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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 23 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 32

32º- La vida es dura…

Me desperté y estaba en el suelo, en el arcén, Cristian estaba a mi lado. Entonces pensé en nuestros pequeños.

-¿Y los niños? ¿Les ha pasado algo? –dije muy nerviosa, mientras me toqué el corte y emití un quejido.

Entonces, me fijé mejor y pude ver a Evelyn llorando con algún corte superficial por los cristales rotos. Miré y vi a Eric llorando muchísimo tenía una gran brecha en la cabeza. Tan pequeñito no tenía bien formados los huesos de la cabeza y me puse muy nerviosa a agitarme.

-Tranquila, yo creo que es superficial pero al tener la piel más sensible, pues en seguida se hacen heridas. –dijo intentando sonar tranquilo. -¿Tú te encuentras bien? –mientras lo decía noté que me examinaba con la mirada, viendo mi corte de la cara.

-No pasa nada, es un corte sin importancia. Tenemos que llevarlos al hospital, no sea que tengan algo que no veamos. –empecé a llorar y a agitarme más y más.

Cristian se acercó con los dos niños a abrazarme. –Menos mal que estáis bien los tres, no me lo hubiera perdonado. No sé como no lo he visto… -dijo moviendo hacia los lados con los ojos cerrados.

Llamó por el móvil a sus padres, dijo que vendría en seguida a buscarnos. Esperamos al lado del coche. Y empecé a tener frío, además noté que los niños se estaban quedando fríos también.

Cristian rebuscó en los restos del coche, en el maletero llevaba una manta y nos cubrió con ella. – Tranquila, seguro que no tardará en llegar. –dijo mientras me acariciaba en los cabellos.

Al cabo de media hora, vimos como se acercaba un coche, era Carlisle, que se bajó corriendo y Esme también a ayudarnos. Una vez nos montamos en el coche nos pusimos a hablar.

-¿Qué os ha pasado? Nos hemos pegado un buen susto. –dijo Esme.

-Pues, volvíamos a casa, y un coche invadió nuestro carril. Yo hice lo que pude pero aún así nos estampamos contra el árbol –explicó Cristian bastante afectado.

-Bueno, tranquilizaos, que ahora os revisaré. Ya he avisado al hospital de que vamos con vosotros hacia allí. –la voz de Carlisle sonaba serena y calmada.

Tardamos bastante pues estábamos bastante lejos. Y tras más de una hora de camino al fin llegamos. Nos metieron corriendo para revisarnos a los 4. Cristian, tenía un gran moratón en el pecho a causa del volante, ya que no saltó bien el airbag, yo el corte en la cara y algunas magulladuras. Pero lo que más me preocupara era el estado de los niños.

Nos dejaron en una habitación para que Cristian descansara mientras esperábamos las noticias de los dos pequeños. Al fin entró Carlisle, pero me puse muy nerviosa y él trató de calmarme.

-Tranquilízate, he estado examinando a los niños y están bien, solo las heridas superficiales pero no les ocurre nada. Podéis estar tranquilos. En cuanto los terminen de revisar y limpiar os acercaré a casa.-nos dijo mi suegro cariñosamente.

Nos dimos un beso y un abrazo, al menos estábamos todos sanos y salvos. Y lo único que quería era estar en nuestra casa y a salvo. Cristian no se separó de mí ni un segundo y en cuanto nos trajeron a Eric y Evelyn, me puse a llorar sin control. Los abracé y Cristian nos abrazó a los 3, era lo mejor, entre sus brazos me sentía como en el cielo.

Regresamos a casa y los acostamos, después nos fuimos nosotros a la cama, había sido un día muy largo. Ya en la cama me abracé a él y comenzamos a hablar. –Cariño, creí que no salíamos de esta, o que íbamos a perder a los niños… me he asustado mucho de pensar que les había pasado algo grave. –no pude evitar sollozar.

-Mi vida, no lo pienses más. Lamento no haber sido más rápido, por mi culpa habéis podido sufrir mucho daño. De verdad que lo siento, sois lo más importante y no me hubiera perdonado que os hubiera pasado algo malo. –dijo acariciándome la mejilla sana y casi llorando.

-Pero con esto…-dije tocándome la gasa que tapaba mi herida.- No creo que te apetezca volver a mirarme… -y cayeron algunas lágrimas por mis ojos sin dejar de mirarle.

-Princesa, eso en unos días se te habrá curado, y de todas formas tú siempre estás muy hermosa. –dijo mientras me besaba de forma muy tierna en el cuello. –Vamos a dormir, que nos hace falta y parece que este día no se va a acabar nunca.

Así abrazados nos dormimos con una sonrisa, estábamos los cuatro a salvo, por fin, tras todas las emociones del día. Yo sentía que no podía ser más feliz, tenía a un chico maravilloso con el que estaba casada, y habíamos tenido juntos un niño y una niña maravillosos.

Me desperté por la mañana y Cristian no estaba en la cama, eso me alarmó hasta que escuché el ruido del microondas. Fui directa a la cocina y allí estaba mi príncipe, tan perfecto como siempre.

-¿Qué hace el chico más perfecto del mundo? –dije abrazándole por la espalda.

-Pues ahora que mi amor está conmigo, mucho mejor. –se dio la vuelta y me besó en la punta de la nariz y luego un beso muy apasionado en los labios. –Además te estoy preparando algo que seguro que te gusta.

Miré a la encimera y tenía preparado el vaso de leche con cacao y las galletas de chocolate, el antojo que tenía durante los embarazos. Y no pude evitar sonreír. Y le abracé con toda la fuerza que me fue posible.

-Eres estupendo. ¿Lo sabías? Te amo, y me haces muy feliz mimándome tanto. –

-Te mereces todo esto y mucho más, amor. Eres la mujer más maravillosa, mi mujer, mi princesa, y te cuidaré y protegeré siempre, igual que a nuestros pequeños. – Y tras cogerme en brazos me dio un beso muy apasionado.
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