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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 31 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 44

44º- Dolor pasajero

Desperté, no recordaba casi nada, tan solo que después del ataque de ese hombre cerré los ojos y ya no supe más. Miré a mí alrededor y observé que estaba Esme agarrando mi mano. Al verme despierta se acercó y me abrazó.

-Hemos estado muy preocupados… Cuando recibimos tu llamada… -pero no pudo seguir hablando.

-¿Qué ha pasado? ¿Y Cristian y los niños están bien? –pregunté desesperada.

-Tranquila los niños están con Adriana y Pedro, los llevamos a su casa para que se quedaran con ellos. –explicó Carlisle. –Cuando nos llamaste fuimos corriendo y encontramos a los niños llorando y a ti sangrando. Te trajimos todo lo deprisa que pudimos.

-¿Y Cristian está bien? Oí un fuerte golpe antes de que aquél hombre saliera de la casa. –expliqué angustiada.

-Pues parece ser, que le tiró contra la mesa y se partió un brazo y una pierna, pero afortunadamente está bien. Ahora le están haciendo un par de pruebas. –respondió mi suegro.

-Suspiré de alivio al saber que mi familia estaba bien y a salvo. -¿Y a mí que me ha pasado? –quise saber.

-La raja del brazo ya la cosimos y no era demasiado profunda, pero te clavó el cuchillo en la pierna. Te seccionó la femoral y por poco te desangras, menos mal que llegué a tiempo. –añadió, su gesto era serio.

Pero aún seguía nerviosa, necesitaba ver a Cristian sano y salvo. Empecé a recordar todo el ataque, y me vino a la memoria que el hombre había tirado una nota a mi lado.

-Carlisle, el hombre que nos atacó tiró a mi lado una nota cuando me atacó, ¿Qué decía la nota? –me estaba alterando.

-Pues resulta que era un viejo compañero de facultad, que siempre fue muy envidioso, y piensa que le corresponde el puesto que tengo yo en el hospital. –expuso mientras buscaba algo en sus bolsillos. – La nota es esta.

Me la acercó y la cogí para leerla. “¿Te acuerdas de mí compañero? Soy Walter Smith, por tu culpa no me cogieron en el hospital y no me han ido bien las cosas. Lo va a pagar ese hijo tuyo que está acabando medicina. No quiero que otro Cullen nos quite el trabajo. Que vigile su espalda, puede que se le clave algún cuchillo o que le persigan…”

Estaba perpleja, y al leer sobre todo la última parte me asusté y empecé a llorar. Esme me abrazó para intentar calmarme. Pero la puerta de la habitación se abrió y reconocí esa voz tan familiar.

-Mel, mi princesa ¿Estás bien? –era Cristian que le traían de vuelta tras hacerle las pruebas.

-Sí, tranquilo, tu padre me ha contado lo que ha pasado. –alargué mi mano hasta que se unió a la suya. Nos incorporamos para abrazarnos como pudimos.

Estuvimos hablando hasta que terminó la hora de las visitas, pero como Carlisle trabajaba en el hospital, lo arregló para que Esme se quedara con nosotros. Además yo por lo de la femoral no debía mover la pierna y Cristian con una pierna y un brazo roto iba a necesitar ayuda durante bastante tiempo.

Por la noche, Cristian se durmió antes que yo, pero por fin me dormí, no paraba de recordar el ataque y era como si volviera a sentir el cuchillazo en la pierna. -¡AY! ¡Me duele! –grité con lágrimas en los ojos.

Noté que alguien me acariciaba en el hombro, era Esme que estaba sentada en el sofá de la habitación. –Tranquila, estás bien, ha sido una pesadilla. – dijo sonriendo.

Pero era verdad que seguía sintiendo un gran dolor en la herida, me destapé la sábana y el vendaje estaba cubierto de sangre, al verlo, Eme salió corriendo a avisar a su marido. Oí unos pasos muy rápidos y pronto apareció en la habitación.

-Cálmate, puede ser que se te saltara algún punto, pero no pasa nada, lo coseré enseguida. –explicó con calma.

Con todo el jaleo y mis gritos Cristian se despertó y al verme la pierna y los vendajes cubiertos de sangre se alteró mucho, su cara era de completa preocupación y angustia. –Mi princesa, ¿Qué ha pasado? –preguntó.

Fue Esme la que respondió. –Cristian, tranquilo, tuvo una pesadilla, y luego se le debió saltar algún punto, tu padre ha ido a por lo necesario para coserla de nuevo. Tienes que descansar, los dos, habéis pasado algo terrible, así que tranquilizaos. –Esme habló con tanta calma que consiguió apaciguarnos y calmarnos.

Me cosió los puntos y al fin respiramos un poco más tranquilos todos. Los días pasaban lentos, pero al menos estábamos juntos, si ese hombre se hubiera llevado a mi amor de mi lado, hubiera enloquecido, pero afortunadamente estábamos bien.

Echaba mucho de menos a los niños, Adriana los traía por las tardes para que estuviéramos con ellos. A Luna la dejé de dar el pecho, con las medicinas que me estaban poniendo no podía darla de mamar.

Los días y semanas fueron pasando, nos iban a dar el alta, pues a Cristian con las escayolas iba para largo, y yo ya tenía bastante mejor la herida de la pierna. Carlisle nos llevó a casa, Esme vendría siempre que nos hiciera falta, se pasaría a arreglarnos la casa y a preparar la comida y la cena.

Yo estaba casi recuperada, la herida estaba cicatrizando muy bien y casi andaba bien por completo. A Cristian le iba a llevar más tiempo, notaba que estaba irritado por no poder hacer nada por sí mismo.

Estaba muy borde, y eso me hacía sentir mal, como si me echara la culpa de todo lo que había ocurrido. Una tarde llamaron a la puerta, miré por la mirilla y era un hombre con un ramo de flores. Abrí la puerta con el seguro puesto por si acaso, ya no me fiaba de nadie.

-¿La señorita Melinda Fernández? –preguntó el hombre con una sonrisa.

-Sí, soy yo. –dije algo sorprendida.

-Esto es para usted, si me firma aquí. –dijo señalando un recibo. Firmé aún sorprendida. –Pues eso es todo. Muchas gracias y adiós.

-Gracias, adiós. –le dije mirando el ramo.

Era un ramo de una docena de calas blancas. Venían con una nota. “Mi princesa, se que estas últimas semanas me he portado fatal contigo y no tengo perdón. Quiero empezar a compensarte por mi actitud, no he sido un buen marido y tú te mereces todo lo mejor. Acepta mis disculpas. Eres la mujer de mi vida, la madre de mis hijos, y la chica más maravillosa y hermosa del mundo. Tu esposo que te ama”.

Cristian estaba sentado en el sofá sonriendo. Al leer la nota no pude evitar derramar algunas lágrimas y fui corriendo hacia él para abrazarle y darle un montón de besos.

Él se rió entre dientes. –Me encanta que me mimes tanto aunque no me lo merezca. Espero que aceptes mis disculpas, mi princesa. Lamento lo mal que me he comportado. –se disculpó.

-Cielo, ha sido un detalle precioso, claro que te perdono, sé que estás así por lo de la pierna y el brazo. –contesté aún emocionada.

-Cuando esté recuperado nos vamos a ir todos juntos de viaje a algún sitio, a Disney Land París para que los niños disfruten, que aún no hemos tenido unas vacaciones en familia. – comentó muy alegre.

Esa noche dormimos muy bien, sobre todo yo. La verdad es que con lo afectuoso que había sido Cristian, cuando estuvo tan borde me dolía el alma, con todo lo que le amaba. Pero me acababa de demostrar que seguía siendo ese chico tan maravilloso del que estaba perdidamente enamorada.
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