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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 24 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 23

23º- El amor a veces duele

El catarro quedó en nada, no fue nada. En unos días de reposo me puse bien, y el embrazado siguió su curso. Iban pasando los meses y todo iba mejor, Gabriela estaba muy contenta y le encantaba acariciar la barriguita que crecía por momentos. Cristian también estaba muy emocionado.

Cada noche, Cristian me dejaba en la cama una cala blanca, era tan atento conmigo… Era un chico maravilloso y era para mí, el mejor padre que podían tener Gabriela y mi bebé.

Cuando estaba de 6 meses tenía muy abultada la barriguita, y lo cierto es que me encontraba muy cansada. Pero creía que aún podía seguir trabajando, así que no pedí la excedencia, tenía pensado pedirla al mes siguiente.

Era evidente que me costaba hacer las cosas por mi misma, pero no quería reconocerlo. Intentaba por todos los medios seguir haciendo la vida normal, aunque sabía de sobra que ya no podía como antes.

Gabriela que ya tenia 4 años y una tarde estaba jugando en el suelo del comedor. Yo mientras colocaba un poco la casa y quería dejar preparada la cena para así poder recostarme un poco y descansar.

Pero no vi que tenía los juguetes esparcidos por el suelo y me resbalé. No llegué a caerme pero me di un golpe contra la pared en el costado derecho. Del dolor que sentí me caí de rodillas al suelo y comencé a llorar.

Gabriela que lo había visto todo se asustó mucho y vi que salió del comedor. Oí sus pasitos hasta el baño, donde estaba Cristian dándose una ducha. Pude oír como hablaba casi a gritos para llamar a su padre.

-Papi, mami tene pupa.-dijo ella con voz llorosa.

En seguida, pude ver a Cristian en el comedor. Me ayudó a levantarme y me sentó en el sofá. -¿Qué ha pasado? ¿Te encuentras bien? –preguntó angustiado.

-Tranquilo, estoy bien. Es que me tropecé porque la niña tenía los juguetes por el suelo. –contesté frotándome el costado derecho.

-Déjame ver. –respondió mientras me levantaba la camiseta para verme el golpe.

-Ay… -me quejé

-Te has dado un buen golpe, pero no parece nada. De todas formas, voy a llamar a mi padre para que te lo mire. –respondió mientras cogía el móvil y marcó el número.

Yo no dije nada, no tenía ganas de hablar ni de nada. Me quedé callada mientras esperábamos. En un rato estuvo Carlisle en casa para examinarme el golpe. Estuvo mirándome el costado durante un tiempo.

-Pues no ha sido nada, pero te dolerá durante unos días el moratón. Así que tendrás que estar en reposo durante unos días. –explicó él.

-Papá, ¿no crees que ya se tendría que pedir la baja? –le preguntó a su padre.

-Sería aconsejable la verdad, porque además cada vez estarás más cansada Melinda. Y bueno te costará más hacer las cosas más cotidianas. –añadió Carlisle.

-Pero yo quería seguir trabajando un poco más de tiempo. –dije convencida.

-No seas cabezota, Mel. Esto que te ha pasado, te podía haber pasado en el trabajo o por la calle. Tienes que pedirte la baja. –replicó él muy serio.

-Yo voy a hacer lo que considere, recuerda que no voy a permitirte que me ordenes nada. –respondí enfadándome.

-Si te pones en ese plan, está claro que voy a tener que ordenar las cosas para que no le pase nada al bebé. ¿Acaso no te importa si le pasa algo? –preguntó indignado.

Al decir eso me quedé callada, estaba furiosa. ¿Cómo podía ni siquiera sugerir que yo quería que le pasara algo a nuestro bebé? Me enfadé tantísimo, que me levanté como pude; él intentó agarrarme del brazo pero le empujé y me fui a la habitación cerrando la puerta.

Me senté en la cama y me puse a llorar, no creía que volviéramos a discutir de esa forma. Me dolía tanto que pensara que no me preocupaba por mi bebé que no quería ni verle.

Pasados unos minutos, llamaron a la puerta pero no respondí. –Melinda, por favor, soy Carlisle, ¿puedo pasar? –preguntó él.

Después de pensarlo durante unos segundos le di permiso para que entrara. Me sequé las lágrimas mientras entraba en la habitación. Se sentó a mi lado y me pasó la mano por los hombros.

-Tienes que entender porque se pone así, está preocupado. –comenzó a decirme.

-Lo sé, pero no soporto que me ordene nada, y mucho menos que sugiera que quiero dañar a mi bebé. –dije aún entre sollozos.

-Es cierto, que no debe ponerse en ese plan, pero yo como médico te aconsejo de verdad que pidas ya la baja. Solo para evitar posibles problemas. –respondió.

-Bueno… está bien, pero solo lo hago porque me lo aconsejas como médico. Por favor, ¿me puedes dejar sola unos minutos? –le pedí.

-Claro, descansa, y si te duele el golpe ponte calor seco, porque no es aconsejable que te pongas hielo por el bebé. –comentó.

Salió de la habitación y cerró la puerta. Necesitaba pensar. Entendía la preocupación de Cristian, pero él debía entenderme a mí también. No quería sentirme prisionera, y mucho menos quería sentir como si me obligase a hacer nada.

Al cabo de un rato llamaron de nuevo a la puerta. –Soy yo, preciosa ¿puedo pasar? –preguntó Cristian.

-Está bien, pasa. –dije muy seca.

Se sentó a mi lado. Pero yo no le miraba, era la segunda vez que ponía en duda mi juicio para cuidar del bebé y que intentaba obligarme a hacer lo que quisiera. Estaba bastante enfadada aunque entendía la razón por la que lo hacía: mantenernos a salvo a mí y al bebé.
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