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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 21 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 28

28º- La felicidad está alrededor

-Bueno, y ¿Cómo le vamos a llamar al pequeño? A mi se me habían ocurrido dos nombres, Alan o Eric. ¿Tú que opinas, Mel? –preguntó Cristian sonriendo.

-Pues los dos son bonitos pero me gusta más Eric, si te parece bien claro. –Le miré impaciente por saber la respuesta.

-Claro que si. Mi vida, aún no me creo que ya tengamos a nuestro pequeño con nosotros. –su cara mostraba tanta felicidad que se contagiaba, haciendo que yo también estuviera contenta.

Parecía que las cosas se habían calmado, que todo nos empezaba a ir bien de verdad, y yo lo necesitaba, lo habíamos pasado tan mal que teníamos que ser felices. Cristian se desvivía por el bebé, estaba loco por Evelyn y por Eric. Y a mi me colmaba de caricias y besos a todas horas.

Aún estaba en el hospital, pues por el desprendimiento de la placenta tuve que estar ingresada hasta que estuvieran seguros de que todo estaba bien. Y una de las mañanas me desperté y pude ver una escena preciosa. Cristian estaba sentado en el sofá con Evelyn sentada a su lado y con Eric en los brazos, les estaba hablando y me puse a admirarlo.

-Sois mis dos tesoros, lo más valioso que tengo. Y se lo debo todo a vuestra madre, la más linda criatura que he conocido. Es estupenda, es maravillosa y sois igualitos a ella, ¡y es estupendo! –dijo mientras besaba a Eric en la frente y acariciaba en la mejilla a Evelyn.

-Buenos días, ¡qué escena tan tierna, mi amor! Los tres sois lo que más quiero en esta vida. –Intenté levantarme pero Cristian puso un gesto serio y movió la cabeza negando.

-Ni se te ocurra, tienes que descansar. Ya cuido yo a los peques. –Pero su tono se volvió amable y cariñoso. –Estabas muy hermosa durmiendo, cada vez que te miro te veo más linda, amor mío. –dijo con amor en su mirada.

Yo no pude evitar sonrojarme. –Cielo sabes que te amo, y cuando me dices esas cosas no sé lo que me pasa… -respondí aún sonrojada.

Dejó a Eric en la cuna y se acercó con Evelyn en brazos. Para darme un intenso beso. Estaba encanta de tener ese marido tan estupendo y atento. Pero en lo mejor de nuestro beso Eric empezó a llorar, tenía hambre, así que Cristian dejó conmigo a Evelyn y me trajo a Eric. Una vez le cogí, él se sentó con Evelyn en el sofá.

Me recosté y comencé a dar de mamar a Eric. Mientras noté que Cristian me miraba con una sonrisa en la boca. Yo me extrañé, así que sin dejar de dar el pecho a mi pequeño le pregunté. -¿Qué es tan divertido? –

-Nada, es que te veo más linda cuando amamantas al niño, es algo… no sé, no sé con qué palabra describirlo, pero hace que me sienta muy bien. –Dijo acercando su mano al brazo con el que sujetaba a Eric.

Al poco rato, vinieron mis suegros y mi cuñada a ver al niño. De paso se llevarían a Evelyn para que no estuviera tanto en el hospital y así poder estar más tranquilos.

Esa noche ya estaba mucho mejor, Eric ya había cenado y estaba muy dormidito. Y allí estábamos los dos, tan felices viendo como dormía nuestro pequeño. –Cariño, es tan bonito… y con tus ojos… con lo que me gustan. –Dije dándole un beso muy corto.

-Pero tiene tu carita, esa carita tan linda, es estupendo. No podría ser más feliz, ya tengo todo lo que podría desear. –dijo tocando mi pelo con su mano.

Comenzamos a besarnos, y empezamos a acariciarnos suavemente. Le rocé la espalda y suspiró mientras sonreía. Me miró a los ojos y me susurró. –Amor no sé si estar recuperada como para que hagamos ese tipo de cosas. –

-Cristian cariño, con todo lo que ha pasado necesito sentirte conmigo. –y le agarré por el cuello para acercarle a mí. Él estaba algo sorprendido pero me siguió de buena gana. Se notaba que él también tenía necesidad de mí y no se negó.

-Bueno… pero si notas molestias o algo dímelo, que tenemos todo el tiempo del mundo. –Tras lo que volvió a besarme. Mientras tanto se estaba quitando la ropa y yo también. Una vez estuvimos frente a frente, pensé que con la de veces que le había visto así era extraño y maravilloso verle cada vez más hermoso.

Tenía pura necesidad de mi marido, de sentirle dentro de mí, cogí su mano y la bajé hasta mi intimidad. Se desató en mí una necesidad animal, solo obedecía a mis instintos primarios, y por lo que pude notar a Cristian le pasaba lo mismo. Según me acariciaba mi zona intima, yo me estremecía de placer y eso le animaba a seguir.

Pero necesitaba más de él, estaba con la mirada llena de pasión y Cristian no paraba de besarme y acariciarme, bajando por mi pecho mientras yo cada vez sentía más placer. Le llevé hasta mí, para que nuestras zonas íntimas se rozaran y eso fue como la chispa que hacía falta para encenderle.

Noté como se movía para que pudiera penetrarme y entró sin problemas, estábamos demasiado excitados los dos. Y eso nos hacía estremecernos de placer, me faltaba tiempo para darle todo mi amor a Cristian.

Comenzó a moverse de forma acompasada con lo que noté un gran placer, y él también lo sentía por como le sentía de entrecortada la respiración. Tras un largo rato en ese baile de pasión animal, llegamos juntos al clímax.

Pero en esta ocasión fue todavía más placentero porque habíamos superado los malos momentos y nos habíamos entregado siendo completamente felices.

Así nos dormimos, abrazados, muy juntos el uno del otro, y con una sonrisa en los labios. Sabíamos que al día siguiente, la vida nos iba a sonreír.
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