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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 29 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 41

41º- La vida sonríe

La pequeña Luna tenía que estar dos meses en el hospital, yo estaba allí, para darla de mamar y estar con ella. Además tenía los meses de baja por maternidad. Cristian venía todas las tardes a estar con nosotras.

Una tarde estaba dándole de mamar a la pequeña y entró Cristian con Evelyn y Eric, que aún no conocían a su hermanita. Se acercaron y se quedaron mirando como comía el pequeño. Evelyn casi tenía 6 años y Eric casi 5, estaban muy mayores ya.

-Mami, ¿esta es la nueva hermanita? –preguntó Eric con una cara de plena curiosidad.

-Es muy guapa mami, así tendré con quien jugar. –dijo Evelyn muy contenta.

-¿Cómo estáis? Tengo unas ganas locas de teneros en casa… estamos muy solos sin vosotros. – admitió Cristian haciendo un puchero.

Se acercó a mí, y me besó muy intensamente, los niños se rieron, siempre les resultaba raro mirar cuando nos dábamos esos besos. Pero necesitaba que mi marido me besara, estaba todo el día en el hospital y le necesitaba.

Los dos meses se hicieron interminables, es que parecía que nuestra vida giraba en torno a un hospital. Pero por fin, llegó el gran día, el día de llevar a la pequeña Luna a casa y estar con toda mi familia de nuevo.

Cristian nos fue a recoger al hospital con los niños y me ayudó a entrar en casa. No sabía lo mucho que la había echado de menos hasta que la volví a ver. Pero estaba algo distinta, las paredes estaban recién pintadas, y había varios ramos de calas blancas por la casa.

-Cielo, no tenías que haber comprado flores y ¿cómo es que está pintada la casa? –pregunté extrañada.

-Pues… quería que tuviera mejor aspecto, que cuando volvieras estuviera preciosa. –reconoció muy feliz mi marido.

Me acerqué a él con Luna en los brazos, nos abrazó a ambas y noté como a mis piernas se agarraban unas manitas. Eran mis otros dos hijos, así que le pasé a mi marido la pequeña y me agaché para darles un abrazo.

-Mis pequeños… echaba mucho de menos estar en casa, con vosotros. Pero ahora tenéis una nueva hermanita y la tenéis que cuidar mucho porque es muy pequeñita.

-Y nosotros a ti, mami. Papá estaba triste y sonreía poco. –me explicó Evelyn.

Le miré y él me miró profundamente a los ojos. –Es verdad, estaba triste sin ti, eres el amor de mi vida, y sin ti esta casa no era la misma, faltaba lo más importante. –admitió él.

-Me mimáis demasiado, no creo que merezca tanto. –les dije con una ceja levantada.

Nos dimos un abrazo todos juntos, eso si que era el paraíso, estar de nuevo con toda mi familia y la pequeña, por la que tanto había pasado. Nos sentamos a cenar, pero Luna empezó a llorar, me la traje a la mesa y la di de mamar allí.

-Siempre me ha gustado ver como dabas de mamar a nuestros hijos, es maravilloso, hasta siento cierta envidia de no poder hacerlo yo. O como llevar dentro a los bebés, tiene que ser algo muy especial. –dijo él algo apesadumbrado.

-Bueno también tiene cosas malas el llevarlos dentro, no sabes como duele a la hora del parto, sobre todo esta vez con el dolor de la espalda que tuve, menos mal que no fue nada y que me curé enseguida. –admití sin mirarle demasiado.

Después de la cena, acostamos a los niños y estuvimos un rato viendo la tele. Me recosté sobre él, y me abrazó fuerte. –Mi princesa, me parece mentira que ya estéis las dos en casa. Estos dos meses… lo he pasado mal, me apenaba no tener completa a mi familia. –su voz sonaba algo triste.

-Cielo, no digas eso. Además lo importante es que ya estamos juntos de nuevo. No sabes lo mucho que te he echado de menos. –admití mientras le besaba en el cuello.

Al notar mis labios en su piel, suspiró como de alivio, y me abrazó muy fuerte, era fantástico volver a estar juntos. Pues todo ese tiempo en el hospital casi no pudimos vernos, la verdad es que resultó duro. Pero no quise decirle nada más porque ya le veía bastante apenado.

No tardé en irme a la cama pues estaba agotada, en el hospital no descansaba bien. Cristian me dijo que se quedaría un rato más viendo la tele, así que le di un beso y me fui a la cama.

Tras un rato, sentí un beso muy fiero en los labios, me desperté y mi cara era de total extrañeza. -¿Qué te pasa, mi príncipe? –

-Es que hacía mucho tiempo que deseaba estar contigo de nuevo, de tenerte aquí conmigo, de abrazarte y besarte. Te he extrañado tanto… y esta cama era demasiado grande para mi solo. –dijo mientras me volvía a besar y me agarraba por la cintura.

Mi respiración se volvió agitada, y le besé con más ansias, yo también sentía una gran necesidad de sentirle conmigo, y se lo estaba demostrando. Me comencé a bajar los pantalones, y luego la camiseta, quedándome en ropa interior.

-Mi príncipe… quiero jugar un poco. ¿No juegas conmigo? –le dije con pasión en la mirada.

-Um… claro que sí, no pensaba en otra cosa desde que has regresado a casa. Deseaba volver a verte, con lo hermosa que eres… mi mundo estaba triste y solo sin ti. –explicó con una tristeza fingida.

Se quitó los pantalones y los calzoncillos, pude ver su miembro erecto. Se acercó a mí y yo bajé la mano para tocárselo. Al notar el movimiento que realizaba con la mano, suspiró y comenzó a gemir de placer.

-Pero mi princesa… necesito sentirte más cerca, ese conjunto me está provocando… -su mirada estaba encendida.

Sin darme casi tiempo a reaccionar me quitó la ropa interior y nuestras intimidades se rozaron, suspirando los dos. Ni él quería esperar ni yo tampoco, así que enseguida me penetró, yo estaba muy excitada y había estado tanto tiempo sin poder sentirle que el reencuentro sexual fue mucho más excitante.

Comenzó a moverse lento, y los dos emitíamos gemidos. Pero necesitaba más, necesitaba más amor, más pasión, más caricias, necesitaba que me amase más. Así que comencé a moverme deprisa y él me siguió, era una sensación muy placentera.

No sé cuanto rato estuvimos, pero cuando habíamos llegado al clímax juntos, comenzó de nuevo a moverse. Estaba tan encendido y lleno de pasión que no sabía si mi cuerpo podría aguantarlo.

Pero mi cuerpo actuaba por voluntad propia, y tenía sed de mi marido, del amor de mi vida, del chico más maravilloso y hermoso del mundo. Era el padre de mis hijos, y pensé en ese instante que si tuviéramos más hijos sería fantástico.

En ese momento, volví a la realidad, seguí acariciando a mi marido y besándole por cada parte a la que llegaba sin dejar de moverme en ese baile apasionado. Fue una noche inolvidable, como tantas otras que habíamos tenido.

Aunque sabía muy bien, que no era solo por el placer y la excitación de lo que hacíamos, sino por estar con él, por sentir su amor y por ser la chica más afortunada por haber encontrado a una persona que me amara tanto que a veces hasta dolía de todo el amor que sentía.
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