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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 23 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 31

31- Después de la tempestad llega la calma, ¿o no?

Al cabo de unas horas salimos ya del hospital, era increíble como por una razón o por otra, nos veíamos en ese lugar. Parecía una verdadera atracción, como un imán que no puede evitar pegarse en la nevera.

Nos fuimos a la cama, pues había sido una noche muy larga, y me abracé todo lo que pude a Cristian. Después de pensar que no volvería a verle necesitaba notarle conmigo, besarle, acariciarle.

Él correspondió a mis besos y caricias, también había temido no volver a verme, y se había asustado cuando Adriana le contó el ataque que tuve cuando se lo llevó el secuestrador.

-Amor, creí que no te volvería a ver sonreír. Te quiero tanto… tú y los peques sois lo más importante en mi vida, si os pasara algo a alguno de los tres no sé lo que haría.-confesó sin dejar de besarme.

-Ahora estás aquí y eso lo importante, pero necesito que me beses y que me ames. –pedí.

Continuamos con los besos y caricias, y nos fuimos quitando la ropa para sentirnos. Para amarnos profundamente. No tardó mucho en penetrarme pues estaba tan ansioso como yo. Comenzó a moverse deprisa, pero yo le detuve, necesitaba calma y tranquilidad, así que comencé a moverme yo, de una manera más lenta y noté que se le pusieron los ojos en blanco y que emitió un gemido.

Se me dibujó una sonrisa en la cara y le besé en el cuello. –Um… ¡me estás volviendo loco! Eres la más linda de todas las chicas, la que me tiene enamorado hasta la médula, y me has embrujado con esos ojos tan únicos. Solo tengo ojos para ti, mi princesa. –explicó sin dejar de acariciarme y mirarme a los ojos.

Pero al oír todas esas palabras, la pasión de mi interior me quemó tan intensamente que comencé a moverme más deprisa. Nuestras respiraciones se volvieron entre cortadas y ambos emitíamos gemidos del placer que estábamos sintiendo.

Así seguimos durante mucho rato, hasta que llegamos al clímax. Pero, volvió a besarme, bajó hasta mis pechos y eso me hizo suspirar. Le amaba y él me amaba a mí, y nos estábamos dando un placer mutuo.

-Necesito más… estoy sediento de ti… -dijo mientras volvía a besarme en la boca.

Comenzó a moverse de nuevo, y yo cada vez gemía con más fuerza. Era maravillosa esa sensación, ese amor que me recorría por cada parte que mi amado tocaba. Y volvimos a ese baile de pasión y amor que tanto placer nos estaba dando…

Me desperté por la mañana, con una amplia sonrisa, recordando la noche de pasión que habíamos tenido. –Buenos días, mi cielo. ¿Has dormido bien? – pregunté alzando la cabeza hasta mirarle a los ojos.

Él me miró sonriendo, estaba triunfante y encantado. –Sí, mi princesa, ha sido una noche fantástica. Voy a prepararte el desayuno, como el de una reina, que es lo que eres. – me besó y se levantó de la cama.

Me levanté y fui a ver a los dos pequeños, Evelyn se acababa de despertar así que la llevé con su padre, pues Eric no tardaría en pedir alimento. Y en cuanto volví de darle a Cristian a la niña, Eric comenzó a llorar. Le cogí y le di de mamar. Era algo que me relajaba mucho, me ayudaba cuando estaba nerviosa.

Volví al trabajo esa misma semana, pues ya había estado demasiado tiempo sin trabajar por el parto y demás, y echaba de menos a mis pequeños. Todos se asombraron mucho, querían conocer al pequeño, así que por la tarde dije que le llevaría para que le conocieran.

Todos se quedaron con la boca abierta, a Evelyn no la habían conocido y se habían quedado maravillados por lo pequeñito que era. Se pusieron tan contentos que le hicieron unos dibujos, y a mí se me saltaron algunas lágrimas.

Llegó la hora de salir, y me quedé hablando con algunos de los padres, de paso conocieron a mi pequeño y todos estaban encantados. Tuve que esperar a Cristian, para que viniera a buscarnos. Y al vernos se puedo muy contento, nos dio un beso a mi y a Eric y nos montamos en el coche.

-Vamos a recoger a casa de mi madre a Evelyn, os tengo preparada una sorpresa a los tres. –dijo muy sonriente Cristian.

Estaba muy intrigada por la sorpresa que nos daría mi marido, sobre todo diciendo que también era para los pequeños. Pero decidí ser paciente y esperar a que me diera la sorpresa.

Llegamos a una explanada, era preciosa, toda llena de flores, parecía un mosaico. Miré y unos metros por delante de nosotros pude distinguir una mesita, con sillas y toda la mesa puesta.

-Cariño… es precioso. A los niños les va a encantar estar aquí respirando aire fresco. –dije abrazándole.

Nos dirigimos a la mesa, y puso la comida que había traído en una neverita. Estuvimos comiendo, y jugando con nuestros pequeños. Estaba siendo un día estupendo, y era la primera vez que salíamos los 4 juntos a algún sitio.

Cuando empezaba a anochecer regresamos al coche. Nos montamos, y Cristian después de buscar unas cosas en el maletero se montó también. Traía 2 muñecos, eran dos ositos preciosos, y además traía un ramo de calas blancas.

-Mi vida, ¿Por qué te has molestado? Con este día tan estupendo era suficiente, no tenías que haberme comprado flores. –dije besándole en la mejilla.

-Porque sois lo más importante para mí, y os quiero demostrar de todas las formas posibles lo mucho que me importáis. Tú eres el amor de mi vida, y eso no lo va a cambiar nadie. Me has dado a estos dos tesoritos que era lo que siempre he querido, tengo mi propia familia y eso me hace ser el hombre más afortunado del mundo. –y me abrazó muy fuerte.

Arrancó el coche y se puso en marcha para volver a casa, los niños se habían quedado dormiditos en su sillas, había sido un día muy largo. Cristian iba con calma ya que la carretera tenía muchas curvas y ya había anochecido.

No faltaba mucho para salir de todas esas curvas cuando vimos de frente las luces de un coche, iba en dirección prohibida y a gran velocidad. Cristian pegó un frenazo y dio un volantazo para intentar esquivar el coche.

Nos dimos contra un árbol, Cristian se había clavado todo el volante en el pecho porque el airbag no saltó bien, y yo me hice una brecha inmensa en un lado de la cara porque me di contra la ventanilla que del golpe se rompió. Ya no pude ver nada, del golpe perdí el conocimiento…
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