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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 25 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 36

36º- Un rayo de esperanza

-Pues, tienes que animarla, además no está todo perdido, podrá tener más hijos. Así que bueno… cuando esté más animada y estéis preparados podréis ser padres si lo deseáis. –dijo, con media sonrisa, algo esperanzado.

Entramos en la habitación una vez que la intervinieron para extraerle el bebé sin vida. Todos estábamos tristes por la pérdida del bebé, pero estábamos un poco esperanzados, sabiendo que al menos podrían volver a intentarlo y tener un bebé de los dos. Esa idea nos daba esperanzas a todos.

Evelyn y Eric se lanzaron hacia su tía para darla un abrazo y un beso, les habíamos dicho que le dieran muchos mimos porque seguía malita, pero con cuidado para no hacerla daño.

-¡Tita! Tas mu apa. –dijo Eric dándole un beso en la mejilla.

-¡Tita! ¿Ya estás buena? –Evelyn la abrazó.

-Pues ya estoy mejor, gracias a la visita de mis sobrinitos favoritos. –dijo un poco alegre.

-¿Y el bebé sigue malito? –preguntó Evelyn.

Pero Adriana se echó a llorar y Evelyn se quedó muy extrañada, Cristian la cogió en brazos y se puso a hablar con ella.

-Tesoro, el bebé de la tía estaba muy malito y se ha ido al cielo. Pero más adelante la tía podrá tener otro bebé. –dijo Cristian medio sonriendo.

-Vale, yo cuido a la tita para que ese bebé no vaya al cielo. –y abrazó a su padre sonriente.

-Ahora nos tenemos que ir, que la tía tiene que terminar de ponerse buena para que pueda jugar con vosotros. –cogió a Evelyn y yo cogí a Eric y salimos fuera.

Cuando salimos yo no pude evitar derramar algunas lágrimas, pues Adriana para mí era como la hermana que nunca tuve, y era terrible que hubiera perdido al bebé, sobre todo cuando faltaba tan poco para su nacimiento. Cristian me abrazó.

-Amor, tienes que intentar no ponerte así, tenemos que darle ánimos a mi hermana, yo sé que tú la quieres mucho pero tienes que ser fuerte. –dijo abrazándome más fuerte aún.

-Lo sé, perdóname, es que no lo he podido evitar, además yo casi perdí también a Eric, sé como se siente. Al menos si puede tener más bebés podrán intentarlo. –respondí algo cabizbaja.

Evelyn que me estaba viendo llorar me tocó la cara con su manita y me miró a los ojos, esos ojos que eran los mismos que los míos.

-Mami, ¿por qué lloras? ¿Estás malita? –preguntó la niña.

-No, princesita. Estoy triste por la tía Adriana, pero si me das un beso se me pasa. –le contesté intentando sonreír.

La niña me dio un beso y le sonreí, mis dos tesoros y mi marido eran los que me daban fuerzas para seguir luchando en la vida. Y ahora que mi cuñada me necesitaba no me iba a derrumbar.

Volvimos a casa y esa noche no paré de dar vueltas en la cama, no podía dormir con todo lo que había pasado. Me senté en la cama, y Cristian al notarlo se despertó y me acarició el brazo.

-Princesa, ¿no puedes dormir? Llevas agitada toda la noche. Yo sé que estás preocupada, pero no sirve de nada angustiarse ya, solo podemos darle ánimos a mi hermana para que se recupere cuanto antes. –dijo dándome un beso en el hombro.

-Lo sé, pero me duele mucho que la esté pasando todo esto… -le abracé y nos recostamos. –pero sé que no puedo hacer nada más que darle ánimos.

Me abrazó fuerte y me estuvo acariciando le pelo hasta que me quedé dormida por el cansancio. Me desperté más tranquila y animada, le compraría algún regalo para llevárselo y un par de dibujos que le habían hecho sus sobrinos.

Por la tarde, después del trabajo se lo llevaría para ver si así la animaba un poco, aunque sabía que le iba a costar. Pero no me iba a rendir, con todo lo que la quería sabía que tenía que animarla todo cuanto pudiera.

Llegué al hospital después de salir de trabajar, y la di un abrazo y un beso, parecía que estaba más tranquila y sonreía un poco.

-¿Qué tal te encuentras? – le dije cogiéndole la mano.

-Pues bueno… algo mejor. Saber que puedo tener más hijos me anima, pero por ahora lo único que quiero es salir de este maldito hospital. –reconoció ella.

-Bueno, para que te animes que te comprado esto. –le enseñé un colgante precioso. –Sé que no es gran cosa pero bueno… lo vi y pensé que te quedaría genial. Además los niños te han hecho estos dibujos. –se los enseñé y sonrió.

-Gracias, eres estupenda, sabes que te quiero mucho y te agradezco que vengas a verme. – su cara mostraba gratitud.

Entonces oímos que alguien tocó la puerta, Adriana le dio permiso para entrar y era Cristian. Estaba bastante contento y traía dos ramos de flores en las manos, uno era de rosas azules, y el otro de calas blancas.

-¿Cómo están las dos chicas a las que más quiero? –nos dio un ramo a cada una.

-Cariño, a mi no hacía falta que me trajeras nada. –repliqué dándole un corto beso.

-Claro que sí, sois mis chicas favoritas y os merecéis que os trate como a unas reinas. –dijo sonriendo.

-Eres increíble… por eso te amo. –Le di un tierno beso, que él quería continuar, pero le corté en seco. –Calma, que no estamos solos.

-Tranquila, por mí no os cortéis. –afirmó Adriana.

-No pasa nada, además hemos venido a visitarte, pues eso, ya habrá tiempo para los besos luego. Ahora quiero estar con mi cuñadita, que te lo mereces todo. –y nos dimos un abrazo, mientras Cristian nos miraba muy feliz.
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