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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 15 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 10

10º- Complicaciones

Esa noche nos habíamos entregado el uno al otro. Demostrándonos ese amor que se había forjado en tan poco tiempo. Un amor sincero, él era maravilloso, no había nadie como él en el mundo y parece ser que me amaba, era perfecto, era mi historia de cuento, y él era mi príncipe.

Me fui a trabajar como todas las mañanas, por las tardes solía recogerme en su coche y cada día en el asiento cuando me iba a sentar encontraba una cala blanca, era inevitable no sentirme feliz, cuando un ser tan maravilloso me amaba y protegía de esa forma.

Uno de los días, Cristian me llamó que estaba en un atasco porque un par de coches se habían chocado, así que estaría ahí parado bastante rato. Que caminara por la calle hasta encontrar su coche y montarme.

Así que comencé a caminar, de echo ya podía distinguir su precioso coche, lo que me hizo sonreír. Pero al andar otros pocos pasos y ya estar más cerca de su coche, noté un tirón del bolso.

Me hizo caer y me di un gran golpe en la cabeza. Pude distinguir a dos chicos de unos 15 años, que me estaban robando y que además uno de ellos empezó a darme patadas y me rompió la ropa. No solo eso, sino que me hizo varias rajas por el cuerpo, no pude evitar gritar.

-Pero bueno… si es una preciosidad… espera, que me quiero divertir un poco… Además ya que le he roto la ropa puedo aprovechar. –dijo el chico mientras comenzó a romperme más la ropa.

-¡NO, NO, DEJADME EN PAZ! –grité intentando zafarme de ellos, pero como eran dos no podía soltarme.

Entonces noté como el chico que estaba encima de mí comenzaba a tocarme, y el otro sin dejar que me moviera también. Era una situación de la que no tenía escapatoria, sabía lo que ocurriría, justo lo mismo que había pretendido hacer mi hermano y que casi lo consigue…

Yo no paraba de patalear y de gritar, intentando liberarme de forma inútil. Pero pude escuchar una voz familiar para mí. -¡DEJÁDLA EN PAZ! –era Cristian con gesto muy furioso, que cogió a uno de los chicos y de un empujó lo apartó de mi.

El otro chico quiso atacarle, pero Cristian era más fuerte y grande que él, así que sin problemas se lo quitó de encima. Les dio un puñetazo para dejarlos inconscientes y marcó el número de la policía.

Los que estaban atrapados en el atasco se bajaron al ver todo lo ocurrido y ayudaron a vigilar a los chicos para que no se escaparan. Yo me había quedado paralizada, me dolía mucho la cabeza, y todo se quedó en negro…

No había perdido el conocimiento, pero no podía ver nada, estaba todo oscuro. -¿Dónde estás Cristian? No te veo… ¿por qué no veo nada? –comencé a gritar de la angustia, restregándome tanto los ojos que me habían empezado a escocer.

-Tranquila, preciosa. Estoy aquí contigo. –Noté que unos brazos me rodearon y me besó en los cabellos.

-No veo, no veo nada… -me puse a llorar de una manera tan fuerte que noté como se le agitó la respiración a Cristian.

-Voy a llamar a mi padre y que venga. Tranquila mi preciosa, todo se va a solucionar. -Pero noté que se apartaba un poco, y después pude sentir que me estaba tapando los cortes. Estarían sangrando mucho y pretendería detener la hemorragia.

Sentí que perdía las fuerzas y la conciencia, me sumí en un mar de dolor, sobre todo por no haberme sabido defender. Y porque no veía nada, nunca podría volver a ver, nunca podría hacer nada sola o no al menos sin bastante ayuda.

Noté que lloraba, con lo que ya estaba despierta, sentía caer las lágrimas por mis mejillas, pero no podía ver nada. Agité las manos en busca de alguien que estuviera conmigo, y sentí que una mano me acariciaba la mía.

-Cálmate, estás en el hospital, te han curado los cortes, y bueno… mi padre te ha estado mirado. Ha dicho que a causa de un golpe en la cabeza, tienes tanta presión en el cerebro que oprime el nervio óptico y no te permite ver. Si no reducen pronto la presión la ceguera podría ser permanente. –explicó la melodiosa voz de Cristian.

-Yo… recuerdo que cuando me tiraron al suelo me di un golpe en la cabeza y me dolía mucho. Y luego… -comencé a llorar al recordarlo. – intenté liberarme pero eran dos… y no tenía fuerza suficiente…

-Shhhh, calma, no te alteres. Mi padre me ha dicho que tienes que estar tranquila. Un amigo suyo que trabaja en este hospital es muy buen neurocirujano y ha dicho que si reduce la presión vas a poder ver de nuevo. –explicó abrazándome para intentar calmarme.

Seguí llorando abrazándome todo lo fuerte que podía a él, pero me dolían los cortes. Él me acariciaba el pelo, y eso me tranquilizó un poco. Al cabo de una hora entró alguien en la habitación.

-Melinda, tranquila, Cristian ya me ha dicho que te ha contado lo de la operación. Te vamos a llevar ahora al quirófano para que puedan reducirte la presión y que recuperes la visión. Puede que después de la operación tardes unas horas, pero no te angusties. –era Carlisle, su voz sonaba tan tranquila que me relajé un poco

Cristian se abrazó a mí, y pude sentir como se acercaba, porque oía su respiración cada vez más cerca. –Tranquila, mi preciosa chica. Ya estas a salvo y pronto podrás volver a verlo todo. –tras lo que me dio un beso muy dulce en los labios.

-Tengo miedo… ¿y si no sale bien y me quedo ciega? –volví a llorar.
-No digas eso, tenemos que ser positivos. Si saliera mal… pues yo estaré contigo, eso no lo dudes nunca. Pero va a salir bien, tengo un presentimiento. –aseguró Cristian de una forma muy segura.

Me dio otro beso, esta vez un poco más largo. Cuando oí una voz, que decía que ya era la hora. Noté como se movía la camilla, así que ya me estaban llevando de camino al quirófano, estaba algo nerviosa. Pero entonces alguien me cogió la mano.

-Tranquila, yo estaré presente toda la intervención. Aunque mi especialidad es cardiología he pedido que me dejen estar en el quirófano. –era Carlisle.

-Vale, muchas gracias de verdad. –dije algo más tranquila.

Sentí como se detenía la camilla, ya debíamos estar en el quirófano, y entonces me fui quedando dormida, hasta que no sentí nada. En ese sueño provocado por la anestesia, solo podía tener en mi mente la cara de Cristian, su sonrisa, sus ojos… deseaba poder volver a mirarle.
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