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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 20 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 18

18º- más complicaciones…

Se quedó paralizado con la niña entre sus brazos, y yo no sabía qué hacer. Pero estaba medio tapada por el coche. Así que decidí arrastrarme para poder llegar hasta el secuestrador sin que me viera.

Walter apuntaba a Cristian y a la niña mientras miraba en la bolsa del dinero. Así que no vio lo que estaba haciendo. En un descuido, le pegué una patada en la espalda y se desequilibró y dejó de apuntarlos.

-¡PUTA! ¿Qué haces? –dijo mientras me pegaba en la cabeza con la culata de la pistola.

Fue un golpe tan fuerte que perdí el equilibrio y caí al suelo, comencé a verlo todo borroso, mientras notaba unos golpes en la espalda. Yo me retorcía y gritaba de dolor, intentaba taparme la cara y el pecho para protegerme todo lo posible.

Notaba dolor y más dolor, sentía cada golpe, era un hombre muy grande y fuerte y cada golpe era peor que el anterior. Hasta que dejé de sentir, no sentía nada, solo calma, tranquilidad. No sentía dolor en mi cuerpo, pero mi cabeza lo recordaba una y otra vez.

Volví a recuperar poco a poco la conciencia, parpadeé varias veces intentando ver bien. Estaba en el suelo de la nave, Cristian me abrazaba muy preocupado. –Por fin, estaba muy asustado, cálmate, ya viene la ambulancia y acaban de detener a Walter. –me dijo.

Estaba bastante desorientada y ahora sí podía sentir todo el dolor de las patadas que me había asestado Walter. Pero quise saber lo ocurrido. –Cielo, ¿qué es lo que ha pasado? Cuéntamelo, por favor. –contesté.

-Pues… cuando fuiste a intentar que nos dejara de apuntar, te comenzó a pegar. Como ya no estaba pendiente de nosotros ni nos apuntaba, dejé a la niña en el coche y fui hacia él. Le pillé por sorpresa y le quité el arma, y después… le pegué un tiro en la pierna. La policía ya se lo está llevando. –respondió él más o menos calmado.

-Entonces… ¿la niña está bien? –pregunté ansiosa.

-Sí, está perfectamente, solo que un poco asustada. Ahora un policía está con ella, mientras yo me quedo contigo. En seguida nos llevan al hospital, tranquila. –Me dio un tierno beso en los labios.

No sé cuanto rato pasó, pero cuando quise darme cuenta estaba en la ambulancia de camino al hospital. Allí nos esperó Carlisle, que aunque estaba en nuestra casa, se fue en seguida al hospital para poder atendernos.

Me estuvieron revisando y haciendo pruebas, me dolía todo el cuerpo. Por lo visto, tenía bastante dañada la espalda y el estómago. Y cuando terminaron todas las pruebas me llevaron a la habitación donde me esperaba Cristian.

Carlisle entró también en la habitación, su gesto era muy serio y eso me temía que no era bueno. Pero no dije nada, esperé a que hablara y explicara todo lo que había visto en las pruebas.

-Pues… las lesiones no son tan graves como yo pensaba, pero tienes un par de costillas rotas que hay que vigilar. Y la espalda también debes cuidarla, durante un par de meses no debes andar, pues eso podría acarrearte lesiones mayores. –explicó serio pero calmado. En ese momento, noté que se puso más serio si cabe y siguió hablando. –Y hay otra cosa más. ¿Recuerdas los análisis que te hice cuando te dio el ataque de pánico? –preguntó.

-Si, me acuerdo, que dijiste que eran para comprobar si todo estaba bien. –respondí algo confusa, no sabía qué relación tenía ese análisis con mis pruebas de ahora.

-Pues… en esos análisis confirmé que todo estaba bien en aquel momento, de hecho averigüé otra cosa más. –ahora su tono parecía dubitativo. –Estabas embarazada…

-¿Estaba? ¿Y el bebé se encuentra bien? –me estaba poniendo nerviosa por momentos.

-Lo cierto, que es con tantos golpes, como estabas de 2 semanas pues lo has perdido. Lo siento mucho de verdad, pero te puedo asegurar que podrás tener más hijos, si deseas tenerlos más adelante. –respondió y me apretó la mano para transmitirme fuerzas.

Comencé a llorar. No habíamos planificado tener un bebé, sobre todo porque hacía solo un par de meses que habíamos adoptado a Gabriela, pero habría sido fantástico. Y ahora… lo había perdido, era mi bebé y ya no lo tenía conmigo, no lo conocería.

-Preciosa, no te pongas triste. Sé que es difícil pero sabes que podremos tenerlos si queremos. –Cristian me abrazó muy fuerte y yo lloré con más intensidad.

Yo no podía parar de llorar, y oí que Carlisle salió de la habitación. Cristian no se movió de su posición, se acomodó en la cama para abrazarme con más fuerza. Parecía que si me abrazaba fuerte a él, el dolor no era tan profundo.

-Era nuestro bebé, y ya no está… -balbuceé antes de seguir llorando.

Él no dijo nada más, nos quedamos así muchísimo rato, y trajeron la comida. Pero yo no tenía ganas de comer nada. Casi no tenía ganas ni de seguir respirando. Aunque después me puse a pensar, si no me cuidaba y me recuperaba no podría estar con nuestra pequeña Gabriela, y no podría estar con mi amor.

En ese momento, Cristian me ofreció un trozo de filete del plato y me lo comí sin rechistar, pero aún caían algunas lágrimas por mis mejillas. Al poco rato llegaron Esme y Adriana

Las dos corrieron a abrazarme, las había visto que estaban llorando. Esme me miró a los ojos. –Cariño, de verdad que lo siento, lo siento mucho. –dijo ella llorando.

-Si necesitas cualquier cosa solo tienes que pedirla. –añadió Adriana.

-Muchas gracias. –fue lo único que dije.

Se quedaron allí hablando, ni siquiera escuché lo que estaban hablando. Y al cabo de un rato entró Carlisle, pero pude oír unas risas, era muy familiar, Gabriela había entrado también en la habitación.

La subieron a la cama y me abrazó muy fuerte. Pero yo no hice nada. Ella se quedó extrañada. –Mami ¿ya no me quere? –preguntó muy triste a Cristian.

-No es eso peque, pero mamá está un poco malita, y algo triste, tienes que darla muchos mimos y besitos para que se ponga buena. ¿Lo harás? –le preguntó él.

-Siii, yo quido a mami. –y comenzó a darme más abrazos y besos.

Me puse a acariciarla el cabello y la di un beso en la frente. Estuvo un rato, luego Esme y Adriana se la llevaron a casa. Cristian se quedó conmigo e incluso por la noche. No conseguí conciliar el sueño, sabía que podría tener más hijos, además teníamos a Gabriela.

Pero no me era posible sonreír. Sentía un gran vacío en mi interior. Me acariciaba la tripa plana. En ese momento, la mano de Cristian también se puso en mi vientre. –Tranquila, más adelante podremos tener más. Tienes que reponerte. No puedo verte así. –sus ojos estaba vidriosos.

Le hice un gesto para que me abrazara, así estuvimos un buen rato, y le comencé a besar. Él respondía a mis besos de una forma muy tierna, aunque no tardó mucho en apartarse. Yo puse un gesto muy triste. -¿Qué ocurre? ¿Ya no me quieres por haber perdido a nuestro pequeño? –le pregunté.

-No digas eso, preciosa. Tienes que descansar y recuperarte. –me dio otro beso en los labios y me acarició la frente.

Tuve que estar un par de días en el hospital. Luego me dieron el alta, pues dijeron que estaría mejor en casa pero que no podría caminar para no forzar la espalda. Así que siempre tendría que tener a alguien conmigo.

Pero al menos, estaba bien, y podría tener más hijos, eso me reconfortaba un poco después de todo lo ocurrido. Además intenta no mostrarme tan abatida por Cristian, el pobre no sabía ni lo que decir para animarme. Yo notaba todos los esfuerzos que hacía y por eso intentaba no estar tan triste.
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