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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 21 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 19

19º- Amistades peligrosas

Como Cristian tenía que trabajar, se lo dijo a un compañero suyo, que se llamaba Álvaro, que en ese momento no trabajaba. Así le pagaría algún dinero y yo no estaría sola, hasta que Cristian llegara por las tardes.

La verdad es que, el chico era bastante agradable y, hacía bastante bien las cosas de la casa. A mi solía llevarme hasta el sofá y la cama para que no estuviera siempre tumbada en la cama.

Por las tardes, se iba pronto, pues Cristian no tardaba en volver. Pero una de las tardes, estaba en el comedor y oía como terminaba de colocar las cosas. Dejé de escuchar ruido y vi como entraba en el comedor, se sentó a mi lado en el sofá.

-¿Ya has terminado? Muchas gracias, mañana te veré. –dije sonriendo un poco.

-Sí he terminado, pero con las gracias no basta. –dijo con una sonrisa que escondía algo.

Se acercó a mí y me puso la mano en la mejilla, pensé que era una muestra de cariño, para darme ánimos. Entonces se acercó más y me besó en el cuello. Con las manos me sujetaba los brazos.

-¿Qué estás haciendo? –pregunté confusa.

-Pues cobrarme todo lo que hago por ti. Con el dinero no es suficiente, y tú eres muy hermosa… - me hizo jirones la camiseta.

Yo comencé a removerme. -¡Quítame las manos de encima! ¡Cerdo! ¡Suéltame!- grité enfadada.

-Eso ni lo sueñes, no sabes las ganas que tengo de hacerte mía, desde el primer día que he venido, la verdad es que siempre he envidiado a Cristian. No sé por qué estás con él. Además yo puedo hacerte mucho más feliz. –explicó tocándome por todas partes, y empezó a bajarme el pantalón del pijama.

-¡NO! ¿Qué haces? ¡SUÉLTAME! –grité con lágrimas en los ojos.

Pero no me hizo caso, siguió tocándome y besándome, yo intentaba apartarme, pero de tanto moverme nos caímos al suelo. Me hice mucho daño en la espalda, pero él siguió con su ataque.

Entonces se apartó de mí, como si volara. Era Cristian que le había cogido y le tiró hacia atrás haciendo que una silla se rompiera del golpe. Yo me quedé tirada en el suelo llorando y con la espalda dolorida del golpe.

Mientras, Cristian y Álvaro, se pusieron a pelear, ambos daban y recibían bastantes golpes, pero fue un golpe certero de Cristian el que acabó con la pelea, pues Álvaro cayó al suelo y ya no se movió.

Cristian vino corriendo hacia mí, mirándome y me abrazó con lágrimas en los ojos. -¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo? ¿Qué ha pasado? –preguntó tan deprisa que casi no le entendía lo que decía.

-Pues no sé muy bien lo que pasó. –dije aún entre lágrimas. –comenzó a tocarme y besarme. Dijo que era porque se quería cobrar todo lo que hacía y que te tenía envidia. Que no sabía cómo podía estar contigo.-yo no paraba de llorar.

-Tranquila, ya estás a salvo, estoy contigo. –decía acariciándome los cabellos.

-¿Y la niña? ¿Dónde está? –pregunté cuando vi que no estaba en la casa.

-La dejé en el pasillo, la dije que se tapara los oídos y que no se moviera de ahí. Voy a traerla. –dijo mientras me cubría con su chaqueta y se levantaba.

Pronto estuvo de vuelta con la niña en brazos. La acercó a mí y la abracé muy fuerte. Lloré pero esta vez de alivio, de saber que la niña estaba bien. Intenté incorporarme pero me dolía cada vez más la espalda.

-Ay… me duele… -dije frotándome la espalda con una mano.

-¿Te hiciste daño en la espalda? Eso no me gusta, vamos a llamar ahora mismo a la ambulancia y a la policía y tiene que verte mi padre. –contestó él mientras buscaba en su bolsillo el móvil.

No tardaron demasiado en llegar la ambulancia y la policía. Me llevaron al hospital y me estuvieron revisando. Lo único que deseaba era terminar con las pruebas y que me dieran algo para sobrellevar el dolor.

Al fin me llevaron a la habitación y Cristian entró al cabo de unos minutos. Al verle sonreí y él se acercó y me besó muy tiernamente. –Preciosa, ¿Cómo te encuentras? –preguntó.

-Pues me duele bastante la espalda. Y estoy bastante cansada. –respondí intentado no mostrar el dolor que sentía.

-Bueno, tranquila, ahora vendrán a ponerte un calmante y te sentirás mejor. –contestó él.

Una enfermera llegó enseguida y me administró un calmante. Después de eso, me quedé adormilada, todo lo demás era ajeno a mí. Como imágenes borrosas con una capa transparente que impide verlo todo con claridad.

Vinieron a verme Carlisle, Esme y Adriana, pero estuve muy ajena, solo pude saludarles. No era capaz de seguir las conversaciones, y cuando preguntaban sobre las lesiones era Cristian el que contestaba.

Lo bueno era no sentir dolor, sabía que cuando se pasara el efecto de los calmantes me dolería de nuevo. Tenía miedo de haberme lesionado mucho más la espalda, o de no poder volver a caminar sin ayuda. Le daba vueltas a todo lo ocurrido, y había sido tan precipitado que no me había dado tiempo a asimilarlo. Sobre todo la pérdida del bebé.

Pero quería reponerme, desde que teníamos a Gabriela y me había enterado de lo del embarazo, me habían entrado muchas ganas de tener un bebé. Pero no sabía si Cristian querría todavía. Y tampoco sabía cuándo podríamos intentarlo, pero pensando en todas esas cosas me quedé dormida.

Pasaron los días y me dieron el alta, pues mis lesiones ya iban mejorando y vieron que no había sufrido más daños en la espalda. Pero tendría que volver a contar con alguien para no caminar durante un largo tiempo.

Aunque tenía mucho miedo después de lo ocurrido con el amigo de Cristian. Y el miedo se reflejaba en mi cara. Era evidente que me preocupaba algo porque casi no sonreía ni hablaba.

-Preciosa mía, ¿Qué ocurre? – preguntó algo preocupado.

-Pues… tengo algo de miedo, porque habrá que buscar a alguien que esté conmigo y bueno… aún estoy algo asustada. –reconocí con la mirada asustada.

-No digas eso, además yo estoy contigo. Y por lo de alguien que te ayude pues ya decidiremos lo que haremos. De eso ya me ocupo yo, de momento he pedido unos días en el trabajo hasta que vea lo que hacer. –contestó sonriendo.
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