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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 28 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 29

29º- Profundo dolor…

Pasaron algunos días, la policía nos había dicho que los estaban buscando pero que no habían conseguido localizarlos. Les preguntamos la razón por la que iban juntos, nos explicaron que se conocieron en la cárcel y que se escaparon juntos.

Era evidente que habrían hablado de las razones por las que estaba en la cárcel, y que yo había sido la culpable, no estaba tranquila pues sabía que si no los cogían pronto, tarde o temprano vendrían a casa, y no paraba de pensar en el daño que le podían hacer a mi familia.

Hablé con Delia, para ver si se encontraba mejor, estaba algo preocupada, pero me dijo que ya se estaba recuperando y la niña también. Eso me dejó algo más tranquila, por lo menos estaban bien.

-Pues acabo de recordar algo del día del ataque. –comentó Delia.

-¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que recordaste? –pregunté con intriga.

-Uno de ellos dijo, “Oye a la niña no la toques que es mi hija. Me la tengo que llevar”. –explicó ella haciendo memoria. –Pero después, dijo que no era ella.

-Creo que sé lo que ha pasado. Te confundieron conmigo. Gabriela es hija biológica de uno de ellos, pero le quitaron la custodia por maltrato y Cristian y yo la adoptamos. –la expliqué con calma. –Cuéntaselo a la policía, así tendrán más datos, pero al menos sé que no os volverán a hacer daño porque me buscan a mí. –respondí intentando ocultar el miedo que había aparecido en mí.

-Deberías decírselo a Cristian, creo que debe saberlo. –me aconsejó ella.

-No, es mejor que no se lo diga. No quiero que se enfurezca y que intente alguna tontería para protegerme.

No dije nada a Cristian, intenté ocultar mi nerviosismo, bastante mal estaba toda la familia como para andar todavía con más preocupaciones por mi culpa. Estaba en tensión continuamente, como si me fueran a explotar las venas de la tensión y angustia que acumulaba dentro de mí.

Una tarde, Cristian se había ido con las niñas al médico, tenían que hacer una revisión a Evelyn y Gabriela quería ver lo que le hacían. Yo me excusé diciendo que estaba cansada y que tenía que terminar cosas en casa para no ir.

En realidad, tenía miedo de que al estar más tiempo con él notara que me pasaba algo y que le ocultaba cosas. No quería que se preocupara, ya bastante teníamos encima como para aguantarme.

Me puse a preparar la cena, estaba muy distraída, sin darme cuenta se quemó el pescado, y al ir a apartarlo del fuego me quemé un poco en la mano. –¡MIERDA! –protesté. Fui al baño a ponerme un poco de pasta de dientes, decían que así no se ponían demasiado mal las quemaduras.

Me lo tapé con unas gasas y volví a la cocina para seguir con la cena, o lo que quedaba de ella. Tuve que improvisar otra cosa ya que el pescado se quemó. Tenía demasiadas cosas en la cabeza, no me centraba, estaba muy angustiada y con mucho miedo, pero no quería decírselo a Cristian.

Empecé a sentirme mareada, sentía como si la cabeza fuera a explotar, me dieron muchos pinchazos, me tuve que sujetar la cabeza con las manos, porque sentía un dolor muy intenso. Como si algo dentro de mi cabeza quisiera salir, se me empezaron a saltar las lágrimas del dolor.

Perdí el equilibrio y caí al suelo, golpeándome contra la encimera en la frente, se volvió todo negro, no supe si había caído o no al suelo, porque no era consciente de nada. Estaba como en otro mundo, en el que no hacia más que ver a mis agresores y sentir el dolor tan grande de la cabeza.
Era insufrible, estar sumida en ese mar de dolor y de oscuridad. Pero empecé a oír que una voz familiar me llamaba, era Cristian, su voz era tan maravillosa que era inconfundible. En ese momento, intenté salir a la superficie de la conciencia, necesitaba estar con mi amado, y sentirle conmigo.

Abrí los ojos de repente muy desorientada, miré a mí alrededor y solo pude contemplar la cara de Cristian. Su cara estaba descompuesta por la preocupación. –Mel, mi princesa, ¿Qué ha ocurrido? – preguntó atropellando sus propias palabras.

-¿Dónde estoy? ¡Ay…! Me duele mucho la cabeza… -dije tocándome la frente.

Aparté la mano y la miré, estaba llena de sangre. Me agité al ver la sangre y empecé a removerme. Cristian me sujetó para que dejara de moverme y me abrazó. –Tranquila, es que tienes una brecha en la frente, será de cuando de has caído. –explicó él.

-Recuerdo que me quemé haciendo la cena y me puse pasta de dientes, y al seguir haciendo la cena me empezó a doler mucho la cabeza, y ya no me acuerdo de más. –comenté algo confusa.

-Tranquila, es que me he pegado un susto… He vuelto del médico con las niñas y al entrar en la cocina te he visto en el suelo con sangre en la cabeza. He dejado a las niñas en la habitación de Gabriela y he venido a ver cómo estabas. –dijo algo nervioso.

Me cogió en brazos y me llevó al sofá para que me tumbara. –Voy a llamar a mi padre, te tendrá que dar puntos en la herida de la frente. –comentó mientras marcaba el número en el móvil.

En unos 20 minutos llegó Carlisle con Esme y Adriana, se habían puesto muy nerviosos y vinieron los tres. Yo estaba abochornada, era una situación tan embarazosa por una brecha… Pero no quería montar una escenita.

-Bueno te doy unos puntos en la brecha y ya está. La quemadura no está mal del todo, pero te voy a mandar una pomada con antibiótico para que no se infecte y se cure bien. Pero lo que me preocupa es lo del dolor de cabeza. Cuéntame exactamente lo que sentiste. –pidió Carlisle.

-Pues…no sé, estaba preparando la cena, y bueno sentía como si mil agujas me atravesaran la cabeza, como si literalmente me fuera a explotar. Después empecé a marearme y supongo que me daría con la encimera porque no recuerdo nada más. –terminé de decir.

-Creo que ha sido una subida de tensión a causa del estrés, el estrés te provocó el dolor tan fuerte de cabeza y bueno hizo que te marearas. La brecha ya veo que fue fruto de tu desmayo. A ver, ¿estos días estás estresada o preocupada por algo? –preguntó con calma.

-Pues… lo cierto… es que… bueno hablé con Delia y me dijo que recordó cosas del ataque. Con lo que supimos que Walter y Enrique se confundieron, pensaban que era yo al ir con una niña de la misma edad que Gabriela. Le aconsejé que se lo dijera a la policía pero no os quise decir nada para no preocuparos. Y bueno… he estado bastante asustada y nerviosa desde entonces. –dije algo temerosa.
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