Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

COMPRAR

En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

COMPRAR

Bienvenid@s




Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 22 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 30

30º- Sacrificio por amor

El policía se puso a hablar con el secuestrador, cuando terminó se acercó a nosotros.
-Pues por lo visto, tu padre operó a su mujer pero por desgracia murió durante la operación. Le culpa por ello y quiere vengarse. Nos ha pedido que le demos 2 millones de euros o matará a un rehén cada hora. Y también nos ha dicho que en realidad al único que quiere es a tu padre, que el resto de personas no le interesan. –nos informó el policía.

-Y si… ¿si le digo que como soy su hijo me coja a mí y así suelte al resto de rehenes? Así seguirá teniendo a mi padre y otro rehén pero las otras personas podrán ser libres. Todo esto tiene que ver con mi familia, no quiero que salgan heridas las otras personas que no han hecho nada. –dijo Cristian con resolución en la voz.

-¡NO! ¡No puedes hacer eso! –dije gritando entre sollozos. -¿y si te pasa algo? ¿Qué voy a hacer yo? O nuestros pequeños, ¿Has pensado en ellos? – le repliqué llorando y apartando la cara para no mirarle.

-Mel, mi princesa, tengo que hacerlo. No quiero que sufran todas las familias de esas personas, nosotros ya estamos sufriendo, y yo no puedo dejar a mi padre allí solo. – murmuró mientras me giró la cara para que le mirara a los ojos. –No va a pasar nada, tranquila.

Pero yo estaba demasiado enfadada con él como para contestarle nada, tan solo me quedé callada. Me acerqué a mi cuñada a que me abrazara y lloré con más fuerza. Noté que Adriana giraba la cabeza, seguramente Cristian iba a replicarme algo, pero su hermana le hizo ese gesto para que no hiciera nada.

-Mel, tranquila por favor. Cristian sabe lo que hace y los policías no van a dejar que le pase nada. – pero yo no respondí, tan solo seguí llorando abrazada a ella.

Los policías hablaron con Cristian tras haber hecho el cambio con el secuestrador que había aceptado. Le pusieron un chaleco antibalas debajo de la camisa. Y llamaron al secuestrador, para que soltara a los rehenes y avisar de que después entraría Cristian.

Antes de entrar giró la cabeza en mi dirección y puso una media sonrisa, pero yo no hice nada. Sabía que no quería dejar solo a su padre, pero la policía se estaba encargando de ello. Le miré fijamente pero no hice ningún gesto, y en ese momento se giró y comenzó a caminar para entrar al hospital.

Cuando ya no pude verle, empecé a llorar más, no podía controlarme, me aparté de Adriana poniéndome de rodillas en el suelo. Notaba la mano de Adriana acariciando mis cabellos para transmitirme ánimos.

Pero mi dolor fue tan grande que me dolía el pecho y la cabeza empezó a darme vueltas. Noté que mi cuerpo se convulsionaba, no me respondía, y mi dolor aumentaba a cada segundo.

Notaba las manos de Adriana sobre mí intentando calmarme. A los pocos segundos sentí que me levantaban en el aire y me apoyaban en algo blando, supuse que sería una camilla. No era capaz de abrir los ojos, pues no sabía si volvería a ver a mi amado cuando los abriera.

Estaba como sumida en la oscuridad, no era oscuridad, sino un mar de dolor, tan inmenso que sentía como cada vez me arrastraba más y más dentro. Pero mientras me dejaba arrastrar, empecé a ver el rostro de Cristian, y no solo el suyo, también los rostros de mis dos pequeños, Evelyn y Eric. Si Cristian no salía vivo, no podrían estar con su padre, y si no yo reaccionaba, no tendrían a su madre.

Eso fue el interruptor que me hizo querer salir de ese mar, de ese dolor tan profundo. Cristian era lo más importante, solo nuestros dos pequeños eran más importantes, y yo debía estar con ellos para protegerlos y cuidarlos.

Y todo se llenó de luz de nuevo… pude ver a Adriana con la cara descompuesta por la preocupación. Miré a mí alrededor y me encontraba en un puesto de emergencia que habían montado en la puerta del hospital.

-Mel, me has tenido muy preocupada, no sabía lo que hacer, te estabas poniendo muy mala, como un ataque de pánico o de histeria. –dijo sollozando y abrazándome.

-Lamento haberte preocupado. ¿Se sabe algo de Cristian y de Carlisle? –pregunté con ansia.

-Pues han hablado con él hace unos minutos porque le van a entregar el dinero. Así que pronto se habrá acabado. –dijo con esperanza en su voz.

Parecía que todo iba a salir bien, y eso me reconfortaba un poco, después de todo el dolor que había sentido, esa buena noticia venía como aire fresco que en mi cuerpo ocupaba el lugar que hacía unos minutos ocupaba el dolor.

No pasaron mucho minutos, cuando salían Carlisle y Cristian custodiados por le secuestrador. Llevaba a Cristian cogido del cuello apuntándole a la sien con el arma. Al ver eso, no pude evitar correr y gritar.

-¡NO, MI AMOR! ¡SUÉLTELO!-mientras gritaba mis lágrimas caían por mis mejillas.

-Todo el mundo tranquilo y quieto o le pego un tiro, me montaré en un coche y saldré de aquí, cuando esté seguro de que no me siguen le dejaré en la carretera. –dijo el secuestrador muy serio.

Se fueron acercando a un coche, y cuando se iban a subir, le pegó un golpe a Carlisle que lo dejó inconsciente en el suelo y subió a Cristian al coche. Arrancó a toda prisa y se fue.

Nos acercamos a Carlisle pero, ya le estaban atendiendo y nos dijeron que no era nada, que solo se sentiría aturdido al despertar. Eso me tranquilizó, pero en cuanto reaccioné que se había llevado a Cristian volvió a darme un ataque de pánico.

Me puse a patalear en el suelo, de tanto moverme me estaba arañando todo el cuerpo, y no solo eso, me estaba golpeando la cabeza y me abrí una brecha. Así que me subieron a una camilla, me sedaron y todo fue tranquilidad.

Cuando se pasó el efecto del calmante, volví en mí. -¿Qué ha pasado? ¿Y Cristian? –intenté levantarme pero me dio un fuerte dolor en la cabeza y no pude.

-Pues que te dio un ataque muy fuerte y te abriste una brecha, tuvieron que sedarte. –contó Adriana. –Tranquila, Cristian ya está aquí contigo, dijo señalando la cama de al lado.

Era cierto, estaba allí, tenía unos golpes por el cuerpo pero a parte de eso parecía que estaba muy bien. Me estaba mirando con la cara llena de preocupación y acercó su mano para tocar la mía.

-No vuelvas a hacerme algo así, si te pasa algo… si te perdiera acabaría con mi vida en un instante. –dije con resolución.

-Mi princesa, perdóname. Lamento haberte preocupado tanto, pero compréndelo tenía a mi padre, no podía hacer otra cosa. –se justificó.

-¿Qué ocurrió? Pensé que te mataría… -y no pude evitar ponerme a llorar.

-Pues se puso a conducir, y cuando llevaba un largo camino paró en medio de la carretera para que me bajara. Así que comencé a andar, y encontré un puesto de socorro y pedí ayuda. Les dije la dirección que había tomado el secuestrador, y en seguida lograron dar con él. Y bueno… me trajeron al hospital para examinarme. –explicó Cristian con mucha calma.

Se levantó de la cama y me abrazó, pero yo no le moví, y eso le inquietó. –Amor mío, sé que estás muy enfadada, lo lamento muchísimo, si quieres puedo suplicar tu perdón, me pondré de rodillas si te hace feliz. Pero por favor, perdóname, eres el amor de mi vida, mi sol que hace que brille mi día. –su voz parecía desesperada.

Acerqué mi cara a la suya y le di un beso muy corto. –De acuerdo, pero si vuelves a hacerme algo así seré yo quien te pegue un tiro. –dije ya bromeando.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

0 rosas :

Publicar un comentario

Mi blog es mi casa, donde podéis encontrar novelas, relatos, consejos, videos y varias de mis aficiones, pasiones y locuras. Con los comentarios me ayudáis a mejorar, pero siempre desde el repeto y sin palabras feas ni insultos. Opiniones y críticas si se aceptan siempre

Así que, deja tu rosa después de la señal,piiii:

 
comentarios.

© Mi sueño de Papel, plantilla y gráficos hechos por ML Diseños, 2011

© Actualización de la plantilla y nuevas características por Daniel Ruiz, 2013

De nuevo ARRIBA   


DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.