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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 30 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 43

43º- Ser padres no es fácil

Cristian se levantó cuando terminó de darme el masaje y fue a hablar con los niños. Yo me quedé escuchando desde la puerta, me gustaba ver la relación tan especial que tenía con nuestros pequeños. Mientras escuchaba cogí a Luna y la di de mamar.

-Mis tesoros, ¿puedo pasar? –preguntó el desde la puerta.

Ellos estaban sentados en el suelo y se oía que aún lloraban. Pero pude oír como Evelyn hablaba con él.

-Bueno, pues entra. –le dijo ella.

Se sentó en el suelo con ellos y suspiró. Para luego ponerse a hablar. –A ver niños, sé que me he enfadado mucho, pero es que habéis hecho daño a mamá. –comenzó a explicarse.

-Pero nosotros queremos jugar. –contestó ella.

-Sí, queremos jugar y mamá no se levantaba. –añadió Eric.

-Si queréis jugar lo decís, y cuando hubiéramos descansado un poco podíamos salir. Pero ¿dónde habéis aprendido a pedir las cosas pegando a la gente? –les preguntó su padre en tono un poco severo.

-Pues… en el cole hay un niño que pega a todos para que jueguen con él y para que le den chuches. –explicó la niña.

-Eso no está nada bien, ya iré a hablar con la profesora para decirla que hable con ese niño. Pero aunque el niño haga eso, vosotros no tenéis que hacerlo nunca, mamá y yo no os enseñamos esas cosas. ¿De acuerdo? –preguntó algo mas relajado su padre.

-¡VALE! –respondieron a la vez.

-Pues ahora, pedid perdón a mamá. Que antes la habéis hecho daño. –les dio un abrazo y un beso. Oí como salía corriendo de la habitación. Yo estaba dejando en la cuna a Luna.

Me di la vuelta y los encontré allí. Me puse de rodillas en el suelo y los miré. Ellos estaban con la mirada baja.

-¿Qué os pasa? – les pregunté sonriendo.

-Pues, que te venimos a pedir perdón, mami. Papi nos ha dicho que no tenemos que pegar, y menos a mamá. –explicó Evelyn.

-Si, mami. ¿Nos perdonas? –dijo Eric tímidamente.

-Está bien, pero espero que ya no os portéis mal. –respondí sonriéndoles.

Salieron de la habitación pegando saltos y riéndose. Cristian me abrazó y me acarició los cabellos, me encantaba que hiciera eso, y le di un beso. Pero empezó a darme más besos, casi me estaba dejando sin aliento.

-Cariño, que los niños nos esperan para desayunar y luego salir a jugar. – dije acariciando su mejilla.

-Bueno… pero espero que luego podamos jugar tú y yo. –añadió con una sonrisa pícara.

Desayunamos muy contentos todos, los niños estaban impacientes por salir. Nos vestimos, preparé a la pequeña Luna en el carrito y nos dirigimos al parque que había muy cerca de casa para que jugaran.

Su padre estuvo jugando con ellos mientras yo cuidaba a la pequeña, que dormía plácidamente en el carrito. Pero al cabo de un rato Cristian se acercó y besó a la pequeña.

-Amor, los niños quieren que tú también juegues con ellos, me quedo con la pequeña y así disfrutas tú también un poco. –me dijo él.

Estaban enfrente de nosotros jugando con la pelota, y yo me puse a caminar para llegar hasta ellos. Nos pusimos a jugar a la pelota, pero en una de las ocasiones se escapó y Evelyn echó a correr para cogerla, oía el ruido de los coches y comencé a gritar.

Corrí todo lo que pude pues estaba casi en medio de la carretera y pude ver que a unos pocos metros había un coche, cogí a la niña y me aparté lo más rápido que pude, cayéndonos al suelo.

La niña comenzó a llorar del susto y Eric vino a ver qué pasaba, oí que Cristian se acercaba también con el carrito, pues desde donde estaba lo había visto todo.

Miré a mi hija examinando si se encontraba bien, noté que tenía algunas raspaduras en los brazos y en las rodillas del golpe contra el suelo pero nada grave. –Tranquila, mi pequeña, ya ha pasado todo. Tienes que tener más cuidado, que los coches son peligrosos. –comenté mientras abrazaba a la niña para calmarla.

-¡Qué susto me he dado! ¿Estáis las dos bien? –preguntó Cristian muy angustiado.

-Tranquilo, solo algunos raspones por la caída, pero no es nada. –respondí levantándome del suelo con la niña en brazos.

-Mejor vámonos a casa, que la niña se ha puesto muy nerviosa. –comentó Cristian.

Volvimos a casa, pero cuando fuimos a abrir la puerta vimos que estaba abierta, la habían forzado. Me asusté mucho y apreté a los niños todo lo que pude contra mí.

-Esperad aquí, no os mováis, voy a ver qué ha pasado. – Cristian estaba muy serio.

-Ten cuidado, por favor. –añadí bastante asustada.

Entró despacio en la casa y nosotros nos quedamos fuera, podía escuchar los pasos de Cristian, lentos y no muy fuertes para no hacer ruido. Entonces se escuchó un fuerte golpe y algo que se había roto dentro de la casa.
Se abrió de golpe la puerta y apareció un hombre, no le había visto en mi vida. Era muy grande y su cara daba miedo solo con mirarla. Me miró y luego a los niños, yo coloqué detrás de mí a Evelyn y Eric y apreté fuete contra mi pecho a Luna.

-Aquí dejo un regalito. –dijo mientras me cogía del brazo.

Puse todo lo lejos que me fue posible a Luna. Pero el hombre me empezó a rajar por el brazo haciendo que gritara y me retorciera de dolor. Y luego me clavó el cuchillo en la pierna. Dejó una nota en el suelo y se marchó.

Yo grité con más fuerza y caí al suelo. Intenté que Luna no se escurriera de mis manos, pero perdía mucha sangre. Así que con las pocas fuerzas que me quedaban me acerqué a mis hijos, y cogí el móvil.

Marqué el número de Carlisle, sonaban los tonos y yo sentía que me desfallecía, pero tenía que aguantar. Entonces Carlisle cogió el teléfono, seguramente había visto en la pantalla que era yo.

-Hola, ¿qué tal estáis? –preguntó él.

Pero mis fuerzas estaban fallando por la pérdida de sangre y solo tuve fuerzas para decir una frase. –Ayuda… estamos en casa… -y sentí que todo se oscureció.
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