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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 20 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 17

17º- Complicaciones…

La niña se había adaptado muy bien, a su nueva casa, y a su nueva familia. La seguimos llevando al mismo colegio porque no pillaba demasiado lejos de casa, y no queríamos que tuviera que separarse de los amiguitos que había hecho.

Solía ir a recogerla Cristian, ya que yo al tener horario en el colegio salía a la misma hora que ella y no llegaba a recogerla. Yo me iba a casa directamente dando un paseo porque el colegio estaba cerca también.

Pasaron los días y la convivencia con la niña iba cada vez mejor, era maravilloso tener esa familia y ser tan feliz. Una vez que salía del colegio me iba directa a casa y luego salíamos un rato al parque los tres juntos.

Pero un día llegué y al lado de la casa había un coche de policía, me asusté mucho y entré en la casa corriendo. Llegué hasta el comedor y vi a varios policías y Cristian estaba hablando con ellos.

-¿Qué ha pasado, cariño? –pregunté angustiada.

-Pues Walter Smith se ha escapado, ha ido al colegio y se ha llevado a la niña. –explicó con los ojos vidriosos.

-¡QUEEE! NOOO… MI PEQUEÑA… -me caí al suelo de rodillas y me tapé la cara con las manos comenzando a llorar.

Cristian me abrazó y me ayudó a llegar al sofá, me quedé paralizada, con la mirada perdida. Aunque podía sentir que Cristian me acariciaba el brazo, para intentar consolarme.

En ese momento, sonó el móvil de Cristian. La policía había llevado un equipo para localizar la llamada y escuchar lo que dijera. Luego le dio la señal cuando pudo coger la llamada. Yo me puse muy nerviosa y le miré fijamente.

¿Diga? –contestó algo temeroso.

-Supongo que ya sabes quien soy, ¿Verdad? –dijo la voz casi riéndose.

-Sí, pero devuélvenos a la niña. –respondió Cristian.

-La niña es mi hija y hago lo que quiera con ella. Si queréis recuperarla llevad mañana 100.000 euros al polígono de La cantueña, en la nave abandonada que antes era una tienda de lámparas. A las 10 de la mañana, si os retrasáis no la volveréis a ver con vida. –dijo muy secamente y colgó.

Yo comencé a ponerme muy nerviosa, a llorar con más intensidad, y no podía respirar bien. Empecé a convulsionar del ataque de pánico que estaba sufriendo, no era dueña de mi cuerpo, mi mente solo pensaba en la pequeña.

Sentía mi cuerpo golpearse contra el sofá, y noté el roce de unas manos que intentaban parar ese ataque. Pero tenía demasiado miedo como para intentar controlar mi cuerpo, y todo se volvió oscuro.

No sé cuanto tiempo pasó, pero algo desorientada abrí los ojos, estaba en la cama, Cristian estaba a mi lado cogiendo mi mano, y pude ver a Carlisle junto a mí. Intenté incorporarme pero Cristian me detuvo.

-Tranquila, no te levantes. –dijo para serenarme.

-¿Qué ha pasado? ¿Cuánto tiempo he estado así? –pregunté algo confusa.

-Me puse muy nervioso, estabas teniendo un ataque de pánico. Uno de los policías me ayudó a traerte a la cama y a que no te hicieras daño al convulsionar. Llamé a mi padre y vino corriendo a revisarte. –explicó aún un poco nervioso.

-Melinda, has sufrido un ataque de pánico bastante fuerte, tienes que intentar no ponerte así, puede ser peligroso para tu salud. He mandado que te hagan unos análisis por si acaso para comprobar que todo está bien.

-Tú ahora tienes que estar tranquila, en unas horas llevaré el dinero a ese hombre para traer de vuelta a la pequeña. –explicó Cristian.

-No, yo voy contigo, no quiero quedarme aquí. –contesté con determinación.

-Bueno eso ya lo discutiremos más tarde. Pero ahora hay que calmarse y descansar un poco. –añadió Carlisle.

Dormimos un poco, la verdad es que con el disgusto estábamos tan alterados que necesitábamos dormir y relajarnos un poco. En torno a las 8 de la mañana me desperté, había que concretar varias cosas y teníamos que llegar a tiempo a la hora que nos había dicho.

Al final decidimos que Cristian y yo iríamos a llevar el dinero, pues me había encabezonado mucho para ir, nadie iba a impedirme que fuera a por mi niña. Él no quiso llevarme la contraria para no ponerme más nerviosa.

La policía nos dio algunos consejos y nos puso un localizador en el coche, para seguirnos de lejos y luego poder atrapar a Walter. Nos montamos en el coche y nos fuimos a la nave del polígono que nos había dicho.

Llegamos y entramos, entonces justo en la pared de enfrente vimos a Walter que tenía a la niña cogida y apuntándola con una pistola. Yo me puse muy nerviosa y quise ir a por ella pero Cristian me sujetó y me miró a los ojos.

Eso me tranquilizó un poco, tenía que acordarme de hacerlo como nos había dicho la policía, si no la niña podría resultar herida. Así que cogí la bolsa con el dinero y Cristian la cogió para llevársela.

La dejó a unos pocos pasos de él, y le indicó que caminara hacia atrás, entonces se acercó a coger la bolsa con el dinero y soltó a la niña en el suelo. Que echó a correr hacia Cristian.

La cogió y se abrazaron, pero antes de poder caminar. Vi como les apuntaba con el arma. –Alto, no os mováis. No me toméis por un estúpido. No des un paso más o disparo. –amenazó.
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