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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 25 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 35

35º- Felicidad y tristeza

Al mes siguiente, estábamos en el hospital, esperando a que Esme diera a luz. Nos quedamos en la sala de espera con los niños y Adriana. Pero no tardó mucho en salir Carlisle, traía una cara de completa felicidad.

-¡Ha sido un niño, le vamos a llamar Marcos. Ahora podréis pasar a ver a Esme y al pequeño. –Se le veía más contento que nunca.

Nos abrazamos a él, que también cogió a sus nietos y se puso a hablar con Evelyn para darle la noticia.
-Diablillo, ¿Sabes qué? Ya ha nacido el bebé, es un niño, ¿le vas a querer y a cuidar?-le preguntó a su nieta.

Ella comenzó a sonreír y le dio un beso a su abuelo en la mejilla. –Siii, yo quido bebé, yo quero bebé, quero velo. ¿onde tá? –preguntó.

-Pues está con la abuela, ahora vamos a ir a verlo. Pero tienes que abrazar mucho a la abuela y darle besos, ella está muy contenta.-explicó el feliz abuelo.

-Vae, yo quero muso y musos besos a la yaya, pedo quero ver bebé. –volvió a insistir la niña.

Entramos en la habitación, y allí estaba Esme, se la veía radiante con su niño en brazos, yo sabía lo mucho que quería a sus hijos, que los había adoptado primero a Cristian y luego a Adriana, los han cuidado desde que fueron muy pequeños, pero era imposible negar que estaban contentísimos.

-Enhorabuena, me alegro mucho es un niño preciso. –dije abrazándola.

-Gracias cariño. –dijo mirándome. –Este bebé es increíble, pero lo que sentimos por vosotros no va a cambiar, os hemos cuidado desde muy pequeñitos a los dos, y os queremos muchísimo, sois nuestros hijos. –esta vez se dirigió a Cristian y Adriana.

-Lo sabemos mamá, no te preocupes. –respondió Cristian.

Allí nos quedamos todos, observando al bebé. Evelyn le miró muy extrañada, pero se acercó a darle un beso. Y luego le dio otro a su abuela. –Yaya, te quero muso y al bebe tamién. Yo lo quido y a ti tamién. –dijo alegremente mi hija.

Ante ese comentario todos nos echamos a reír, la verdad es que era evidente que la niña nos había entendido y que iba a cuidar mucho a su tío. Para ella, resultaría un lío que fuera su tío si era más pequeño, pero ya se lo explicaríamos cuando tuviera unos añitos más.

Tras unos días de reposo la dieron el alta y se pudieron ir a casa con Marcos. Como Adriana estaba en casa podía echar una mano a su madre, además aún su embarazo no estaba muy avanzado, de casi dos meses.

Todo transcurría tranquilo. Iba siempre que podía a ver a mi suegra y al bebé, para que además Evelyn y Eric pudieran verlo, y no solo a él si no también a Adriana. Los quería con locura a los tres, y al verlo, sabía que su bebé estaría muy bien cuidado aunque no tuviera un padre, de momento.

Dos meses más tarde, Adriana ya estaba de cuatro meses y se le empezaba a notar la barriguita, eso a Evelyn le encantaba, ver como le crecía la tripita a su tía. Esa semana me dijo que había conocido a un chico estupendo, había mucha química entre ellos.

-¿Él sabe lo del bebé? Quiero decir lo de su padre, porque es evidente que se ha fijado en que estás embarazada. –le pregunté a mi cuñada.

-Pues sí, y me ha dicho que a él no le importa, de hecho me ha dicho que quiere estar conmigo y cuidar del bebé como si fuera suyo. La verdad es que es un chico estupendo. –no pudo evitar sonreír ante su propio comentario.

-Me alegro mucho de verdad, si quiere cuidar a ese bebé como si fuera suyo, es una buena persona y eso demuestra que te quiere mucho.

Mi cuñada estaba muy contenta, porque había encontrado a alguien que la quería muchísimo, y que estaba dispuesto a encargarse del bebé y cuidarlo como si fuera su hijo. Era maravilloso que la vida nos estuviera tratando tan bien después de todo lo que había ocurrido.

Pasaron 3 meses, con lo que Adriana estaba de 7 meses y con una barriguita prominente. Los niños ya habían crecido bastante. Evelyn tenía más de cuatro años ya y crecía por momentos, Eric iba camino de 3 años hablando cada vez más y Marcos tenía 6 meses.

La relación de Adriana con Pedro iba cada vez mejor, estaba tan ilusionado por el embarazo como ella. Pero una noche estábamos cenando y sonó el móvil de Cristian, era Pedro, los casi cuñados se llevaban muy bien, eran muy amigos. Así que Cristian cogió el teléfono.

-¡Hombre! Hola, ¿qué tal estáis? Cuidas mucho a mi hermanita y a mi sobrinito ¿no? –preguntó Cristian sonriendo.
-Cristian ¡ven corriendo! Estábamos dando un paseo y se ha desmayado, además le está sangrando su intimidad. Eso no puede ser bueno… -se le oía sin acercar el oído por las voces que estaba pegando, sonaba desesperado.

-¿QUÉ? ¡Ahora mismo voy a buscaros y os llevo al hospital! –dijo Cristian muy serio y colgó el teléfono.

Colgó el teléfono, estaba fuera de sí, se estaba vistiendo pues estaba en pijama. –Mel, llama a mi padre, aún está en el hospital, dile que les llevo enseguida para que miren a Adriana. –dijo seriamente.

-Tranquilo, cariño. Ahora mismo le llamo, después cojo a los niños y voy al hospital en mi coche. –le dije dándole un corto beso antes de que se fuera.

Yo tenía un Honda Cívic, no solía cogerlo, tan solo para trabajar, pues cuando íbamos los cuatro solíamos ir en su Volvo. Llamé a Carlisle lo más deprisa que pude y se lo expliqué, me dijo que estaría todo preparado para cuando llegaran.

Les terminé de dar la cena a los niños, después ayudé a Eric a vestirse. Mientras que lo hacía le dije a Evelyn que se vistiera. Me puse a hablar con ellos, intentando que no me vieran muy afectada.

-Niños, la tía Adriana está malita, y nos tenemos que ir al hospital a verle, por eso nos estamos vistiendo. –dije bastante tranquila.

-¿Tita ta malita? –preguntó con curiosidad Eric.

-¿Qué tiene la tita, mami? Yo la quiero mucho. – dijo Evelyn a continuación.

-Pues… el bebé está malito y la tía también, así que el abuelo tiene que mirarlos y curarlos. –les dije, pero me empezaba a temblar la voz.

Una vez estuvimos vestidos, los monté en el coche y salimos directos al hospital, pero iba despacio, con el susto que habíamos tenido en aquella explanada siempre iba más lenta. Pero no tardamos demasiado en llegar, ya que, el hospital no estaba lejos. Me dirigí con ellos a la sala de espera.

Allí estaba Esme sentada en una silla llorando, a Cristian dando paseos con los puños apretados, y a Pedro apoyado en la pared y con la cabeza agachada. Al vernos Cristian vino a abrazarme.

-¿Se sabe algo? –pregunté nerviosa.

-Aún no, pero no es buena señal que sangre y se haya desmayado. –respondió Cristian en voz baja.

Los niños ya conocían al novio de Adriana y le querían mucho, se llevaba muy bien con ellos, fueron a abrazarlo y darle un beso.

-¡Tito! –gritó Eric mientras se abrazaba a su pierna.
-¡Hola, tito! Mami nos ha dicho que la tita y el bebé están malos, quiero verlos –dijo mi hija mientras le abrazaba.

Él los cogió a los dos en brazos y les dio un beso y un abrazo. -¡Hola, mis pequeñajos! Pues… sí, la tía y el bebé están malitos, pero pronto estarán bien. –dijo algo más contento.

Estuvimos esperando una hora, sin saber nada nos estábamos poniendo cada vez más nerviosos. Pero vimos que Carlisle se acercaba, su cara estaba descompuesta, todos nos alarmamos pues sabíamos que algo pasaba.

-No traigo buenas noticias, ha perdido al bebé, vamos a operarla para sacarlo dentro de un rato. –dijo con la voz apagada. Miró a Pedro y se acercó a él. –de verdad lo siento mucho, sé cuanto querías a ese bebé. Pero Adriana está muy afectada y necesita verte para que la des fuerza y ánimos.

-Pero… ¿qué le voy a decir? Yo quería a ese bebé como si fuera mío, no sé… ¿qué hago? ¿Qué le digo? – preguntó muy nervioso Pedro.
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