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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 27 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 38

38º- Las alegrías no vienen solas

Adriana estaba mucho más contenta, y su embarazo iba muy bien ya estaba de 6 meses, los niños habían crecido mucho. Eric iba camino de los 4 años, Evelyn ya estaba echa una señorita con 5 años y unos meses, y Marcos ya tenía más de un añito.

Por las tardes solía venir a casa para pasar la tarde con los niños y así estar juntas. Cada vez se le notaba más la barriguita, que ya estaba muy abultada. A Evelyn le encantaba poner la oreja en la barriguita pues decía que le apetecía escuchar lo que hacía el bebé.

-¿Qué tal estás? ¿Va bien el embarazo? – pregunté sonriendo.

-Todo va genial, y Pedro me mima mucho, no me deja hacer nada sola. Casi ni me deja vestirme sola, dentro de nada me va a dar de comer él. Pero entiendo que después de lo que pasó esté asustado. –explicó ella.

Nos pusimos a caminar y seguimos hablando. –Bueno tú tómatelo con calma, y tranquila qu… -no me dio tiempo a terminar pues me fallaron las fuerzas y se me fue la cabeza. Adriana intentó sujetarme para que no me hiciera daño, pero caí de rodillas.

-Mel, ¿Qué pasa? –su voz sonaba muy preocupada.

-Nada… -pero no pude seguir hablando comencé a vomitar, y luego perdí el conocimiento.

No sabía cuanto rato había estado así. Abrí los ojos y me encontré en mi cama con Adriana y Cristian muy preocupados y Carlisle revisándome. – ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estoy en la cama? –pregunté confusa.

Fue Carlisle el que habló. –Pues te caíste al suelo, vomitaste y perdiste el conocimiento. Y Adriana me llamó para que te trajera, después avisamos a Cristian.

Mi marido tenía la cara llena de angustia y vino a acariciarme la mejilla. –Me he pegado un buen susto… me llamó mi hermana y casi me dio un infarto cuando me dijo lo que había pasado. –explicó suspirando.

-¿Y qué me pasa? ¿Por qué me ha pasado eso? –pregunté algo impaciente.

-Pues lo que ha pasado es que os tengo que dar la enhorabuena. ¡Estás embarazada! –dijo de forma alegre.

-¿De verdad? ¿Vamos a tener otro bebé? –preguntó eufórico Cristian. Vino y me abrazó, para después darme un tierno beso en los labios.

Me toqué la barriga algo incrédula. – ¿De verdad? Pero… ¿y lo del desmayo? Con los otros embarazos no me pasó. –quise saber.

-Pues… bueno, es que ahora estás algo más débil y el bebé te quita las fuerzas, por lo que tendrás que hacer muchísimo reposo y nada de esfuerzos, y cuando digo nada de esfuerzos es nada de nada. –miró severamente a Cristian.

-Vale, papá tranquilo, ningún esfuerzo. –asintió mientras decía eso. Sin duda había algo que me había perdido y no sabía lo que era, pero después se lo preguntaría.

Al cabo de un rato nos dejaron solos y Cristian comenzó a hacer la cena, no me dejó moverme de la cama pero como quería hablar con él, no quise discutir. Me trajo la cena a la cama y me estuvo observando mientras cenaba.

Después se lo llevó, recogió todo y volvió conmigo, me abrazó y oí que suspiraba. –Princesa, ¡es fantástico! Otro bebé, soy inmensamente feliz. Pero ya has oído a mi padre, tienes que estar en reposo así que sin esfuerzos. –dijo muy firme pero sonriendo.

-Hablando de eso… Cuando ha dicho tu padre lo de los esfuerzos me ha dado la sensación de que no se refería solo a descansar y eso. ¿Verdad? –pregunté impaciente.

Pero él no contestó, tenía mis sospechas de a lo que se había referido, así que quise verificar si estaba en lo cierto. Me acerqué todo lo que pude a él y le comencé a besar. Él me siguió el beso de buena gana, así que decidí seguir mi comprobación.

Dirigí mis manos hacía su camiseta, cogiéndola por los bordes para quitársela, él no se opuso, pero cuando empecé a quitarme mi camiseta me detuvo. Entonces dejé de besarle, me aparté un poco de él y le miré algo ofuscada.

-¿Por qué me detienes? ¿Ya no te gustó? –pregunté mirándole muy melancólica.

-Princesa, ¿Cómo dices eso? Claro que me gustas, te adoro y cada día te quiero más, pero… mi padre ha dicho sin esfuerzos, y bueno para hacer lo que pretendías necesitas hacer un gran esfuerzo físico. Y yo no quiero que os pase nada a ti o al bebé. –dijo mientras me tocaba la tripa, aún plana.

Fue inevitable soltar algunas lágrimas, entendía la razón por la que me decía que no, pero aún así me dolía. Me sentía fatal, por querer anteponer mi placer al bienestar de mi hijo.

Pegué un grito, y me fui a una esquina de la habitación, empecé a pegar patadas y puñetazos contra la pared, no dejaba de gritar. -¡SOY UNA MADRE ESPANTÓSA! ¡SOY UNA MALA PERSONA! ME DOY ASCO... –mi lloro se intensificó y seguí golpeando la pared solo con las manos.

Cristian vino corriendo hacia mí y me agarró para que no diera más golpes, me había desollado los nudillos y estaba sangrando. Además me estaba dando un ataque de ansiedad respiraba muy deprisa y notaba como mi corazón golpeaba fuertemente contra mi pecho, sentía como si se fuera a salir.

-Princesa, por favor… no digas eso. Tú eres una madre fantástica, mira lo bien que se han criado nuestros dos tesoros. Y eres una persona asombrosa, además de una chica hermosísima y sabes que te amo con toda mi alma. –dijo mientras me sujetaba fuerte y me besaba en los cabellos.

Parece que el ataque de ansiedad cesó pero continuaba llorando de manera irracional, me abracé fuerte a él. –lo... siento, lo siento… soy espantosa, he antepuesto mi placer al bienestar del bebé. No merezco ni que me mires a la cara.-dije sin mirarle.

-Amor, los niños, el bebé y tú sois lo más importante para mí, la razón por la que sonrío por las mañanas al ver lo afortunado que soy por teneros conmigo. Te adoro, y no ha pasado nada. Además estás muy sensible. Estos últimos meses se que lo has pasado mal por lo de mi hermana, pero... date un respiro ¿vale? –dijo mientras me besaba en los cabellos.

Me cogió en brazos y me volvió a llevar a la cama. –Espera, voy a coger gasas y algo para curarte las manos. –dijo dirigiéndose al baño.

Miré mis manos y tenía todos los nudillos en carne viva, y sangraban bastante. No tardó nada en regresar, me estuvo curando y para evitar que me sangraran me vendó los nudillos de las dos manos, así que ahora no podría casi hacer nada hasta que se me curasen.

Entonces oí unos pasitos por el pasillo y por el hueco de la puerta distinguí dos cabecitas asomadas. Eran los niños, seguramente me había oído gritar y los golpes a la pared.

-Mamí, ¿estás mala? –preguntó Evelyn

-Pue tiene pupas en las manos… ¿mami se va al cielo con el bebe de la tita? –dijo Eric mientras se acercaba a mi con lágrimas en los ojos.

Se subió a la cama y le abracé muy fuerte. –No principito, no me pasa nada, es que bueno… mami está algo nerviosa y tengo pupas en las manos pero no pasa nada. –hice una seña a Evelyn para que se acercara.

-Peques, papá y yo os tenemos que decir algo. Vais a tener un hermanito o hermanita... –dije con una sonrisa.

-¡Qué bien!, mami. –dijo Evelyn

-Yupi, oto bebé. ¿Y se pondá la tipa golda como la de la tita? –preguntó Eric.

-Pues sí principito, dentro de unos meses tendré la tripa gorda porque el bebé irá creciendo. –dije mientras les abrazaba.

Cristian que lo estaba viendo todo se unió al abrazo y besó a los dos pequeños. – ¿Os acordáis que os dijimos que a la tía hay que cuidarla para que el bebé no se ponga malito? Pues el bebé de mamá necesita más mimos porque está un poco malito, pero si cuidáis mucho a mamá se pondrá bueno. –les explicó su padre.

Los niños sonrieron, me dieron un abrazo y un beso en la tripa a pesar de estar todavía plana. Eso me hizo reírme, la verdad es que tenía una familia fantástica. Estaba felizmente casada con un chico maravilloso, teníamos dos hijos estupendos y venía en camino otro bebé.
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