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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 21 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 29

29º- La vida es demasiado complicada ¿por qué?

Habían pasado unos cuantos días y ya por fin me iban a dar el alta ese día, y estaba de los nervios por salir, pues parecía que teníamos un imán que nos arrastraba por una cosa o por otra al hospital.

Me di una ducha para relajarme, y cuando estaba terminando se me cayeron las cosas al suelo y se oyó un gran ruido. Entonces oí que se abrió la puerta de golpe. Cristian estaba muy nervioso. -¿Te ha pasado algo? ¿Estás bien, mi princesa?- me dio un fuerte abrazo y le mojé entero porque me acababa de poner la toalla.

-Si cariño, es que se me han caído las cosas al suelo, ya sabes que siempre he sido algo patosa. –dije sonriendo. –Te preocupas demasiado, mi príncipe.

Al salir del baño, había dejado en la cama un ramo de calas blancas y una caja de bombones, al verlo, no pude evitar sonreír y besarle apasionadamente. Él se rió entre dientes. –Ya veo que mi sorpresa te ha gustado, y tu manera de agradecérmelo es estupenda. –

-No tenías que haberte molestado, no hacía falta que trajeras nada. – dije intentando parecer seria.

-Claro que si, por fin sales del hospital y vamos a ir los 4 a casa, era para hacerte un regalo por lo estupenda que eres. – y no pude evitar sonrojarme. –Me encanta cuando te sonrojas, te poner adorable.-

Llegamos a casa, estaba deseosa de un poco de tranquilidad. Echaba de menos mi casa, parecía una tontería y solo habían sido unos días pero estar en el hospital era deprimente.

Cristian dejó a Eric en su cuna y a Evelyn en la suya, mientras yo preparaba algo de comer. Cuando estaba cogiendo la comida de la nevera, vino y me abrazó por detrás, y suspiré de alegría.

-Bienvenida de nuevo a casa, esta casa sin ti no era lo mismo, faltaba lo más bonito e importante. –Dijo dándome un beso en el cuello que me hizo temblar.

-Suena estupendo, cielo. Eres maravilloso, no sé que haría sin ti. –me di la vuelta para mirarle a la cara. –Aún no puedo creerme que ya tengamos dos pequeños y que estén sanos. Parece que por fin todo nos sale bien. –dije riéndome.

-Pues sí, necesitábamos algo de tranquilidad de una vez. –afirmó juntando su frente con la mía.

Dimos la cena a Evelyn y amamanté a Eric, cada vez que hacía eso Cristian se ponía a mirarme, decía que era lo más bonito que había visto nunca. Después de acostarlos, cenamos nosotros, y nos sentamos en el sofá a ver un rato la tele.

Yo ya estaba adormilada, pero oía que la tele seguía puesta. No sé cuanto rato pasó, pero noté que Cristian se levantó del sofá, y se puso a gritar. –¡NO! ¡No puede ser! – su voz sonaba angustiada.

Abrí los ojos y le vi de pie apretando los puños. –Cristian, ¿Qué pasa? – estaba preocupada por su reacción.

-Acaban de decir que, hay un loco en el hospital, que tiene a 30 personas secuestradas. Y entre ellas hay médicos, mi padre tiene turno allí y no sé si será uno de los secuestrados. –su cara estaba descompuesta.

-Cielo… a ver vamos a llamar a tu madre a ver si sabe algo, y de todas formas nos acercamos al hospital para comprobarlo. –dije intentando calmarle.

Llamamos a su madre pero nos dijo que no había podido localizarle, que estaba preocupada. La dijimos que viniera a quedarse con los niños y nos acercaríamos con Adriana al hospital a enterarnos de todo.

Estaba todo lleno de policías y había muchísima gente agolpada en la barrera intentando enterarse de todo. Así que nos acercamos a la barrera y buscamos a algún policía para preguntarle.

-Disculpe, exactamente ¿saben quiénes son los rehenes?- Preguntó nervioso Cristian.

-Pues sabemos que tiene toda la planta de neurocirugía con sus médicos y enfermeras –respondió muy serio el policía.

-Mi padre está ahí dentro, y es uno de los neurocirujanos. Siempre lleva el móvil encima, tal vez podamos contactar con él. –informó Cristian al policía.

-De acuerdo, vengan con nosotros, así intentaremos negociar con el secuestrador. – así que nos abrieron paso entre la barrera y le seguimos hasta un puesto que habían montado en la puerta del hospital. –Intente no ponerle nervioso y que se ponga el secuestrador, dígale que la policía quiere negociar con él.

Cristian marcó el número de su padre y esperó a que lo cogiera. Por fin, descolgaron el teléfono pero no era Carlisle. -¿Quién esta llamando a este número? El dueño del teléfono no se puede poner es mi rehén.

-Pues es mi padre, y la policía que está aquí fuera me ha dicho que quieren hablar con usted para ver qué es lo que quiere. Pero por favor, necesito saber que mi padre está bien. – pidió Cristian en tono suplicante.

Entonces se oyeron unas voces y se quedó todo en silencio. –Cristian hijo, estoy bien pero este hombre quiere hablar con la policía. – Dijo Carlisle.

-Ya lo has oído, está bien y quiero hablar con la policía, pásame con el comisario. –dijo en tono serio el secuestrador.

Cristian le pasó el móvil al policía y se quedó blanco. Entonces noté que se empezó a tambalear, y se cayó al suelo de rodillas, tapándose la cara con las manos. Yo no podía verle así, se me partía el alma. Me arrodillé y le acaricié la cara, no podía contener las lágrimas.

-Mi vida, cálmate, verás como todo se va a solucionar. – intentaba consolarle, aunque sabía que sentía un dolor que ninguna palabra podría mitigar. Pero no me iba a separar de mi marido, para mí su familia era mi familia y más cuando sus padres eran como los padres que yo había perdido. Y allí, nos quedamos arrodillados en el suelo, abrazados para transmitirnos fuerzas.
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