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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 28 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 40

40º- Sustos y alegrías

Fue pasando el tiempo y ya estaba de 7 meses, durante ese tiempo Esme solía venir a estar conmigo, a causa del riesgo de mi embarazo no me dejaban hacer nada. Solía irse en cuanto dejaba lista la cena.

Cristian solía llegar un rato después así que no estaba sola prácticamente nada, le esperaba siempre en el sofá del comedor. Una noche llamaron al timbre supuse que se había dejado las llaves de casa.

Muy despacio me fui hacia la puerta, además era una distancia muy corta, no pasaría nada si iba despacio. Pero cuando abrí la puerta me quedé extrañada, era un desconocido.
-¿Le puedo ayudar? ¿Quién es? – pregunté extrañada.

-Pues sí, mira se me ha averiado el coche y quería saber si podría llamar desde aquí a la grúa, es que mi móvil está sin batería. –respondió el desconocido.

-Claro, pero si no le importa voy a sentarme. –dije mientras andaba hacia el sofá acariciarme la barriga.

Comencé a caminar hacia el sofá, pero antes de que pudiera sentarme me agarró del brazo y acercó su navaja a mi barriguita. –Ni te muevas, sé que estás sola. Dime donde guardáis el dinero o te meto un navajazo. –susurró con voz muy macabra.

En ese momento me dio un ataque de pánico y me puse a gritar y agitarme, porque temía por la vida del bebé. – ¡Cállate, o nos oirá todo el mundo! –me dijo muy enfadado.

-No hagas daño a mi bebé… -dije llorando.

Me tiró al suelo y yo me moví para intentar que no se llevara la barriguita el golpe, aunque me hice daño en la espalda, seguí llorando y agarrándome la tripita. -¡NO LE HAGAS DAÑO A MI BEBÉ! –grité llorando con más fuerza.

Pero entonces sonó un portazo, era Cristian que le dio un empujón al desconocido y empezó a pelearse con él. -¡No toques a mi mujer! -Del forcejeo le hizo algunos cortes en los brazos pero Cristian siguió peleando.

Yo estaba muy nerviosa, con el ataque de pánico por la situación, por el bebé y por Cristian, respiraba con dificultad. En ese momento Cristian redujo al desconocido, pegándole con un jarrón en la cabeza.

Le ató con una cuerda y cuando estaba inmovilizado vino a ver cómo estaba. Pero mi ataque de pánico aún seguía, lloraba con mucha fuerza. –Amor, tranquila, ya ha pasado todo, por favor, cálmate, estoy contigo…- susurró a mi oído para que me calmara.

Me apoyó en su espalda y me acariciaba la barriguita para que tranquilizara mi respiración, y en unos minutos ya respiraba bien y con calma. Pero no podía parar de llorar.

-Abrí porque pensé que eras tú. Me dijo que se le averió el coche, que si le dejaba llamar a la grúa. Lo siento… -no podía parar de llorar.

-Princesa, cálmate por favor. Ya estoy contigo, y los dos vais a estar bien. –me decía al oído.

Llamó a la policía, cuando llegaron nos interrogaron y se llevaron al desconocido detenido. Cristian me había recostado en el sofá y se sentó a mi lado para calmarme porque aunque se había pasado el ataque de pánico, estaba muy asustada.

Entonces noté un líquido entre mis piernas, había roto aguas. –Cariño… ya viene el bebé, pero solo estoy de 7 meses ¿y si le pasó algo? –me empecé a poner más nerviosa.

-Tranquila, te tengo que llevar al hospital. –dijo intentando no ponerse nervioso.

La policía aún estaba en casa, así que Cristian les pidió que nos ayudaran. Entre Cristian y un policía me metieron en un coche de policía en el asiento de atrás, mi marido estaba conmigo y un policía puso la sirena y nos llevó todo lo deprisa que pudo.

Por el camino Cristian llamó a su padre. –Papá, a Melinda se le ha adelantado el parto, luego te lo explico, nos está llevando un policía. Estate preparado cuando lleguemos. No tardaremos mucho. –y colgó el teléfono algo nervioso.

Como el policía iba con la sirena puesta y muy deprisa llegamos enseguida al hospital, me llevaron a la sala de partos. Pero cuando lo estaban terminando de preparar todo, noté como el dolor de la espalda, por el golpe, aumentaba.

-Cariño… me duele mucho la espalda… cuando me tiró al suelo intenté proteger al bebé pero me hice daño en la espalda. Me duele mucho… -tenía lágrimas en los ojos.

-Calma, princesa cálmate, por favor. –Decía mientras me acariciaba el pelo.

Vimos entrar a Carlisle, Cristian le contó en seguida todo y también le dijo lo del golpe de mi espalda. –Pues, tranquila, pero ahora mismo para el dolor de la espalda no te podemos dar nada, lo siento, tienes que aguantar el dolor. Vamos a darnos prisa en sacar al bebé, o si no podría sufrir algún daño. Además al ser sietemesino habrá que tenerlo en la incubadora para que coja peso. –explicó con calma mi suegro.

Pero sentía tanto dolor entre el parto y el dolor del golpe que mis gritos eran desgarradores. – ¡AHHHHHHH! ¡ME DUELE MUCHO! ¡AHHHHH! –se me saltaban las lágrimas de tanto dolor que estaba sintiendo.

Cristian tenía la cara descompuesta, pero intentaba calmarme y animarme por todos los medios, me acariciaba y me besaba, mientras me susurraba al oído. –Princesa, te amor, aguanta un poco, sé que te duele, pero tienes que aguantar, el bebé casi está fuera. Si sientes dolor apriétame la mano todo lo que quieras o grítame si quieres, pero aguanta ¿vale?-

No se cuanto rato pasó, porque solo era capaz de sentir cada vez más dolor y las caricias de mi marido, pero no apaciguaban tan profundo dolor… Pero, entonces escuché el llanto de un bebé, y todo desapareció, no me importó el profundo dolor que sentía, solo que quería ver al bebé y tenerlo entre mis brazos.

-Enhorabuena papás, es una niña muy linda. –dijo Carlisle dejándomela ver.

Tenía la cara de Cristian, igual que ocurrió con Evelyn, pero sus ojos eran muy extraños, eran una mezcla de los míos con los suyos. Con la línea gris, y mezclado el azul profundo de sus ojos con mi verde esmeralda, era lo más bonito que había visto nunca.

-Es preciosa, como su mami. –Cristian estaba sonriente. -¿Y cómo la llamaremos? Se me ha ocurrido uno, no sé, a ver si te gusta… Me gustaría que se llamara Luna.

-Es… un nombre precioso cariño. Además la niña es tan linda… Me gusta mucho ese nombre, cielo.

Se la llevaron para limpiarla, nos dejarían verla otra vez y luego tendría que estar un par de meses en la incubadora. Pero estaba sana y salva y era preciosa, por lo que todo el susto se había pasado y ya no importaba.
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