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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 18 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 15

15º- El juicio

Llamaron al estrado al señor Walter Smith. – ¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? –preguntó el alguacil.

-Lo juro. –dijo él con una sonrisa.

-Como sabe, los hechos que se le imputan son muy graves. Se le acusa de maltrato continuado a su hija Gabriela de tres años. ¿Es eso cierto? –preguntó su abogado David Valero

-No lo es, yo jamás he maltratado a mi hija. –dijo muy convencido.

-No tengo más preguntas, señoría. –respondió su abogado.

El juez miró a nuestro abogado, Alfonso Olmedo. – ¿Tiene preguntas para el acusado?

-Con la venia, señoría. –contestó mientras se levantaba.

Se acercó al acusado y se quedó frente a él. –Señor Smith, ¿mantiene que nunca ha maltratado a su hija? ¿Jamás la ha pegado? –le preguntó.

-Exacto, nunca he tocado a mi hija. –respondió él muy seguro.

-Entonces, Señor Smith. Dígame ¿cómo es posible que tuviera moratones por el cuerpo cuando mi cliente les vio en la calle? – dijo Alfonso.

-Pues ese día habíamos ido a comprar y se cayó por el camino, yo nunca la he pegado. –Repitió.

-Puede decirnos, ¿de qué son todas las lesiones antiguas, que han detectado los médicos al examinarla? –preguntó Alfonso.

-YO NO LA HE PEGADO, ES ESA NIÑA, SE PORTA MAL. LA CASTIGO COMO MERECE. –gritó enfadado.

Toda la sala comenzó a cuchichear, se revolucionó ante su reacción y sus palabras. –Orden en la sala. –Dijo firmemente el juez.

-Letrado, puede proseguir. –siguió el juez.

-No tengo más preguntas, señoría. –contestó Alfonso.

Volvió hacía su asiento, se le veía muy contentó. Se nos acercó al oído. –Esto va muy bien, en el informe se detallan muchísimas lesiones anteriores, sin duda, fruto de repetidos maltratos. Y con la reacción que acaba de tener, creo que está bastante claro. – respondió susurrando.

Llamaron a declarar a la asistente social, para que contara las evaluaciones que nos habían echo a nosotros, a la niña y la valoración sobre nuestra casa, para ver si era un lugar apto.

-Después de evaluar a la pareja, su hogar y hacer una evaluación a la niña tengo varias conclusiones. –comenzó la asistente social. –En primer lugar, son dos personas equilibradas, con una buena relación, con trabajos estables; y todos estos meses han ido cada tarde a visitar a la niña para estar con ella. En segundo lugar, su casa es un hogar adecuado, hasta he podido comprobar cómo tenían preparada una habitación para la pequeña Gabriela.

Entonces sacó unos informes y se los acercó al juez. –Y por último, hice una evaluación a la niña, comprobé que los quería mucho, que la atendían como es debido, y saqué varias conclusiones. La niña ha sufrido maltratos repetidas veces, la niña le tiene miedo, y lo que intentaba aquel día que la señorita Melinda Fernández la encontró, era escaparse de casa. Me dijo que intentaba pedir ayuda porque la estaba pegando su padre. –terminó de decir.

El jurado y el juez tenían que deliberar, al día siguiente sabríamos la decisión final, si podríamos adoptar a la pequeña o no. Estaba muy nerviosa, esa noche no pegué ojo. Por lo que pude comprobar Cristian estaba también muy nervioso y no podía dormir.

-Cielo, ¿tampoco puedes dormir? Yo estoy de los nervios, quiero tenerla en casa. –admití abrazándome a él.

-Lo sé, yo también lo estoy deseando, pero ya oíste a nuestro abogado, la cosa pinta muy bien. Además mañana saldremos de dudas. Tenemos que intentar dormir un poco. –murmuró mientras me besaba en la frente.

Por fin el cansancio nos venció y pudimos dormir. Por la mañana fuimos al juzgado de nuevo y nos sentamos. El alguacil habló. –Todos en pie, preside el honorable juez Juan Cárdenas.

Nos levantamos y luego el juez dio permiso para que se sentara toda la sala. El juez se dispuso a hablar. –Tras la deliberación del jurado, y después de haber estudiado el caso con detenimiento. He decidido retirar la custodia de la niña al señor Walter Smith, al que se le acusará de malos tratos físicos y psicológicos hacia su hija. No podrá recuperar la custodia de su hija, y la madre de la niña al estar ingresada en un psiquiátrico no podrá hacerse cargo de ella. –comentó muy serio.

El señor Walter Smith se empezó a poner furioso pero su abogado trataba de calmarle para que no armara ningún escándalo. El juez prosiguió hablando. –Por otro lado, y teniendo en cuenta las declaraciones de la asistente social, apoyadas en sus evaluaciones, creo más que oportuno que sea efectiva la adopción de la niña. Dejando al señor Walter Smith sin posibilidad ninguna de recuperar la custodia de su hija. Eso es todo. –dio con el martillo en la mesa y se levantó.

Nosotros comenzamos a dar saltos de alegría y nos abrazamos, dándole las gracias al abogado de la familia. La asistente social que estaba con la niña viendo el juicio, nos la acercó para que la abrazáramos.

-Pequeña, vamos a poder adoptarte, seremos tus nuevos papás. –dije con alegría.

-Yupi, mis papis, os quero muso. –contestó mientras me abrazaba y Cristian nos abrazaba a las dos.

La asistente social que aun estaba al lado nuestra, sonrió y se puso a hablar con nosotros. –Mañana mismo terminamos todo el papeleo y os la podréis llevar a casa. Enhorabuena. –hijo el amago de coger a la niña pero ella se apartó y escondió la cara entre mi pelo.

Yo tampoco quería que se separara de nosotros, pero solo sería un día. Así que hice que me mirara a los ojos y le sonreí. –Pequeña mía, solo es esta noche, mañana vendrás con nosotros. ¿Vale? –pregunté con una sonrisa.
-No… yo quero tar con mis nuvos papis. –dijo sollozando.

Cristian sonrió, la cogió en brazos y le besó en la frente. –Mi niña, mamá tiene razón, sólo es una noche, y mañana estaremos los tres en casa. –respondió él.

-Bueo… vae pedo maniana quero tar con mis papis. – y le dio un beso a Cristian en la mejilla.

La asistente social la cogió en brazos y según caminaba nos decía “adiós” con la mano. Yo me abracé a Cristian. –Me parece increíble que después de 4 meses vayamos a tener por fin a la pequeña en casa. –susurré con lágrimas de alegría en los ojos.

-Lo sé, ahora voy a estar con dos princesitas en casa, ¡qué afortunado soy! Se me está ocurriendo que podíamos hacer una fiestecita en casa, comprarla algunos regalos y así que conozca a mis padres y a mi hermana. ¿Qué opinas? –me preguntó muy ilusionado.

-Claro que sí. Va a ser estupendo, llámalos para contarles la buena noticia y así que nos ayuden a prepararlo todo para mañana. –respondí dándole un beso.

Un día, era lo único que teníamos que aguantar para poder tener a la niña con nosotros. Durante la cena estaba ansiosa, como lo está un niño durante la cena en la noche de reyes, sabiendo que tras unas horas llegaría el esperado regalo.
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