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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 12 de octubre de 2009

En el nombre del amor capítulo 9

9º- Pasión sin límites

Una vez en el hospital y tras algunas pruebas, me preguntaron si había abusado de mi, yo les dije que no, que no había podido porque justo en ese momento había llegado Cristian. Pero por si acaso me hicieron la prueba de la violación.

Cristian no se separó de mi lado. Al final solo tenía algunas magulladuras, y por suerte la pierna escayolada no había sufrido nada. Así que dijeron que pasara la noche en el hospital para que me hiciera efecto el calmante que me habían dado.

Me quedé algo adormilada a causa del calmante, y Cristian se recostó conmigo en la camilla. Y empezó a acariciarme por la cara y los brazos. –No sé lo que habría echo si ese cerdo encima hubiera conseguido su objetivo. Lamento que te haya pasado todo esto. Te prometo que nadie volverá a hacerte ningún daño. – Tras decirme esto empezó a besarme.

Pero me aparté, aún recordaba como había estado intentado besarme Enrique y como me había tocado todo el cuerpo. Y comencé a sollozar. Cristian se apartó un poco y miró con una cara de verdadero dolor. –Lo siento amor mío, he sido un idiota. Lo lamento, no quería hacer eso, supongo que lo que menos te apetece en estos momentos es que un chico te toque. –Y con la yema de los dedos me acarició la mejilla.

-No es eso cielo, es que me has pillado por sorpresa, solo quiero que me toques tú, necesito saber que soy sólo tuya. Necesito que me acaricies y que me des todo tu amor. –Al decir esto, le empecé a besar, y él correspondió a mi beso algo dubitativo.

Pero según nos íbamos besando y dándonos cariño y amor, nos acercábamos más y más. Empecé a respirar cada vez más deprisa, mis manos le acariciaban por cada parte a la que llegaba.

Cristian se tumbó más en la cama, poniéndome con cuidado encima de su pecho. Y me acarició desde el cuello hasta el final de la espalda, haciendo que me recorriera un escalofrío, y no pude evitar sonreír.

-Oye no deberíamos hacer esto, tal vez entre alguna enfermera o alguien. –Le dije casi sin aliento.

Él se rió. –No va a entrar nadie. Le dije a mi padre que como yo me quedaría contigo que no te molestara nadie. Que si necesitabas algo ya avisaría yo a una enfermera. Así que nadie nos va a molestar en toda la noche. –Dijo mientras me dio un beso en la punta de la nariz.

-¿Y mis padres? Tenía que haberles avisado. –Dije algo preocupada.

-No te preocupes, como sé que ahora mismo no estarás para sermones, le dije a mi hermana Adriana que llamara diciendo que era una amiga tuya y que te quedabas a dormir con ella. –Dijo mientras me abrazaba. –Ya tendrás tiempo mañana de contárselo con calma.

Le miré y me alegré, lo que menos quería en ese momento era ver a mis padres -Bueno si nadie nos va a interrumpir, entonces puedes seguir por donde ibas. Creo que me ibas a volver a besar. –Dije sonriendo.

Entonces me volvió a besar, esta vez fue un beso muy intenso y largo. De verdad sentía que me quería, que me amaba, solo a mí. Entonces comenzó a quitarme el pijama que me habían dado ya que me había quedado sin mis ropas durante el ataque. Me tumbó y se puso encima, y se empezó a desnudar él también.

En cuanto se quitó la ropa pude admirar lo guapísimo que era, y era todo mío. Eso me hizo sentir pletórica, acariciando su musculoso pecho, y besándole por el cuello, haciendo que sonriera.

Me terminó de quitar el pijama, y se quedó quieto mirándome, eso me dio mucha vergüenza, así que intenté taparme. Pero él me detuvo. –No por favor, eres preciosa, me tienes loco Mel. –Dijo mientras me besaba en el cuello.

Entonces comenzó a bajar por mi cuello, llegando a mis pechos. Empezó a rozarlos con sus labios, eso me hizo estremecer y sonreír. Al notarlo comenzó a besármelos y eso me aceleró la respiración.

Le empujé los hombros hacía abajo, quería que siguiera acariciándome por todo el cuerpo, y él comprendió en seguida lo que pretendía. Así que rozándome el cuerpo desnudo llegó hasta mi intimidad.

Primero me acarició muy despacio esperando mi reacción que no se hizo esperar. Pues al notar que me acariciaba la intimidad, no pude evitar sonreír y estremecerme.

Eso hizo que Cristian se encendiera, estaba sediento de amor por mí, y quería hacerme sentir mucho placer, eso era lo que me decían sus penetrantes ojos que ardían por la pasión.

Así que comenzó a acariciarme más y más mi intimidad, y eso me hizo emitir un gemido. Le apreté en los hombros para indicarle que siguiera, por lo que no le bastó con la mano y comenzó a acariciarme la intimidad con su lengua.

Eso me hizo sentir un placer como nunca antes. Era una sensación maravillosa, ahí estaba yo con el chico más estupendo que había en el mundo, y me estaba dando un placer único.

Le agarré para que volviera a subir hasta mi boca, y le besé. Le empecé a susurrar al oído casi sin aliento. –Deja que yo también te demuestre lo mucho que te amo. –Y le hice una seña para que se tumbara él y yo me puse encima.

Tuve cuidado de no hacerme daño en la pierna escayolada, fui dándole besos, bajando por el cuello y por su musculoso pecho, hasta que llegué a su miembro erecto. Y comencé a acariciarlo con la mano, subiendo y bajando en un movimiento cada vez más rápido.

Al hacerlo, miré a Cristian a la cara y tenía los ojos cerrados y estaba soltando un gemido de placer. Eso me animó a seguir, y no tardé en hacerlo con mi boca. En cuanto comencé a hacerlo con la boca, pude ver que su respiración se aceleraba y gemía con más fuerza.

Me cogió de los hombros y me llevó hasta él, para volver a besarme de esa manera tan apasionada. Y entonces me colocó para que me introdujera en él. Eso me hizo gemir de placer.

Entonces comenzamos a movernos de forma acompasada, jamás había experimentado esa cantidad de placer. Sus caricias no cesaban por cada parte de mi cuerpo, y yo hacía lo mismo, estábamos demostrándonos todo el amor que sentíamos. Y llegamos al clímax mi amado y yo.
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1 rosas :

Bellita dijo...

Hola soy bellita gomez (: del tuenti :D me encanta tu historia :D yo tambien escribo una en el blog apsate y comenta plis unbes :D

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DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.