me recuerdas? –

-No, creo que no, pero sé que me resultas familiar, puedo sentirlo, pero no sé quien eres. Lo siento. –Dijo mirándome.

Al decir esa frase sentí un dolor muy agudo en el pecho y en ese momento todo para mí se tornó en oscuridad. Todo cuanto había vivido con él, era papel mojado, como cuando intentas recordar cosas de tu niñez, sabes que son familiares pero son como ajenas a ti. Eso era lo que significaba para él, para mi marido para el amor de mi vida, era un recuerdo familiar pero nada más.

Mientras estaba sumida en la oscuridad solo podía ver su rostro, indiferente ante mí, porque no recordaba que me amaba. Notaba un calor familiar en mis mejillas, un calor que solo una persona me hacía sentir, pero que en ese momento era imposible que fuera cierto.

No sé cuanto tiempo estuve así, pero cuando fui capaz de abrir los ojos, allí estaba al lado de mi amado, quien no me recordaba, pero que me estaba acariciando las mejillas y observando con admiración.

-Eres muy hermosa, no puedo verte mal, no me gusta verte sufrir. –dijo suavemente mirándome con sus profundos ojos azules.

Miré a mí alrededor y Carlisle estaba al lado mía muy preocupado. –Melinda, ¿Cómo te encuentras? Cristian me ha dicho que perdiste el conocimiento. Sé que es difícil pero tienes que tener paciencia, esto es algo pasajero y todo volverá a la normalidad.

-No, eso no es verdad… -dije llorando- él no recuerda quien soy, no recuerda que me ama. Eso es demasiado para mí, es lo peor que me podía pasar. No… no… no puedo… no me quiere, eso no puedo soportarlo… ¡MI AMOR! ¿Por qué no me recuerdas? ¿Ya no me amas?-dije, y en entonces, me puse a gritar y llorar, no paraba de patalear y moverme, y no podía evitar llorar y llorar, era lo único que mitigaba un poco el dolor.

Carlisle me tuvo que poner un tranquilizante porque sino podría hacerme daño y me tumbaron en una cama al lado de la de Cristian, y me empecé a quedar dormida. Todo aquello había sido demasiado para mí, era insoportable, al menos dormida el dolor era más llevadero.
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