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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 25 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 25

25º- Sorpresas de la vida

Pasaron 2 meses, lo cierto es que no estaba tan mal en casa. La baja me vino muy bien, realmente me costaba no cansarme con las pequeñas cosas de todos los días. Todas las tardes salíamos a dar un pequeño paseo.

Estábamos cada día más contentos, y Gabriela estaba emocionada, no hacía más que preguntar cuando vendría el bebé. Yo estaba feliz, porque mi pequeña estuviera tan ilusionada, tenía miedo de que se sintiera rechazada o que sintiera que ya no la querríamos.

Una de las tardes, estábamos sentados en un banco para que descansara mientras Gabriela jugaba en los columpios. Cristian fue un momento a un quiosco a comprar unas chucherías, pues tenía ganas de comerlas.

Yo mientras me quedé en el banco vigilando a Gabriela. Pero sentí un dolor muy fuerte en la parte más baja de la barriguita. Intenté reprimir el dolor, no quería armar un escándalo en medio del parque.

Pero había una chica joven en el banco de al lado que había venido con su hija. Supongo que me vio la cara descompuesta que tenía a causa del dolor y se acercó a mí.

-Perdona, ¿te encuentras bien? Es que no se te ve buena cara. –preguntó algo preocupada.

-Lo cierto es que me duele bastante. ¿Te importa avisar a mi novio? Está en el quiosco comprando golosinas. –le pedí aguantando el dolor como pude.

Ella se levantó deprisa y fue corriendo hasta el quiosco. Levanté la vista y pude ver como hablaba con Cristian, se la veía muy nerviosa. Y en seguida venían los dos hacia mí.

-Preciosa, ¿Qué te ocurre? ¿Qué te duele? –preguntó muy nervioso.

-Pues me duele bastante por la parte baja de la tripita. ¡Ay!… –No pude evitar gritar de dolor.

Me ayudaron a levantarme entre los dos, entonces sentí un líquido corriendo por mis piernas. –Cariño… he roto aguas, ya viene el bebé…-dije antes de volver a gritar de dolor.

-Mi niña, espera, tengo que llamar a una ambulancia para que vengan a recogerte. –respondió él sujetándome.

-Tranquilos, tengo el coche aquí al lado. Si queréis os acerco al hospital. –dijo la chica muy amablemente.

-Muchas gracias, nos harías un gran favor. –contestó Cristian agradecido.

Nos montamos en su coche con Gabriela y con su hija, y fue todo lo deprisa que pudo. Cristian había marcado a su padre para avisarle de que íbamos de camino. Mientras intentaba aguantar el dolor como podía pero se me saltaban las lágrimas con cada contracción.

Cuando aún estábamos de camino Cristian se puso a hablar con la chica. –Perdona, ¿cómo te llamas? No te he podido dar las gracias aún por acercarnos al hospital.

-Pues yo me llamo Delia, y esta es mi hija Carla. No os preocupéis, no me cuesta nada acercaros al hospital. No podía dejaros allí estando ella de parto como está. –respondió ella sonriendo.
Llegamos al hospital y me llevaron a la sala de partos, pues por el camino ya había dilatado bastante. Cada vez sentía más dolor, no creía que pudiera aguantar tantísimo dolor, era lo más doloroso que había experimentado nunca.

-¡ME DUELE! Me duele mucho… –Decía con lágrimas en los ojos.

-Tranquila, mi amor, tienes que aguantar. Me ha dicho mi padre que ya no te pueden poner la epidural. –comentó Cristian acariciándome la cara.

Carlisle entró en la sala, ya estaba preparado para atenderme en el parto. –A ver, Melinda, cuando te lo diga empuja todo lo fuerte que puedas, ¿De acuerdo?- preguntó él.

-Vale. Pero me duele, quiero que acabe ya el dolor… –balbuceé como pude.

Cristian estuvo a mi lado, dándome palabras de ánimo que yo ni escuchaba. Estaba demasiado ocupada empujando y aguantando tanto dolor como para escuchar lo que me decía.

Por fin, y tras 2 largas horas di a luz, en cuanto salió y escuché su llanto, todo se pasó. El dolor tan grande había merecido la pena, si nuestro bebé estaba bien y ya estaría con nosotros.

-Enhorabuena, papás. Es una niña preciosa. –Dijo Carlisle acercándose con el bebé en brazos.

-Una niña… es preciosa. –dije mientras la miraba.

-Si… es muy linda, como su madre. –añadió Cristian con la boca abierta.

-Tiene tu linda cara mi príncipe. –le dije contenta.

-Pero tiene tus ojos. Esos ojos tan bonitos que tanto me gustan. Es fantástico. –estaba tan feliz que no cabía de gozo en sí.

La limpiaron y a mi me dieron los puntos. Me llevaron a la habitación y en un rato trajeron a la niña, que aunque se había adelantado un mes estaba sana. Lo cierto es que estaba como si tuviera ese mes más.

Vinieron a vernos Esme y Adriana. –Enhorabuena. –dijeron al unísono. Nos abrazaron y estuvieron viendo a la niña. También traían a Gabriela que miraba con cara de asombro a la niña.

-¿Eta e manita? –preguntó con curiosidad.

-Sí, mi pequeña, es tu hermanita. Y se va a llamar Evelyn si a tu padre le parece bien. ¿Qué me dices, mi príncipe?-le pregunté sonriendo.

-Pues que es un nombre precioso. Y que me gusta. Pero el próximo elijo yo el nombre, y así estamos igualados. –contesto sonriente, mientras me daba un corto beso.
-Por cierto. –interrumpió Adriana. –En la sala de espera hay una chica que me ha preguntado por vosotros. Dice que os trajo en el coche, y me ha pedido que pase a veros si vosotros queréis.

-Claro, por favor, dila que pase. –le dije contenta.

Adriana salió a buscarla y en seguida vinieron las dos. –Hola a todos. ¿Qué tal el bebé? ¿Todo salió bien? –preguntó Delia.

-Sí, es una niña, mira. Y muchas gracias de nuevo por traernos. No sé como agradecértelo. –respondió Cristian.

-Cielo, ¿porqué no hacemos una cena para darle las gracias? –le pregunté a mi novio.

-Me parece una idea estupenda. Pues en cuanto salgas del hospital haremos una cena. ¿Te parece bien? –preguntó mirando a Delia.

-Claro que sí. –respondió feliz.

Y así con la niña ya entre nosotros. Pasamos la tarde muy contentos por el pequeño milagro. Junto a la nueva amistad que habíamos hecho en el parque gracias a mí parto. La veía una buena persona, y sentía que íbamos a ser grandes amigas.
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