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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 26 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 37

37º- La vida da muchas vueltas

A Adriana le dieron el alta, y tenía días buenos y malos. Iba poco a poco y nosotros intentábamos animarla y ayudarla en todo lo posible. Y Pedro también lo estaba pasando muy mal, pero intentaba estar animado para darle fuerzas a Adriana.

Pasaron 4 meses y Adriana estaba mucho mejor, y deseando quedarse embarazada, estaba muy animada e ilusionada, y me había contado que Pedro y ella lo estaban intentando.

1 mes más tarde me llamó Adriana a la hora de la cena, y descolgué el teléfono mientras hacía la cena. -¡Hola, nena! ¿Qué tal estás? –dije como siempre.

-Pues la verdad es que muy contenta, tengo una noticia. ¡Estoy embarazada! Aún casi ni me lo creo, pero estoy muy ilusionada y Pedro está casi dando saltos. –contestó muy emocionada..

-¡Enhorabuena! Me alegro mucho por ti, cuando llegue Cristian se lo cuento, seguro que se pone loco de contento. –respondí a mi cuñada.

Mientras hacía la cena no paraba de sonreír, y en cuanto oí la puerta abrirse fui corriendo. Salté a los brazos de Cristian y le besé muy intensamente en los labios.

-¿Y este recibimiento? ¿Tanto me has echado de menos? –dijo sonriendo entre dientes.

-Pues… ¡Vas a tener tío! Hace un rato me llamó tu hermana. –contesté riéndome.

-¡Es fantástico! Me alegro mucho por ella, se merece ser feliz, además Pedro es un buen tío y me cae genial. –respondió Cristian. –Pero este recibimiento me ha dado otra idea… -Antes de que me diera cuenta me había cogido en brazos y mientras me besaba me llevaba a la habitación.

Nos empezamos a besar, mi respiración se empezó a acelerar. Se me ponían los ojos en blanco del placer, mi marido hacía que sintiera tanto placer que no pensaba con claridad.

Me estaba desabrochando los botones de la camisa, pero se oyó un golpe y Eric empezó a llorar. Fue un gran susto, y me levanté corriendo a ver qué había pasado. Fui a su habitación y le encontré llorando en el suelo.

-¿Qué te pasa mi principito? – le cogí en brazos para ver si le calmaba.

-Me he caído mami…-siguió llorando muy fuerte, y Cristian vino a ver que pasaba.

-Bueno, tranquilo tesoro, no pasa nada, mira nos damos un baño y se nos pasa, ¿verdad? – le preguntó Cristian.

Asentí, y fui a preparar el baño. Ellos vinieron en seguida al baño. Cristian sostenía a Eric en brazos. Y me acercó a él cogiéndome de la cintura con la mano que tenía libre.

Comenzó a besarme, un beso muy intenso, de esos que me dejaban sin respiración. Pero el niño se acercó a mí y me abrazó.

-Mami y papi se queren muso. –dijo riéndose.

-Sí, mi principito, y a ti y a tu hermana os queremos muchísimo. Venga date un baño con papá y ya no te dolerá la pupa. – expliqué a Eric.

Salí del baño y ahí los dejé dándose un baño. Al cabo de un rato Cristian me llamó para que secara y vistiera. Una vez que le acosté Cristian me llamó otra vez, entré en el baño y allí estaba él todavía metido en la bañera.

-¿Qué pasa, cielo? –pregunté sonriendo.

-Ven, acércate… -dijo él con una voz hipnótica.

Me cogió la mano y me metió dentro de la bañera con la ropa y todo. Empezó a besarme por el cuello.

-¡Oye! ¡Que me mojo toda la ropa! –dije con cara de enfado simulado.

-Pero tenía muchas ganas de estar contigo, y bueno… antes no hemos podido. Además ya que estás aquí dentro de la bañera podíamos darnos algo de cariño y amor. –hizo un puchero.

No me dio tiempo a contestar, me silenció con un beso tan profundo que se me olvidó que estábamos en la bañera y yo con la ropa. Metí la mano bajo el agua, buscando su miembro, estaba erecto y comencé a moverlo sin dejar de besarle en los labios. Él empezó a gemir y vi que se le ponían los ojos blancos.

-Princesa… eres increíble, me estás dando mucho placer y te adoro. Pero quítate esa ropa que me estoy poniendo malo. –dijo quitándome la camiseta y los pantalones.

Comenzó a quitarme la ropa interior y una vez que lo hizo comenzó a acariciarme la intimidad, me hizo estremecer. Siempre que me tocaba me hacía sentir un placer único.

Pero pronto me cogió por la cintura y me puso encima de él, la sensación con el agua era más placentera. Era algo nuevo para ambos, otra nueva forma de excitarnos y darnos más placer.

Comenzó a moverse tan rápido que casi no asimilaba tantísimo placer, gemía cada vez con más fuerza y él también gemía por el placer.

Y así en la bañera llegamos juntos al clímax, pero fue más superior, esa experiencia nueva nos había motivado a los dos que lo hicimos una vez más. Sin secarnos y sin dejar de penetrarme fuimos a la cama donde continuamos este baile tan frenético y lleno de pasión y de amor.

-Te amo, eres lo más importante para mí, y hemos tenido dos niños guapísimos y maravillosos. –dije abrazándole muy fuerte.

-Eres mi sol, y ya te dije cuando nos conocimos que por ti iría al mismísimo infierno para protegerte de cualquier mal. Y a los niños también, os protegeré siempre y os querré cada día más. –respondió con una amplia sonrisa. –Sigue amándome aunque sé que a veces no me lo he merecido, no merezco que me quieras, eres demasiado maravillosa para mí.

-No digas tonterías, tú eres el que eres demasiado bueno para mí. Eres maravilloso y claro que voy a quererte. –mientras le di un beso en el cuello que le hizo suspirar. Así abrazados nos quedamos dormidos disfrutando de nuestra felicidad.
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