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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 20 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 26

26º- El fruto del amor

Empecé a escuchar las voces de Adriana y Cristian hablando, pero me daba miedo enfrentarme a la realidad de que mi amado no me recordara ni recordara nuestro amor. Así que decidí escuchar un poco hasta que tuviera fuerzas para enfrentarme a la situación.

-Cristian, entonces ¿Qué tal te encuentras? –Preguntó Adriana. –Ella está muy apenada, eres lo más importante de su vida y al verte así no me extraña que se haya enloquecido. Pero dale tiempo a que vuelva en sí y que coja fuerzas, esto ha sido muy difícil para ella, y aunque ya estés bien igual le resulta difícil por todo lo que ha sufrido.

Oí las risas de mi pequeña Evelyn, la tenían con ellos. Y Cristian le hablaba muy cariñosamente. –Mi pequeño tesoro, pensé que no volvería a verte. Y tu madre… está tan hermosa dormida… No me perdono no haberla reconocido al despertarme. Tengo que compensárselo como sea. –Dijo en tono firme. –Adriana a ti te importa reservar unos billetes para Roma? Sé que le va a encantar, pues le gustan mucho los sitios con lugares turísticos y Roma es el sitio perfecto, tengo que compensarla por todo lo que ha sufrido por mi culpa.

En ese momento suspiré, al fin había vuelto en sí, pero quería que me lo dijera en persona, necesitaba oír de sus labios que me seguía amando. Así que me moví y lentamente abrí los ojos, para disimular que los había oído. -¿Qué ha pasado? ¿Cristian ya estás mejor? –Le miré con curiosidad.

-Ya estoy bien, pero…. Amor mío, lamento todo lo que has sufrido por mí culpa. Que no te recordara… es lo peor que he hecho en mi vida y lo siento, no sabes cuánto lo siento, no podrías imaginártelo. Pero ya lo recordé y sé que te amo y que eres lo más importante de mi vida. –dijo sonriendo para luego darme un tierno beso en los labios.

-Cariño… entonces… ¿ya estás bien? ¿Lo recuerdas todo? –tras lo que comencé a llorar y me abracé fuerte contra él. –No sabes cuanto te he echado de menos, pensé que no volverías a saber quién era.-

-Amor, tranquila, eres el amor de mi vida, y mi pequeño tesoro también. Os voy a cuidar y a querer para siempre. Pero no te puedes poner así porque me asusté mucho, eso fue lo que me hizo recordar, verte sufriendo fue lo que me despertó la memoria, no soportaba verte así y era por todo lo que te quiero. –me besó en los cabellos.

-Mel, mi hermanito tiene razón no te puedes poner así, sobre todo porque cuando tuviste el ataque de pánico mi padre te estuvo revisando y te hizo unas pruebas y bueno… no sé si lo sabías pero ¡ESTÁS EMBARAZADA! Así que tienes que tranquilizarte para que al bebé no le pase nada. –dijo mi cuñada dando saltos de alegría.

Abrí los ojos como platos, embarazada de mi príncipe otra vez, era estupendo, sobre todo después de toda la angustia pasada por la operación. Aunque estaba perpleja, casi no podía articular palabra. -¿En serio? Estoy… voy a… ¿vamos a tener otro bebé? –dije mientras me puse la mano en la tripa aún lisa y comencé a llorar pero esta vez de alegría.

-Amor, ¿has visto? Vamos a tener otro bebé, es lo más maravilloso que podía ocurrirnos. Aunque ahora tendré que trabajar más, porque tengo más bocas que alimentar.- dijo sonriente.

-NO. Tú has salido de una operación muy delicada, nada de esfuerzos durante una temporada, además yo tengo mi trabajo, aunque no sea mucho si que nos da para vivir. Así que hasta que no estés recuperado del todo, ni pienses en estudios ni en trabajo. Ya me ocupo yo de todo. –dije muy seria.

-Mi princesa, eso es ahora, en unos meses cuando el bebé esté más grande no vas a poder ocuparte de todo, pero tranquila que yo en unos días estaré recuperado, me encargaré de todo. Así que no hagas esfuerzos que no quiero que os pase nada. –Dijo acariciando mi tripa plana.

Cogí a mi niña en brazos, había estado tan absorta con lo de Cristian y mi dolor que apenas la había echo caso. –Mi pequeña, ¿has oído? Pronto tendrás compañía. –dije besándola en la mejilla.

Los días fueron pasando, dos semanas más tarde le dieron el alta pero yo estaba preocupada. Por si le volvía a pasar algo o por si volvía a tener pérdidas de memoria. Pero parece que todo iba muy bien y no había sufrido ninguna pérdida de memoria ni dolores.

Una mañana me levanté y le encontré haciendo el desayuno muy contento. Le di un abrazo por la espalda, mi tripita ya empezaba a notarse y al rozarle él suspiró. –Mi princesa y mi peque están ya conmigo, ¿Habéis descansado? – y se dio la vuelta para rozarme los labios con los suyos.

-Pues bien, sobre todo porque nos estás preparando el desayuno que tanto nos gusta. –dije con una sonrisa. Tenía el mismo antojo que con Evelyn, leche con cacao y galletas de chocolate.

-Por cierto, tengo una sorpresa para ti, me hubiera gustado dártela antes, pero sabía que hasta que no estuviera recuperado del todo no íbamos a poder aprovecharla. –dijo mientras me abrazaba.

Yo sabia a lo que se refería porque aquél día en el hospital había escuchado la conversación, pero me hice la sorprendida y pregunté. -¿Una sorpresa? ¿Cuál?-

-Pues… nos vamos a ir a Roma un fin de semana, es para compensarte por todo el dolor que tuviste que pasar cuando no te recordaba. –y me acarició la mejilla. – Tú y yo solos. Además, hay que aprovechar antes de que estés de más meses. Aunque me hubiera gustado que fueran más días, no quiero que tengas que pedir días en el trabajo.

-Me parece genial, pero… ¿y Evelyn? –dije algo preocupada.

-Tranquila cariño, ya hablé con mis padres y dicen que no les importa, que así disfrutan de su nieta.

Así que, ese fin de semana fuimos a Roma y todo fue precioso, no nos dio mucho tiempo de visitar sitios, pero sí lo más importante. El coliseo, El vaticano, y algunas de las iglesias más emblemáticas, todo fue precioso. Y sobre todo porque ya había recuperado a mi amor. Echaba de menos a mi niña, pero necesitaba estar a solas con Cristian un par de días.

Todo volvía a estar bien, y eso hizo desaparecer todo el dolor que había pasado con su operación. Casi sin darme cuenta por tanta felicidad, habían pasado 5 meses y Cristian hacía 3 meses que había vuelto a la universidad y a trabajar, y yo seguía en el colegio, con mí abultada barriguita. Ahora realmente parecía que podíamos ser felices de verdad.
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