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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 19 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 16

16º- Conociendo a la nueva familia

Me desperté por la mañana bastante pronto a pesar de faltar bastante para ir a trabajar, estaba muy nerviosa, y aunque sabía que esta misma tarde iríamos a recoger a Gabriela no podía estar mas contenta y feliz.

Esa tarde después de recogerla la traeríamos a casa y le estábamos preparando una fiesta. Adriana se encargaría de comprarle ropita y algunos juguetes. Esme prepararía algo de comer, y yo estaba decorando la casa junto con Cristian.

-Preciosa, ¿te tranquilizas un poco? Estás de los nervios. –comentó Cristian, mientras hinchábamos globos y poníamos guirnaldas.

-Lo sé, pero es que tengo tantas ganas de tenerla aquí en casa… parece que no va a llegar nunca la hora de ir a recogerla. –dije ansiosa.

Nos fuimos a trabajar, yo estaba muy contenta, y estuve pendiente del reloj cada 5 minutos. A la salida del colegio, Cristian me vino a recoger para ir en el coche a recoger a la pequeña Gabriela, a nuestra pequeña a partir de ese día.

Llegamos y la niña estaba esperando con una maletita, al lado estaba la asistente social. Me bajé del coche y la niña vino corriendo. La cogí en brazos y me puse a llorar de la emoción, Cristian nos abrazó a las dos, por fin había llegado el momento de estar los tres como una familia.

-Mami, te quero muso. –dijo la niña agarrándose fuerte a mi cuello.

-¿Y a mi no me dices nada pequeñita? –preguntó Cristian haciendo un puchero fingido.

-Siiii, te quero muso tamién papi. –y le dio un beso en la mejilla.

-Bueno, si necesitan algo ya saben mi teléfono, y dentro de 1 mes iré a hacerles una visita para comprobar como va todo. ¿De acuerdo?- comentó la asistente social.

-Claro, es estupendo. Muchas gracias por todo. –contestó Cristian.

Llamé desde el coche a la familia para que estuvieran en casa cuando llegáramos, y en unos minutos estuvimos allí. Entramos dentro de la casa y Cristian llevaba en brazos a la niña.

La casa estaba con guirnaldas, adornos y muchos globos. La niña al verlo se puso a sonreír mucho. Entonces de la cocina salieron los padres de Cristian y su hermana. -¡Sorpresa! –dijeron a la vez.

-Mira Gabriela, estos serán tus abuelos y esta va a ser tu tía. La dije señalando a cada uno. Ella los miró detenidamente a cada uno, con cara de completa curiosidad. Pero Esme se acercó y le abrió los brazos.

La niña hizo el amago de ir con ella y Esme la cogió. –Hola, eres muy guapa. –dijo ella sin dejar de mirarla.

-¿Ere mi yaya? Siiiiii quero a mi yaya. –contestó la niña.

Adriana y Carlisle se acercaron, y ella dio un beso a cada uno. Nos sentamos a comer algo, la niña estaba muy sonriente, se la veía contenta de tener una familia, de sentirse querida.

-Mira, tesorito, tenemos unas sorpresas para ti. Te hemos comprado unos regalitos para darte la bienvenida a tu nueva casa. –comenté muy alegre.

-¡Siii, sopesas, sopesas! –contestó dando palmadas.

Nos fuimos al salón y empezó a abrir los regalos. Le habíamos comprado ropa, juguetes, cuentos. La niña pegaba saltitos cada vez que abría uno de los regalos, y en especial con uno de ellos. Era un muñequito, un perrito que yo había tenido de pequeña, un recuerdo de mis padres que siempre me gustó.

-Tesorito, mira este perrito, lo tenía yo de mis papás, de tus otros abuelitos, ¿Lo cuidarás mucho? –le pregunté sonriéndola.

-Siii yo lo quido muso. –y se abrazó al peluche.

Cristian y Adriana estuvieron jugando con ella al escondite, la verdad es que se había adaptado muy bien a toda la familia y ellos la habían acogido estupendamente. Llevábamos muy poco tiempo Cristian y yo, cerca de un año, pero ya éramos como uno solo y ahora teníamos a la pequeña con nosotros.

Después de abrir los regalos y demás ya se había hecho muy tarde, así que Carlisle, Esme y Adriana se fueron. La niña se quedó dormida enseguida, habían sido muchas emociones para un solo día.

Cristian y yo nos fuimos a la cama, nos abrazamos y le miré a los ojos. –Cielo, ¿estás contento de que la niña esté con nosotros? – pregunté.

-Claro que sí, estoy muy feliz, ¿Quién me iba a decir a mi hace un año que ahora iba a estar con la chica más hermosa y maravillosa y una pequeña que es encantadora. No podía estar más contento. –admitió mientras me besaba en el cuello.

Por la mañana oímos a la niña levantarse y sus pasitos, vino a la habitación y se asomó por la puerta. Nos miró y comenzó a sonreír. –Papi y mami muemen jutitos –se reía tímidamente.

-Ven aquí, peque. –dijo Cristian sonriendo.

La niña saltó encima de la cama y Cristian la cogió dándole un abrazo. – ¿Estabas espiando? –preguntó con cara de enfado fingida.

-Papi y mami muemen jutos ji, ji – volvió a decir entre risas.

-Pues si, papá y mamá duermen juntitos porque son mayores y se quieren mucho. –reconoció Cristian. -¿Te gustaría que papá y mamá se casaran?

Al decir esto, yo abrí los ojos como platos, es cierto que sabía que Cristian era el hombre de mi vida, y que le quería más que a nadie en este mundo, pero quizás era pronto para casarnos, ¿o no? La cabeza me estaba dando vueltas y no podía decir nada.

-Siiiii, mami y papi casase. –la niña empezó a dar brinquitos encima de la cama.

-Sois mis dos tesoros, ¿Lo sabéis? –dijo Cristian incorporándose un poco. –Y sé que mis dos tesoros tienen… muchas cosquillas… -añadió moviendo las manos y nos comenzó a hacer cosquillas.

Nos estaba haciendo muchas cosquillas y no parábamos de reír las dos, pero entonces pude incorporarme un poco, y le esquivé. –Pero yo sé que papá también tiene muchas cosquillas… -respondí levantando una ceja.

Le comencé a hacer cosquillas y la niña también, en esta ocasión era Cristian el que no paraba de reír. Hasta que me abrazó y me comenzó a besar muy intensamente, pero recordé que estaba la niña con nosotros y me aparté un poco de él.

-Oh… yo tamién quero besitos así… -dijo la niña mirándonos con cara de curiosidad.

Cristian y yo nos reímos a la vez, pero yo me sonrojé, no quería que la niña nos viera cuando nos dábamos amor tan intensamente. Cristian abrazó a la niña y le sonrió. –Peque, mamá y yo nos damos esos besos porque somos mayores y nos queremos mucho. Cuando seas mayor algún chico que te quiera mucho te los dará. – respondió dándole un par de besos en las mejillas.
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