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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 24 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 34

34º- Sorpresa inesperada…

Pasaron 7 meses, y a Esme le quedaba un mes escaso para dar a luz. Todo iba muy bien. Evelyn tenía 3 años y unos meses, y Eric más de un añito. Cada día crecían más y más.

Hacía varios días que no veía a Adriana, se había echado un novio hacía unas cuantas semanas y estaban en la fase pastelosa, estaban más pegajosos que los chicles, y no había quien estuviera a su lado, porque no paraban de besarse ni para saludar.

Solíamos hablar bastante, cada dos días nos llamábamos para contarnos que tal, y siempre que podía venía a ver a los niños. Una tarde que estaba con los niños en el parque me llamó Adriana, nosotras solíamos hablar por la noche para que así hablara también con Cristian, pero lo cogí.

-Dime ¿Qué tal estás, cuñadita? –dije casi riéndome.

-Mel… -oí que estaba llorando.- estoy en la puerta de tu casa, por favor necesito verte ¿Dónde estás?

-¿Qué te pasa? Estoy en el parque con los niños, ahora voy. No te muevas. –colgué el teléfono y fui todo lo deprisa que pude. Me la encontré esperando sentada en el suelo.

-Vamos, entremos en casa, y me cuentas. –Abrí la puerta, dejé a Eric en la cuna y Evelyn se puso a jugar en su habitación.

-Mel, siento presentarme así pero no sabía que hacer… - se puso a llorar más intensamente y la abracé. –Es que… hace dos semanas me quedé embarazada. Y ayer se lo dije a David, pero él dijo que no quería tenerlo que quería abortar. Sino aborto ha dicho que me va a dejar…

-¿Y tú qué quieres hacer? – pregunté mirándola a los ojos.

-Pues quiero tenerlo, pero me da miedo tenerlo sola, si él no está conmigo no sé si voy a poder con todo. Pero… es mi bebé, lo quiero… -y siguió llorando.

Oí las llaves de la puerta, ya volvía Cristian de trabajar. Y cuando vio a su hermana en casa y llorando de esa manera se preocupó mucho. -¿Qué le pasa? ¿Le ha pasado algo? –preguntó muy ansioso.
-Pues… estoy embarazada, pero mi novio no quiere tenerlo, y yo no quiero abortar. Y le decía a Mel que me da miedo tenerlo sola porque no sé si voy a ser capaz de cuidarlo… -dijo Adriana volviendo a llorar.

-Hermanita, claro que podrás seguro que serás una madre estupenda, y nosotros te vamos a ayudar.-dijo muy convencido Cristian.

Evelyn al oír que su padre había llegado a casa, salió corriendo de la habitación. – ¡Papi! Teno gana de juba, ¿juebas, papi? –preguntó intrigada.

-Tesorito, ahora no puedo, la tía, está algo triste y tenemos que animarla, además va a tener un bebé. –dijo a la niña que miraba con curiosidad a su tía.

-¿La tita tene bebé en tipita como la yaya? Pedo no tene barriga golda. –su cara era de total extrañeza.

-Porque aún es muy pequeño, igual que pasaba con el bebé de la abuela, ahora ya tiene la barriguita gorda porque falta poco para que salga. Pero a la tía le faltan muchos meses para que se haga grande y salga. –le contesté sonriendo.

-¡Oh! ¿Y cómo se ase golda la tipita? –volvió a preguntar.

-Pues comiendo y sonriendo, y tienes que darle muchos besos y abrazos a la tía. ¿A qué te vas a portar bien y vas a cuidar mucho a la tía? –le preguntó su padre con una sonrisa.

-¡Siiiiii! yo quido de la tita. –estaba muy contenta y empezó a pegar saltos.

Los tres nos reímos, y nos pusimos a cenar. Adriana parecía estar de mejor humor. Acostamos a los niños, quedándonos los tres solos. Cristian ya estaba más calmado, pero yo sabía que no se quedaría sin hacer nada.

-Tranquila, mañana iré a hablar con él, para que entre en razón, que se tiene que hacer cargo de los dos. –dijo firmemente mi marido.

-No, no vas a hacer nada de eso. Llevo un rato pensando en ello y si no me quiere lo suficiente como para querer tener el bebé, es que no merece ni ocuparse de él. No quiero nada suyo. –contestó Adriana muy segura.

-Cielo, si ella lo ha decidido así tienes que aceptarlo. –dije a mi marido. –Tú tranquila, que nosotros te vamos a ayudar en todo lo que necesites. Esta noche quédate aquí y ya mañana, con las ideas más claras, pues nos dices lo que quieres hacer. –le comenté serenamente a mi cuñada.

-¿Y mamá y papá lo saben? ¿Se lo has dicho? –preguntó muy intrigado Cristian.

-Aún no, si no os importa, me gustaría que me acompañarais mañana para decírselo. –pidió en tono suplicante.

Yo me acerqué a ella, le sonreí y la abracé. –Pues claro que no nos importa. Ya sabes que te quiero un montón, y que por ti hago lo que haga falta. Y tu hermano piensa igual que yo. –dije mirándole y él sonrió.

Esa noche Adriana durmió en nuestra casa, yo veía que ya estaba más animada pero no quería que estuviera sola. Y por la mañana fui a la cocina con Eric en brazos, la encontré bastante más animada, eso me alegró.

-¿Has dormido bien? Siento si Eric ha llorado mucho, seguramente te ha molestado. –dije mientras me acercaba a ella con el niño en brazos.

-Tranquila, he dormido bien. ¡Además con lo que yo quiero a este pequeñajo! – en su cara se dibujo una sonrisa y le dio un beso en la frente al niño.

Oí que empezaba a llamarme Evelyn, aunque seguramente estaría a punto de levantarse Cristian, fui a ver a Evelyn. –Toma, ¿puedes coger a Eric mientras voy a ver si Evelyn ya está despierta?

-Claro, sin problemas. Si es que este es un niño muy bueno y muy guapo. –se puso a hablar con el pequeño. Así que me fui a la habitación de la niña. Pero su padre ya estaba allí, abrazando a la niña y dándole un beso.

-Papi, te quero muso y a mami tamien.-dijo entre risas la niña.

-¿Qué andáis haciendo? Os estamos esperando para desayunar. –dije con una ceja levantada.

Cristian se acercó a mí con la niña en brazos, y me dio un beso muy tierno en los labios. La niña nos miró muy extrañada, y pronto se puso a preguntar. –Papi, ¿poque a mi no das besito como a mami?

-Mi tesoro, cuando seas mayor, algún chico te querrá tanto como yo quiero a tu madre y te dará muchos besos así. –dijo mientras la volvía a dar un beso en la mejilla.

Estuvimos desayunando tranquilamente, y tras vestirnos y recoger todo, nos pusimos en marcha hacia la casa de mis suegros. Adriana les iba a dar la gran noticia, y de paso así verían a sus nietos y a nosotros.

Nos vieron llegar y se pusieron muy contentos de verlos a todos. Entramos en la casa y nos sentamos en el sofá. Adriana se puso algo tensa, no sabía si sus padres aceptarían su decisión de tener sola al bebé.

-Mamá, papá, os tengo que contar algo. No sé si os parecerá bien pero es mi decisión.-dijo Adriana muy segura.

-¿De qué se trata cariño? Puedes contarnos lo que quieras, eso ya lo sabes. –dijo Esme muy comprensiva.

-Pues hace 2 semanas me quedé embarazada, pero David no quiere tenerlo. De hecho me ha dicho que si lo tengo, no podré estar con él. Pero yo quiero a este bebé y lo voy a tener sola. No quiero saber nada de David, si es tan egoísta como para hacerme elegir entre el bebé y él. –Adriana sonaba muy convencida de lo que decía.

-Cariño… -empezó su padre. –No me gusta que te haya hecho eso David, pero me parece muy bien tu decisión. Nosotros te ayudaremos en lo que necesites. Ya sabes que te vamos a apoyar siempre, eres nuestra hija. –y la dio un abrazo.

Todos nos relajamos un poco, al ver la buena actitud de mis suegros, y Adriana se puso muy contenta, necesitaba todo el apoyo que fuera posible. Así estuvimos con ellos todo el sábado y fue un día estupendo, toda la familia reunida.
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