Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 23 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 21

21º- Sustos, alegrías…

Todo iba cada vez mejor, Cristian y yo éramos inseparables y cada día nos amábamos más y más. La pequeña Gabriela, crecía cada día más, y estábamos muy bien, además sus abuelos y su tía estaban encantados con ella.

Por fin, había vuelto a trabajar, echaba de menos a mis niños del colegio, y sobre todo echaba de menos sentirme útil y hacer algo. Tanto tiempo sin hacer nada me estaba enloqueciendo.

Una tarde después de salir del colegio volvía caminando como siempre, Cristian ya estaría en casa con Gabriela. Ya estaba por el parque de al lado de casa, en unos 5 minutos estaría allí.

Me empecé a notar mareada, y sentía como las fuerzas empezaban a fallarme. Intenté acercarme a uno de los bancos pero no llegué a tiempo y caí al suelo. Intenté levantarme pero no tenía fuerzas.

Ahí en el suelo intentando reponerme, cogí el móvil del bolso y marqué a Cristian. En seguida lo cogió. –Preciosa, ya estamos en casa, te estamos esperando. –dijo Cristian muy alegre.

Yo casi no tenía fuerzas y sentía que iba a perder la conciencia en cualquier momento. –Mi amor, te necesito… estoy en el parque de al lado de casa… - pero no pude continuar. Se me escurrió el móvil de las manos y lo vi todo negro…

Estaba tranquila, era todo oscuridad, pero esa oscuridad comenzó a desparecer. Y abrí lentamente los ojos, lo primero que vi fue a Cristian con la cara de preocupación. Pero estaba tan hermoso… que casi olvido lo que había sucedido en el parque.

-Menos mal que ya has vuelto, preciosa. Cuando me llamaste y dijiste eso me puse de los nervios, sobre todo cuando dejé de escuchar tu voz. Salí corriendo al parque con Gabriela en brazos y te encontré en el suelo… Casi me dio un infarto. –explicó él algo más tranquilo.

Miré en la habitación y pude ver a Carlisle a mi lado. –Solo ha sido un mareo, pero por si acaso te he hecho unos análisis. En unos días sabremos si todo está bien. Por lo pronto, esta tarde descansa y no hagas esfuerzos. –comentó Carlisle.

-Vale, no te preocupes. –dije sonriendo tímidamente.

Oí unos pasitos, eran los de Gabriela, estaba muy acostumbrada a oírlos por la casa. Vi que se asomó por la puerta y entró. Cristian la subió a la cama. –Hola mi niña. –dije mientras la abrazaba.

-Mami, ¿ya tas güena? –preguntó ella mirándome.
-Pues está mejor, pero la tienes que cuidar mucho y darle muchos besos. –contestó Cristian.

Vae, yo quido a mami. –respondió entre risas.

Esa tarde estuve de reposo, la verdad es que estaba cansada y me vino muy bien la tarde de descanso. Al día siguiente ya estaba bien, y me encontraba descansada. La verdad es que después del susto ya no me había vuelto a encontrar mal.

Pero al cabo de una semana, estaba a punto de salir del colegio por la tarde, estábamos recogiendo para irnos. Formé la fila con los niños y sentí que todo me daba vueltas. Me caí al suelo, y no pude sentir nada…

Cuando volví en mí, estaba en casa, en la habitación tumbada en la cama. –Menos mal… me llamaron del colegio diciendo que te habías desmayado en clase. Uno de tus niños avisó a una de tus compañeras y me llamaron. –explicó Cristian.

Yo no dije nada, aún estaba algo mareada. Entonces Carlisle entró en la habitación. –Melinda, ya sé porque tienes estos mareos. Lo acabo de confirmar con los análisis que te hice hace unos días. –comentó, y empezó a sonreír.

-¿Qué ocurre, papá? –preguntó Cristian extrañado.

-Pues… que os tengo que dar la enhorabuena. Melinda, estás embarazada. –añadió sonriente.

Yo me toqué el vientre plano y sonreí. Miré a Cristian y vi que estaba llorando de alegría. –Es fabuloso, preciosa. Estoy tan contento… -dijo él.

.Pero tienes que tener cuidado, podrías pedirte una excedencia y pasar los meses de embarazo tranquila en casa. –comentó Carlisle.

-Bueno… no sé, tal vez. –respondí, pero no quise entrar en el tema.

Cristian se abrazó a su padre y fue a buscar a Gabriela que estaba jugando en su habitación. La trajo y la subió a la cama. –Pequeña, ¿sabes qué? Vas a tener un hermanito o una hermanita. –le dijo Cristian sonriendo.

-¿Manito o manita? ¿Entoces papi y mami ya no me queren? –preguntó algo triste.

-Claro que si mi pequeña. Siempre te vamos a querer. Y ahora ya tendrás alguien más con quien jugar. ¿Vale? – la dije dándole un abrazo.

Carlisle se despidió de nosotros para irse a casa, les contaría la gran noticia a Esme y a Adriana. Nos quedamos solos en casa. Y después de cenar y acostar a Gabriela nos fuimos al comedor a ver la tele.

Cristian me miró y sonreía. –Estoy tan contento… -dijo mientras me daba un tierno beso en los labios. –Entonces, ¿dejarás el trabajo, verdad? –preguntó.

Yo estaba dubitativa, no quería que le pasara nada malo al bebé. Pero estar los 9 meses en casa iba a ser insoportable. Además podría trabajar unos meses y más adelante pedir la excedencia. –Pues… lo cierto es que si quería pedir la excedencia pero más adelante. Ahora mismo lo veo una tontería. –contesté seria.

Él se puso muy serio. –No lo entiendo. ¿Es que quieres poner en peligro al bebé? –preguntó algo furioso.

-No es eso, nunca lo pondría en peligro. Pero no creo que pase nada porque siga trabajando unos meses y luego ya pida la excedencia. –contesté con firmeza.

-No debes hacer eso, no es lo que tienes que hacer. Tienes que pedir la excedencia, además yo puedo ocuparme de todo, y tú quédate en casa. –respondió alzando un poco la voz.

-Soy mayorcita para saber lo que hago. Y ni mucho menos vas a ordenarme lo que debo hacer. –le contesté muy borde.

-¡CLARO QUE TE LO ORDENO!, porque ya veo que no sabes lo que debes hacer. –añadió mirándome con seriedad.

-Eso que te lo has creído. A mi nadie me ordena nada. No seas tan egoísta. Además no tienes razón. –repliqué alzando también la voz.

En ese momento él se giró y dejó de mirarme. Yo estaba furiosa, nunca nadie me había ordenado nada, y no iba a empezar él. Cogí el abrigo y las llaves de casa y salí corriendo.
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1 rosas :

Andy.97 dijo...

O__O''
Mel no se puede ir....

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