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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 15 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 11

11º- Al fin algo de tranquilidad

Estuve soñando con Cristian no sé durante cuanto rato, era como estar en el limbo, pero esa sensación desapareció, imaginé que la operación había terminado. Noté algunas molestias en la cabeza y me picaban los ojos, comprendí que me estaba despertando.

Intenté abrirlos pero notaba unas vendas o algo que los tapaban. Subí mi mano para tocarme la cabeza, pero una mano me detuvo. –Preciosa, estoy aquí contigo, la operación ha salido muy bien, dicen que en unas horas empezarás a ver, y que mañana seguramente verás bien por completo. –era la voz de Cristian, sonaba relajada.

-Me molesta la cabeza, me duele un poco… -dije algo dolorida.

-Lo sé, pero no te puedes tocar, voy a llamar a mi padre para decirle que estás despierta y que te den un calmante para el dolor. –sentí que me acariciaba la cara.

-Recuerdo muy lejano todo lo que ha pasado, ¿qué ocurrió con los chicos esos? –pregunté intrigada y nerviosa.

-Tranquila, se los llevaron detenidos y puse una denuncia contra ellos. Iremos a juicio por agresión. Pero ya estás a salvo, ahora lo importante es que te recuperes bien. Yo voy a estar contigo. –explicó.

-Pero… ¿y tu trabajo? No puedes estar faltando. –repliqué.

-Tranquila, le pedí al jefe unos días libres, por lo menos hasta que salieras del hospital y está de acuerdo. –explicó el.

Nos interrumpió una voz muy familiar. –Bueno, ya me ha dicho Cristian que estás despierta, y como ya sabes, la operación ha salido muy bien. En un rato te vamos a quitar las vendas de los ojos para comprobar que empiezas a recuperar la visión. –dijo Carlisle, su voz me tranquilizaba mucho.

Tras dos horas, vinieron a quitarme los vendajes, y hacer la prueba para ver si mis ojos comenzaban a ver de nuevo. Pude notar los ojos libres de vendas y sentí que estaban libres, comencé a abrirlos despacio.

Parpadeé varias veces, y comencé a ver diferentes bultos que serían las personas que se encontraban en la habitación. Una estaba más cercana, podía distinguir su cercanía.

-Preciosa, ¿puedes verme? –era la voz de Cristian.

Pero no lograba enfocarle del todo, sabía que había una persona delante de mí, sabía que era mi amado, pero no le veía, solo veía el bulto. No podía distinguir su cara de ángel, sus preciosos ojos azules que tanto me hipnotizaban… Fue inevitable que me pusiera a llorar.

-No, no te veo… distingo tu figura pero no consigo verte… -mi llanto aumentó y noté como me abrazaba.

-Tranquila, ya verás mejor dentro de unas horas. –susurró en mi oído.

-Claro. –admitió Carlisle. –Tómatelo con calma, irás recuperando la vista, pero poco a poco.

Oí pasos que salían de la habitación y otros que entraban. Los brazos de Cristian se apartaron de mí, enseguida noté otros brazos que los sustituían. –Cariño… nos llamó Cristian para contarnos todo lo que había pasado, ¿Cómo te encuentras? –era Esme, su voz estaba llena de angustia.

Sentí otros brazos más encima de los de Esme, supuse que serían los de Adriana. -¿Necesitas algo? –preguntó ella.

-Por favor, no la agobiéis. Dejad que respire un poco. Papá acaba de irse y ha dicho que irá recuperando la visión poco a poco, cree que mañana ya verá bien. –les explicó Cristian.

Estuvieron un rato más, su visita me distrajo un poco y estaba un poco más animada. Pero seguía muy abatida porque no conseguía más que distinguir bultos, no podía ver bien y eso resultaba muy frustrante.

Se despidieron dándome un abrazo, me dijeron que al día siguiente como me daban el alta, pues que irían a casa a verme. Al fin nos quedamos a solas Cristian y yo, y yo busqué sus brazos para que me abrazara.

Le rocé la cara con las manos, intentado enfocar su cara y poder verle, pero no era capaz. Me estaba desesperando, y volví a llorar, él me abrazó fuerte y me estuvo dando caricias y besos para animarme.

Por fin conseguí dormir, el cansancio pudo conmigo y me quedé dormida, pero Cristian no me soltó la mano, la sentía conmigo y eso me aliviaba un poco. Después de soñar con él, con verle de nuevo y mirarle a sus preciosos ojos, me desperté.

Abrí los ojos y pude verlo todo, pude ver a Cristian. Estaba tumbado en el sofá de la habitación, pero aún teníamos la mano cogida. Estaba guapísimo, más guapo de lo que lo recordaba, dormido era maravilloso, no sabía lo mucho que echaba de menos mirarle.

Me incorporé sin soltarle la mano, y me levanté, me dolían un poco los cortes que tenía pero me daba igual, necesitaba sentirle y verle más cerca. Di un par de pasos y me puse a su lado, le di un tierno beso en los labios.

Entonces al roce de mis labios abrió los ojos y se incorporó, al verme allí a su lado fuera de la cama y mirándole se quedó muy extrañado. -¿Qué haces levantada? ¿Ya puedes verme? – preguntó.

-Sí, cuando me he despertado te he podido ver, y dormido estabas hermoso, echaba mucho de menos poder mirar esos maravillosos ojos. –reconocí muy feliz.

Se levantó corriendo y me cogió en brazos, comenzó a darme muchos besos, casi no me dejaba tiempo para respirar. – ¡SIIIIIIIIIIIIIII! ¡Es fantástico! ¡Es maravilloso! Ahora todo está bien. –siguió besándome.

Estaba pegando tantos gritos de la alegría, alguien entró casi corriendo en la habitación. Era Carlisle, pudo vernos, Cristian me tenía en brazos y estaba sonriendo como nunca. Su padre se imaginó la razón de su alegría.

-¡Hola, Carlisle! –le dije mirándole a los ojos.

-Es fabuloso, no pensé que fuera tan rápido, creí que tardarías más en ver bien por completo. –admitió.

-Bueno… de lejos aún veo algo borroso, pero de cerca… -miré a los ojos a Cristian. –lo veo todo muy bien. –y le di un beso en los labios.

-Esto hay que celebrarlo, ¿no crees papá? –dijo Cristian mirando a su padre.

-Claro, esta noche nos iremos a cenar todos juntos. Voy a reservar en un restaurante. Bueno os dejaré a solas, mientras llamaré a las chicas para decirles la buena noticia. -Y salió de la habitación.

Me sentó en la cama y se quedó mirándome, me abrazó muy fuerte. -¡Qué susto me llevé! Y te veía tan mal que no sabía ni qué decirte… Pero me alegra tanto que ya estés recuperada… No sabía ni qué hacer para animarte. –reconoció con la mirada algo triste.

-Yo… siento haberte preocupado, he estado muy llorona, pero me ponía muy triste no poder ver tu hermosa cara, era como estar en el infierno, todo oscuridad, sin la claridad de tu mirada. –le acaricié la mejilla con la yema de los dedos.

-Esta noche hay que disfrutar, vamos a estar muy bien los 5. –me abrazó y me besó en los cabellos.

Me sentía muy bien, volver a ver su cara y sus ojos, me había emocionado, y su familia… me trataba como si fuera una más, era fantástico, ahora tenía una familia que me quería y que se preocupaba por mi bienestar.
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