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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 27 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 39

39º- La alegría continúa

Tres meses más tarde, Adriana se puso de parto, estuvimos en la sala de espera, yo comenzaba a tener un poco abultada la barriguita. Me encantaba lucirla, me hacía sentir muy especial.

A causa de ser un embarazo de riesgo, Cristian no me dejaba hacer nada por mi misma, casi me metía la comida en la boca, era agobiante, pero no se lo podía replicar. Me trataba como a una reina, y bueno… esos cuidados me encantan. Allí estuve tumbada en un sofá de la sala de espera.

Después de tres largas horas Carlisle vino a decirnos que había salido todo muy bien, y que habían tenido una niña muy bonita. Cuando la limpiaron entramos a verlos, les dimos la enhorabuena. Y conocimos a la pequeña, la llamarían Raquel, era guapísima y tanto Adriana como Pedro estaban muy ilusionados, sobre todo después de lo que pasó con el otro bebé.

Volvimos a casa, yo estaba bastante cansada y Cristian me llevó a la cama para que descansara, pero no tenía sueño. No hacía más que dar vueltas por la cama, y me entraron ganas de hacer pis. Así que, como no quería molestar a Cristian me levanté y me dirigí al baño.

Caminé despacio y agarrándome a la pared para no perder el equilibrio. Pero sentí como me fallaban las fuerzas cuando estaba al lado de la habitación de Evelyn. Así que me asomé a su puerta mientras me caía lentamente al suelo. Estaba jugando al lado de la cama.

-Princesita, avisa a papá, dile que venga, que necesito ayuda. –le dije intentando no llorar.

-Vale. –dijo ella muy seria y salió corriendo de la habitación.

Oí como iba corriendo y casi a voces llamaba a su padre. – ¡PAPI! Mami quiere que vayas, dice que necesita ayuda y está en el suelo. –dijo la niña con la voz algo asustada.

Escuché unos pasos más fuertes que venían muy deprisa. Le miré, yo estaba en el suelo, tocándome la barriguita. - ¿Me ayudas? –dije intentando que no se me saltaran las lágrimas.

-Amor, ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás levantada? –preguntó muy preocupado.

-Es que… quería ir al servicio y no quería molestarte… -dije sin mirarle a los ojos.

-Te tengo dicho que si quieres ir al baño o a algún sitio me lo digas y yo te ayudo. –replicó mientras me levantaba en brazos y me acompañaba hasta el baño.

Le miré y ya parecía estar menos angustiado por el pequeño susto que le había dado. Así que le sonreí tímidamente, él me devolvió la sonrisa. –Oye cielo, me gustaría darme un baño, ¿Me ayudas? –dije como haciendo un puchero.

-Claro, princesa. –respondió cariñosamente.

Me quité la ropa mientras me sujetaba él por si me caía y luego me ayudó a entrar en la bañera. La verdad es que resultaba relajante, pero claro, estar así desnuda y pensar que mi marido casi ni me había mirado y que no podríamos hacer el amor porque suponía un esfuerzo físico al que yo no podía someterme. Me hizo ponerme triste, y algunas lágrimas se me escaparon.

-Amor, ¿te duele algo? ¿Te encuentras mal? –preguntó bastante inquieto.

Se agachó y me abrazó con lo que le empapé toda la camiseta, seguí llorando abrazada a él. –No, pero es que… -comencé a decir. – tú ya no me mimas, ni me quieres, ni si quiera me has mirado. Supongo que ya no estoy guapa…

Sin separarse de mí llegó hasta mis labios para besarlos de una forma muy tierna. –Eres como una muñequita, me encantas, te quiero con toda mi alma. Y me vuelves loco y no te imaginas lo que me ha costado ver como te quitabas la ropa y no hacerte mía… -dijo acariciando mi mejilla con sus dedos.

Eso me hizo sonrojarme y taparme la cara en su pecho. Fue inevitable que sonriera, de verdad me amaba, y eso me hizo volar a mi cielo particular, con ese ángel tan espléndido.

Terminé de bañarme, me puse la toalla y Cristian me ayudó a salir y ponerme el camisón. Mientras me llevaba a la cama, fue besando de manera muy tierna en el cuello, hacía que se me acelerara la respiración. Cuando lo notó paró, me dio un corto beso en los labios y me dejó en la cama.

-Perdóname, no quería darte la impresión equivocada, no esta bien que me deje llevar sabiendo cómo estás de sensible y sabiendo que no podemos llegar hasta el final… –se disculpó mirándome a los ojos.

-No pasa nada, además así veo que de verdad me ves guapa. –contesté sonriendo.

-Decir que te veo guapa es quedarse corto. Te veo muy hermosa, la más linda del mundo. Además llevas a mi tesorito ahí dentro, y esa barriguita te hace estar adorable. –admitió mientras me acariciaba la barriguita.

-Voy a acostar a los niños y ahora vuelvo. –se dio la vuelta y salió de la habitación.

Habían sido muchas emociones para un día, es cierto que desde que estaba embarazada estaba de lo más sensible y cualquier cosa me afectaba. Pero me dije a mí misma que debía estar tranquila y relajada, porque no quería causarle ningún mal al bebé. Puse mi mano sobre la barriguita y sonreí.

-Estoy deseando que nazcas, tengo muchas ganas de tenerte entre mis brazos, lamento si a veces no te he cuidado como debía.-susurré.

-¡Qué escena tan bonita! Al final voy a terminar yo también llorando. –reconoció el y se tumbó a mi lado.

Puso su mano junto a la mía en la barriguita. -¿Has visto que madre tan estupenda tienes? Peque estoy deseando verte la carita, y cuidarte mucho. –y me dio un tierno beso en la barriguita.

Me abracé a mi marido, me cuidaba y protegía y cada día le amaba más. Le besé en los labios. –Te amo, eres el mejor marido que jamás podría haber tenido.- al decir esto me sonrojé.

-Tú eres la mujer de mi vida, y siempre vas a ser lo primero para mí junto a los niños. Ahora duérmete mi princesa, yo estaré aquí contigo. Y por favor, si quieres algo pídemelo, no quiero que me vuelvas a dar otro susto como el de antes. –dijo moviendo la cabeza a los lados.

-Me mimas demasiado, pero eso me encanta, siento que todo tu amor fluye por cada fibra de mi ser, y yo te amo tanto como es humanamente posible, pero intento amarte más y más cada día. Te lo mereces porque eres el mejor del mundo. –le dije mirándole a sus profundos ojos que tanto me gustaban.

Me abracé fuerte a él, y mi barriguita le rozó, noté que al sentirlo suspiró y me abrazó con una mano, la otra la dejó en mi tripita. Le miré y tenía una amplia sonrisa, sonrisa que se me contagió pues yo también estaba muy feliz.
Volvíamos a estar en ese cielo particular que creábamos, como si fuera una burbuja, en la que nadie pudiera entrar, solo nosotros y nuestro amor. Entrábamos en ella cada vez que nos abrazábamos y nos declarábamos nuestro amor
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