Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 25 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 24

24º- El amor es compromiso

Cristian suspiró y comenzó a hablar. –Mel, no quería ponerme otra vez así, pero entiende que me preocupe por los dos, no quiero que os pase nada. –

Yo seguía sin responder, no le miraba. Él me acarició la mejilla e hizo que le mirara. Vi en su mirada mucho miedo y también arrepentimiento, pero aún así seguía bastante molesta.

Estaba dudosa, sabía que en parte él llevaba razón, pero solo en parte, era demasiado cabezota para reconocerlo. Pero no quería estar enfadada con él. Cuanto más le miraba a sus penetrantes ojos, más convencida estaba de que no tenía que seguir enfadada pero me costaba reconocerlo.

Al fin, suspiré, tragué saliva y le hablé. –Entiendo que estés preocupado, pero ya te dije la otra vez y te lo dije antes, que no puedes pretender ordenarme nada. Y lo que más me duele es que cuestiones mi capacidad para cuidar a nuestro bebé. –dije mientras me acariciaba mi abultada barriguita.

Él movió la cabeza a los lados. –Me he comportado como un imbécil. De verdad lo siento. Pero solo de pensar que os puede pasar algo me pongo de los nervios. –

-Ya lo sé. –le miré pero no le veía bien a causa de las lágrimas que habían empezado a formarse en mis ojos.

-Preciosa mía, lamento hacerte llorar. Perdóname, por favor. –suplicó.

Me acerqué a él y le abracé, mi barriguita le rozó y oí como suspiró. –Te amo mi príncipe. Me pediré la baja, pero por favor, prométeme que saldremos y eso. Como no salga de casa voy a enloquecer. –confesé aún abrazada a él.

-Claro, mi princesa. Lo que quieras. Te voy a cuidar muy bien. –prometió mientras buscaba mis labios para darme un tierno beso.

Caminé para salir de la habitación y así ir a ver a Gabriela, pero Cristian me detuvo, agarrándome por la cintura y puso sus manos en mi barriguita. –Perdóname, y tú mi pequeño tesoro también.-pidió Cristian.

-Tranquilo, estamos bien, solo necesitamos algo de chocolate. Ya sabes que me vuelve loca. –comenté sonriendo.

Salimos de la habitación, él fue hacia la cocina y yo me dirigí a la habitación de Gabriela. Pasé y la vi jugando en el suelo con sus muñecas. Me senté en su cama y ella se puso a mi lado.

-Mami, ¿tas llorando? –preguntó al verme aún algunas lágrimas en las mejillas.

-Es que estaba triste, pero si me das un beso y un abrazo se me pasa mi pequeña. –respondí sonriéndola.

La niña sonrió y me abrazó, nos dimos varios besos. La verdad es que me animaba mucho, pues era mi pequeña y eso no iba a cambiar nunca. Comencé a hacerla cosquillas y no paraba de reírse.

-Os lo pasáis muy bien, y no me lo decís. –dijo haciendo un puchero fingido.

-¡Papi! Mami taba tiste y ya no. –contestó ella mirando a su padre.

-Lo sé, tesoro. –Se acercó y nos abrazó. Después se agachó y me dio un beso en la parte más abultada de la barriguita.

-Yo quero besito, ¡yo quero! –pidió la niña.

-Claro mi pequeña. –dijo él mientras la cogía en brazos y la daba varios besos en las mejillas.

-Bueno ya es muy tarde, hay que cenar y luego a dormir Gabriela. –comenté mirando el reloj.

-Jo… yo quero jugar. –replicó ella haciendo un puchero.

-Mamá tiene razón, que mañana tienes cole y tienes que dormir. –respondió Cristian.

Al final Gabriela entró en razón, Cristian la dio la cena y la acostó. Después preparó algo para nosotros dos y cenamos. Luego me fui al comedor mientras Cristian recogía los platos. Estaba algo cansada y me quedé adormilada viendo la tele.

Me desperté al notar el roce de una manta que me estaba colocando por encima. –Mi vida, vas a coger frío si no te tapo. –comentó él mientras me tapaba.

-Estoy bien… -respondí medio dormida, casi no me enteraba de nada.

Cristian se sentó a mi lado y me acomodó a su lado para que estuviera más a gusto. Me acariciaba los cabellos y me estaba sumiendo en un profundo sueño… veía a Cristian que jugaba con Gabriela, pero me miré la tripita y estaba plana.

Me asusté mucho, no tenía a mi bebé conmigo. Empecé a gritar a pesar de estar soñando. –Mi bebé, ¡QUIERO A MI BEBÉ! –y sentí como lloraba.

Abrí los ojos de golpe, me había puesto muy nerviosa. Y vi a Cristian. –Mi princesa, tranquila, tenías una pesadilla.

-Mi bebé, ¿dónde está? –pregunté angustiada.

-Tranquilízate, por favor. El bebé está donde tiene que estar. –respondió muy calmado, y me acarició la barriguita.

Miré y tenía su mano sobre mi abultada tripita, entonces suspiré de alivio. –Es que pensaba que le había pasado algo malo. –contesté aún con lágrimas en los ojos.

-Te voy a llevar a la cama para que descanses, mi princesa. –me dio un beso muy corto y me llevó en brazos a la cama.

Todas las noches me dormía mientras Cristian me acariciaba la barriguita, y esa noche hizo lo mismo. Además él decía que le relajaba sentir los movimientos del bebé. En ese sueño le veía a él con nuestro bebé en brazos.

Solo deseaba que fuera tan maravilloso y perfecto como lo era Cristian, la persona más asombrosa que había conocido en la vida. Y era el padre de mi bebé, no podía tener más suerte de la que ya tenía, pues lo tenía todo.

Siempre había pensado que nunca sería feliz en la vida, que merecía sufrir y no tener nada ni a nadie con quien estar. Pero estaba equivocada, la vida me había dado muchas cosas, y estaba muy feliz por todo.

Esa noche me sumí en un sueño muy profundo y placentero, era feliz, tenía una familia que me quería, un chico maravilloso a mi lado. Teníamos a la pequeña Gabriela y en unos meses tendríamos con nosotros al bebé que crecía en mi interior.
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