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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 11 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 8

8º- Problemas a la vista

Por fin tras un par de semanas, dejaron que me fuera a casa, aún tendría que estar con la escayola pero podía hacer vida normal. Además que estaba harta de estar tumbada todo el día en la cama.

No les dije a mis padres nada sobre Cristian, aún llevábamos muy poco saliendo, y quería esperar hasta llevar más tiempo con él. A él no le importó, dijo que no le importaba ir despacio. Acordamos que tampoco le diría nada a sus padres.

Todos los fines de semana quedábamos para salir juntos, pero como yo aún tenía la escayola solíamos ir a cenar a algún sitio tranquilo o al cine. Para que no tuviera que estar de pie muchas horas, íbamos en su coche, un Volvo plateado precioso. Y me ayudaba a salir del coche y a caminar.

Además entre semana intentaba recogerme siempre que podía en el cole, para evitar que me encontrara con Enrique. La verdad es que no podía negar que cada vez me enamoraba más y más de él por lo maravilloso que era.

Pero un viernes al salir del cole, me había dicho que no me podría recoger, así que me fui hacia la parada del autobús. No estaba demasiado lejos del cole, pero con la escayola tardaría mucho andando.

Esperé en la marquesina del autobús, pero tardaba mucho. Me estaba impacientando pero sabía que andando tardaría muchísimo y acabaría muy cansada, así que seguí esperando.

Decidí levantarme para estirar un poco las piernas, con eso de la escayola se me estaban agarrotando demasiado los músculos. En ese momento, noté que perdí el equilibrio, alguien me había empujado.

Fue como verlo a cámara lenta, veía como caía directa hacia el suelo, e intenté protegerme el pecho y la cara para no sufrir demasiados daños. Después de unos segundos que parecieron interminables caí del todo.

No me hice demasiado daño, pero la pierna escayolada se resintió un poco del golpe. Creí que habría sido que alguien me había empujado sin querer. Pero me di la vuelta para intentar levantarme, cuando recibí una patada en el estómago, me hizo gritar de dolor, pero por desgracia, nadie me oyó porque era una calle poco transitada.

Intenté mirar a mi agresor, y pude ver que se trataba de Enrique, ese chico que a veces me seguía. Intenté preguntar porqué me atacaba, pero entonces me tumbó boca arriba, y me sujetó las dos manos por encima de mi cabeza con una de las suyas.

Con la otra mano buscaba el botón de mis pantalones, intentaba quitármelos. Por todos los medios intenté que me dejará, intenté soltarme una de las manos y cuando lo conseguí le arañé en la cara.

-¡Puta! Te voy a hacer mía aunque no quieras. Desde hace tiempo que te veo y estoy deseando que seas mía y lo vas a ser ahora. –Decía mientras me besaba por el cuello e intentaba llegar a mi boca.

Pero yo se lo trataba de impedir por todos los medios, apartaba la cara y me movía para intentar soltarme. Al fin conseguí soltarme, intenté caminar pero con la escayola perdí el equilibrio y empecé a arrastrarme, quería salir de allí como fuera.

Al ir arrastrándome me atrapó pronto, y siguió con su agresión. Me quitó los pantalones, y me rasgó la camiseta. Sus manos me tocaban por todos lados, y yo no paraba de llorar. Intentaba gritar pero estaba bloqueada. Lo único que podía hacer era intentar escaparme pero me resultaba imposible, pues mi agresor era más fuerte que yo.

De repente Enrique se apartó de mi, y le oí gritar. No entendía lo que había pasado, y miré hacía donde estaba. Entonces vi a Cristian peleándose con él. Justo detrás de ellos estaba el coche de Cristian con la puerta abierta. Había salido a toda prisa para ayudarme.

Yo estaba aterrada por toda la situación pero lo que más temía es que Enrique le hiciera algo malo a Cristian. Me quedé acurrucada llorando tenía demasiado miedo para reaccionar.

Por fin, pasaron un par de chicos por la calle, que al verlo vinieron a verme pero yo no quería que se me acercaran, y les señalé a Cristian para que fueran a ayudarle. Le ayudaron y entre todos, sujetaron a Enrique y uno de ellos llamó al a policía y a una ambulancia.

Cristian se acercó a mi muy preocupado, pero cuando intentó tocarme me puse a llorar más intensamente, sobre todo por el miedo a que le hubiera pasado algo.

Él lo malinterpretó y pensó que le tenía miedo a él. Se quedó sin moverse, a la espera que de dijera o hiciera algo.

Al verle tan preocupado, lloré más, pero en esta ocasión, me moví hacía él, necesitaba que me abrazara, sentirme segura entre sus brazos. Me abrazó muy fuerte y me besó en los cabellos.

-Amor mío, lo siento muchísimo. Al final si que pude venir a buscarte, y me imaginé que con un poco de suerte te pillaría esperando el bus. Entonces he visto lo que ese mal nacido te estaba haciendo... y casi enloquezco. –Me dijo mientras me tapaba con su chaqueta ya que me vio sin los pantalones y con la camiseta rasgada. –Ya han llamado a una ambulancia y a la policía y ya vienen a buscarnos. –Dijo cogiéndome en brazos y llevándome hacia el asiento de su coche.

Esperamos a que llegara la policía para tomarnos declaración y que se llevaran a Enrique a la comisaría. En seguida llegó la ambulancia, y después de hacerme un rápido examen, decidieron llevarme al hospital para hacerme algunas pruebas.

“¡Otra vez al hospital no! Verás que cabreo que cogen mamá y papá”. Me dije a mi misma mientras la ambulancia iba de camino al hospital.

Dejaron venir a Cristian conmigo en la ambulancia, y no me soltó la mano en todo el camino. Además con la mano que le quedaba libre me acariciaba en la cabeza, notaba que estaba preocupadísimo, notaba esa chispa de culpabilidad, igual que cuando el atropello.

Así que me aparté un poco la mascarilla de oxigeno que me habían puesto, y comencé a hablar con él. –Cielo, tienes esa misma mirada que cuando lo de mi atropello, como si tú tuvieras la culpa, y el único culpable es Enrique. No te sientas mal por favor, que así me pongo peor. –Dije sin soltarle la mano.

Cristian me volvió a poner la mascarilla, y puso una sonrisa sin ganas. –Claro que ha sido culpa mía. Tenía que haberte ido a buscar y si no avisarte de que iba para que me hubieras esperado, de esa forma no te hubiera pasado nada de esto. –Dijo con la voz entrecortada.

-Por favor, no te eches la culpa, así me voy a sentir peor, la culpa ha sido mía por no haberme podido defender. Pero tenía más fuerza que yo. Por más que lo intentaba no me podía soltar.-Al recordarlo no puede evitar ponerme de nuevo a llorar, y Cristian me abrazó muy fuerte.

-Mi vida, tranquila, que no te va a pasar nada. Ya se han llevado a Enrique y no te va a volver a poner un dedo encima. Porque la próxima vez que le vea le romperé la cara. –Añadió en tono muy seco y serio.
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1 rosas :

Margy dijo...

JO! q mal. Pobre Melinda nunca va a salir del hospital. ¿Y por qué Cristian se siente tan mal?... será q es demasiado bueno o hay algo detrás... jiji vamos a seguir leyendo.

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