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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 8 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 2

2º- A salvo en un hogar de verdad

Su padre me miró, su cara mostraba mucha curiosidad, pero también mucha familiaridad, lo que me hizo estar tranquila.

-Bueno por lo que veo, la cara solo está algo hinchada y le vamos a poner hielo. Y en los pies... ¿Esto también te lo hizo él? –preguntó mientras me los curaba.

-No, eso fue de salir corriendo por la calle, no pude coger ni unas zapatillas. Y tengo miedo de volver por lo que me pueda hacer, pero me gustaría volver, a fin de cuentas es mi casa. –dije asustándome.

-Pero… ¿Y vuestros padres? ¿Estáis los dos solos? –preguntó con curiosidad.

-Si, estamos solos, hace 3 años mis padres tuvieron un accidente con el coche y murieron en el acto, pero como los dos éramos mayores de edad pues decidimos quedarnos en la casa viviendo juntos para cuidarnos. Pero mi hermano no hace otra cosa que emborracharse y bueno… hoy ya se ha pasado de la raya.

-Si no es muy indiscreción, ¿puedo preguntar cuántos años tenéis? ¿Y de qué vivís?- dijo algo retraído, como si creyera que me molestaría la pregunta.

-Tranquilo, pues somos mellizos y tenemos 22 años los dos. Mi hermano ahora no trabaja porque le despidieron por ir borracho a trabajar. Y yo trabajo en un colegio dando clases a los niños de infantil. –contesté con tranquilidad.

-Entiendo… -en ese momento, entró en el comedor una mujer, tenía una cara muy dulce, me recordó a mi madre. –Por cierto, yo me llamo Carlisle y esta es mi mujer Esme. Somos los padres adoptivos de Cristian y de Adriana.

-Encantada, aunque no sean las mejores condiciones para conocernos. –dije sonriendo.

-Ven, cariño, te voy a dejar algo de ropa de mi hija Adriana, creo que más o menos tenéis la misma talla. Date un buen baño, eso te va a tranquilizar. –dijo acariciándome la cara.

-Muchas gracias por su amabilidad, pero no es necesario. De todas formas voy a tener que volver, a fin de cuentas es mi casa también. –pero mi voz sonaba temblorosa.

-De eso nada, no vas a volver allí para que te vuelva a tocar. –juro Cristian muy serio.

-Claro que no, esta noche quédate aquí a dormir y mañana te acompañaremos a poner una denuncia y cogerás las cosas que necesites. –dijo Esme tan dulcemente que no pude negarme.

Me guió a la planta de arriba, y me llevó hasta una habitación, solo tenía una cama, una mesilla, un espejo y un armario empotrado. –Cariño, esta es la habitación de invitados, espero que estés cómoda. Tienes el baño justo en la puerta de al lado. –dijo la mujer muy cariñosamente.

-Muchas gracias por todo, se lo agradezco de corazón. –dije sonriéndola.

Me había dejado ropa limpia encima de la cama, unos vaqueros y una camiseta de manga larga en azul cielo preciosa, y también ropa interior. Lo cogí y fui al baño, era pequeño pero muy acogedor, y me quité la ropa rasgada y me duché.

Intentaba recapitular en todo lo que me había sucedido esa noche, estaba abrumada por tantos acontecimientos. Y este chico, Cristian, había sido tan amable conmigo. Al pronunciar mentalmente su nombre, me recogió el cuerpo un escalofrío, y de forma inconsciente sonreí y me sonrojé.

Era increíble, parecía que realmente sentía algo por él, casi no le conocía pero había sido tan bueno y caballeroso conmigo. Jamás me habían tratado así, y eso me hacía sentir muy bien.

Terminé de ducharme, me puse la toalla y salí hacia la habitación para vestirme. Pero me quedé cortada cuando encontré a Cristian en la habitación, estaba de pie dejando en la cama un pijama precioso, supuse que también sería de su hermana.

Al verme con la toalla se sonrojó y bajó la mirada al suelo. –Lo siento, discúlpame, creía que aún te estarías duchando y mi madre me había dicho que te trajera este pijama. Perdóname, no quería molestarte. –seguía con la mirada clavada en el suelo.

-No pasa nada. Gracias por todo, te estás portando muy bien conmigo y no me conoces de nada. –dije acercándome a él. – No sé cómo puedo agradecerte todo lo que has hecho hoy por mí. –y le acaricié la mejilla con la yema de mis dedos.

-Eso es un buen agradecimiento, y verte a salvo también. Estabas tan indefensa y aterrada, y eras tan linda y hermosa que sentí la necesidad de protegerte. –confesó mirándome con sus intensos ojos azules.

Al oír esas palabras mi cuerpo reaccionó solo, me puse de puntillas y le besé en los labios. Al principio se quedó paralizado pero pronto me devolvió el beso de una forma muy tierna.

Cuando reaccioné, me aparté y me puse roja, y me iba a encerrar en el baño, sentía mucha vergüenza. Pero noté que me sujetó de la muñeca y me acercó a él, envolviéndome entre sus brazos.

-No te alejes, por favor, ha sido estupendo. –dijo besando mis cabellos.

-Contigo me siento muy a gusto, como si te conociera desde siempre, como si ya estuviera completa. Es una sensación extraña, pero me gusta estar entre tus brazos y que me protejas. –confesé escondiendo mi cara en su pecho.

-A mí me ocurre lo mismo, me gustaría tenerte a salvo entre mis brazos siempre, para que no ocurriera nada malo. –y se acercó a mis labios besándolos de nuevo. Esta vez fue un beso más largo e intenso. Separó unos centímetros sus labios para susurrarme. –Mañana nos podríamos conocer mejor, si tu quieres, te dejaré descansar pues tienes que estar muy cansada, después de todo lo que ha pasado esta noche. Descansa preciosa. Mañana será otro día. –Me dio un beso muy fugaz y salió de la habitación.

Me tumbé en la cama sonriendo, y aún sonrojada, no podía creer que en medio de todo lo que me había pasado había conocido a ese chico tan maravilloso y me sentía muy atraída por él. Así pensando en sus profundos ojos y en todo lo que me había dicho caí en un profundo sueño.

Habían pasado unas horas, pero empecé a soñar con el ataque de mi hermano. -¡NO, NO ME TOQUES! ¡SUÉLTAME! – Comencé a llorar y noté que alguien me incorporaba y me abrazaba.

-Tranquila, no es nada, solo es una pesadilla, no voy a permitir que te pase nada. –dijo la dulce voz de Cristian.

Yo estaba llorando y me acurruqué todo lo que pude a él, para sentirle más cerca. –Gracias… no tenías que haberte molestado.

-Claro que sí, no podía verte así. Te oí gritar y vine corriendo. –confesó. –Voy a quedarme aquí hasta que te duermas para que no vuelvas a tener pesadillas, preciosa mía.-

Me tumbó y se tumbó a mi lado abrazándome, era una sensación muy agradable sentirme protegida por sus brazos. Como si fuera una burbuja y nada ni nadie pudiera entrar en ella. Sentí que me acariciaba los cabellos con la mano, y al cabo de un rato caí rendida por el cansancio.
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1 rosas :

maria dijo...

k ermosaaaa gracias =D

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