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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 24 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 22

22º- La importancia de hablar

Me puse a caminar, necesitaba pensar, y aclarar las ideas. No entendía su actitud, parecía como si quisiera tenerme prisionera, y yo no soportaba esa idea. Y mucho menos que pusiera en duda mi juicio y capacidad para cuidar del bebé.

Seguí caminando, y casi sin darme cuenta estaba muy cerca de la casa de Carlisle y Esme. Ya que estaba tan cerca, quise ir a hablar con Adriana, nos entendíamos muy bien, y yo necesitaba hablar con alguien de todo esto.

Así que decidí ir a hablar con ella, pero de camino a la casa comenzó a llover y no tenía paraguas. Llegué a su casa calada de pies a cabeza y con frío, pero no me importaba, necesitaba hablar.

Llamé al timbre y fue Esme la que abrió. Ella al verme tan empapada se asustó mucho. –Pero Melinda, ¿qué haces aquí a estas horas y con la que está cayendo? Pasa, no te quedes ahí. –dijo mientras me cogía del brazo para meterme en casa.

Me sentó en el sofá, me trajo un albornoz e hizo que me lo pusiera. -¿Dónde está Cristian? ¿Y cómo es que estás aquí a estas horas? –preguntó algo preocupada.

-Pues… es que bueno… después de cenar hemos discutido y me he enfadado. Me puse a caminar y como estaba cerca de vuestra casa pues venía a ver a Adriana para hablar con ella. Pero en el camino se ha puesto a llover. –expliqué algo cortada.

-¿Qué es lo que ha pasado? Si nunca os había visto discutir. –ella estaba algo extrañada.

-Lo sé. Es que Cristian quería que me quedara ya en casa sin trabajar. Yo no opino lo mismo, y es que encima me lo estaba ordenando, como si fuera su esclava o algo. Y no consiento que nadie me de órdenes. –dije algo ofuscada.

-Bueno… te entiendo. No debió ponerse así. Aunque entiende que si se ha puesto así es porque no quiere que le pase nada al bebé. –comentó ella. –Pero es cierto que no son las formas adecuadas.

Comencé a tiritar, pues aún llevaba puesta la ropa mojada. –Perdóname. Vamos a cogerte algo de ropa de Adriana para que no te pongas mala. –contestó Esme.

Me di una ducha con agua caliente y me vino muy bien sobre todo para relajarme y dejar de pensar en todo lo ocurrido. Cogí la ropa que me habían dejado de Adriana y fui al comedor.

Estaban los tres esperándome, Carlisle estaba con gesto serio. –No debiste salir así, sobre todo con esta lluvia, podrías enfermar. –explicó.

Yo estaba algo avergonzada, pues pasear bajo la lluvia estando embarazada no era muy prudente. –Lo siento, tienes razón. Pero estaba tan enfadada que no pensé en nada.

-Pero lo más raro, es que Cristian vino hace un rato a dejar a Gabriela aquí en casa. Dijo que no estabas y que se tenía que ir a hacer unos recados. Y claro, al verte aquí pues… no sé todo es muy raro. –me explicó Carlisle.

-Supongo que estaba enfadado, así que habrá salido con el coche a darse una vuelta. Siempre que quiere pensar y estar solo se marcha con el coche a un parque no muy lejos de aquí. –les conté.

-Bueno, le llamo al móvil y le digo que venga, así podréis hablar. Por la niña no te preocupes porque está dormida. –comentó Esme.

Yo solo asentí y me quedé sentada con la mirada perdida. La verdad es que estaba preocupada, porque era cierto que nunca habíamos discutido así. Me sentía mal por todo lo ocurrido, pero Cristian tenía que entender que yo llevaba razón, y no tenía que ser tan exagerado.

Al cabo de media hora, llamaron a la puerta. Miré desde el sofá, era Cristian, también se había mojado, seguramente había estado en ese parque y fuera del coche. Esme le dio una toalla para que se secara un poco y vino a sentarse a mi lado.

No quería mirarle, aún estaba bastante enfadada. Pero puso su mano en mi barbilla y me giró la cara para que le mirara a los ojos. Se le veía algo enfadado pero no demasiado.

-Siento haberme marchado así, es cierto que tú lo único que querías es mantener a salvo al bebé. Pero no debiste ponerte así y mucho menos ordenarme nada. –expliqué.

-Lamento como me comporté antes. No soy nadie para ordenarte nada. –se disculpó.

-No digas que no eres nadie. Eres el amor de mi vida, pero no puedes pretender dejarme como encerrada en una burbuja, sabiendo que los primeros meses puedo hacer vida normal. –continué explicando.

-Tienes razón preciosa, lo siento. –volvió a disculparse.

Me puse a estornudar varias veces, y Cristian me puso la mano en la frente. –Me parece que tienes algo de fiebre.

Me pusieron el termómetro y tenía 38. Lo cierto, es que notaba algo de frío. –Te daré un analgésico para que te baje la fiebre. Esta noche es mejor que os quedéis aquí, seguramente ha sido por venir bajo la lluvia. –comentó Carlisle.

Adriana y Esme, prepararon la que antes había sido la habitación de Cristian para que durmiéramos esa noche ahí. Gabriela dormiría con Adriana por si yo me había puesto mala que no la contagiara.

Pasé bastante mala noche por la fiebre. Lo cierto es que me encontraba muy mal. De madrugada me desperté y Cristian se había dormido un rato. Me entraron muchas ganas de vomitar y fui al lavabo.

Comencé a vomitar, y seguramente me oyeron todos, ya que la casa estaba toda en silencio. Sentí unas manos que me sujetaban, era Cristian. –Mi preciosa, ¿te encuentras mal? Te voy a llevar a la cama.

Me cogió en brazos y me tumbó, me puso compresas de agua fría en la frente para que me bajara la fiebre, y al final caí rendida del cansancio. Pero sentía el calor de los brazos de Cristian rodeándome, que me reconfortaba.

Por la mañana me desperté y Cristian estaba dormido a mi lado, era tan hermoso… siempre que le miraba le encontraba cada vez más guapo y más hermoso. Le acaricié la mejilla con la yema de los dedos. Al sentir el roce de mis dedos movió la cara y se despertó.

-Buenos días, ¿cómo te encuentras? –preguntó abrazándome.

-Mejor, lamento la mala noche que has pasado por mi culpa. –me disculpé.

-No digas eso, además yo quiero que estés bien. Me gusta mucho cuidar de ti, ya lo sabes. –respondió él.
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