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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 29 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 30

30º- Miedos y peligros

Pude observar a Cristian, se había puesto muy tenso y apretaba los dientes. -¿Por qué no me lo dijiste? –preguntó bastante molesto.

-Porque quería evitar que te pusieras así. –respondí mirándole.

-No te harán daño y si intentan hacer algo yo les pararé los pies. –dijo con determinación.

-¿Ves? Por eso no quería decirte nada. No quiero que hagas ninguna tontería. –le comenté.

-Hijo, Melinda tiene razón. No puedes ponerte en peligro, lo hablaremos con la policía para que os protejan pero no tienes que hacerte el héroe, podrías resultar herido. –pidió su padre.

Con la respuesta de su padre, Cristian se calmó un poco pero podía ver cómo estaba todavía furioso. Pero preferí dejarle que se calmara, pues era mejor dejarle un poco de tiempo para tranquilizarse.

Estuvieron un rato más con nosotros y después se fueron. Al día siguiente habíamos quedado en ir a la comisaría para hablar sobre todo eso. Carlisle me había dado un calmante para que estuviera más tranquila y me dijo que al día siguiente me encontraría mejor.

Fui a levantarme del sofá para irme a la cama, pero en seguida Cristian me agarró y me cogió en brazos antes de que pudiera protestar. Me llevó a la cama y se sentó a mi lado.

-No hacía falta que me trajeras en brazos, que puedo caminar, tan solo es que estoy algo cansada. –comenté mientras le miraba intentando descifrar lo que pensaba.

-Sabes que lo hago encantado. Además ya que no voy a poder protegerte como debo, por lo menos voy a cuidarte que eso si que puedo hacerlo. –respondió con desgana.

-No pienses eso, mi príncipe. Sabes que me encanta que seas así conmigo, pero esos dos pueden hacernos daño de verdad. No soportaría la idea de vivir en este mundo si no es contigo y con las niñas. Piensa en nosotras tres por favor…- pedí con voz triste.

-Me haces chantaje, eso no es justo. Yo daría mi vida por vosotras tres si con eso pudiera apartaros del peligro. –contestó muy convencido mirándome a los ojos.

Me acerqué un poco a él, y pasé las manos por su cuello, hice que me mirara a los ojos y le sonreí un poco. –Sé que lo harías, pero ya te he dicho que no podría seguir viviendo sin mis niñas y sin ti.

-Si me lo pides así… no puedo negarme. –se había rendido a lo que le había pedido.

-Me alegra que digas eso, mi príncipe. –le contesté muy feliz. –Seguro que la policía los localiza y detiene.

-Lo sé, pero no quiero que estéis solas, no me lo perdonaría. No vais a estar solas en ningún momento. –juró.

-Cristian, eso no puede ser, yo tengo que trabajar, las niñas tienen que ir al colegio y tú tienes también que trabajar y estudiar. –le recordé algo seria.

-Lo sé, pero… -quiso replicar.

-Nada de peros, vamos a estar muy bien y no va a pasar nada. –dije convencida.

A los 2 días, ya estaba más tranquila, pero ese día estaba muy cansada, así que nos fuimos pronto a dormir. Cristian estuvo muy agitado, pensaba que era por lo de Walter y Enrique, pero me desperté y estaba sudando, le toqué la frente y estaba ardiendo.

-Mi amor, creo que tienes fiebre, voy a traerte algo. –comenté levantándome de la cama.

-No hace falta… -pero no pudo replicar más, se giró y vomitó en el suelo.

Yo me asusté mucho, así que llamé a Carlisle, me dijo que le metiera en la bañera con agua fría para que le bajara la fiebre y que en un rato estaría allí para ver qué le ocurría. Colgué y fue a la habitación.

-Cariño, tu padre me ha dicho que te tengo que meter en la bañera con agua fría. Pero sabes que yo no puedo contigo, tienes que intentar caminar hasta el servicio. –le pedí mirándole a la cara.

Hizo el intento de levantarse pero estaba como sin fuerza, así que intenté ayudarle todo lo que pude. Le apoyé en mí, y como pudimos fuimos hasta el baño, le metí en la bañera con toda la ropa y con mucho esfuerzo, luego abrí el grifo del agua fría.

-Está muy fría… tengo frío…-comentó él medio ido.

-Lo sé, pero es para que te pongas mejor, mi amor. –le respondí algo nerviosa.

Me estaba poniendo histérica de verle así, siempre le había visto tan fuerte y resistente que estaba asustada por lo que le podía pasar. Por fin oí el timbre, sería Carlisle para ver a Cristian, se me había echo eterno el tiempo de espera.

Fui hacia la puerta casi corriendo, solo quería que Carlisle revisara a mi amado, le veía tan mal que estaba muy asustada. Pero cual fue mi sorpresa cuando en la puerta vi a Enrique, le miré y estaba sonriendo de forma malvada.

Comencé a ponerme histérica y a gritar, pero mi hermano me agarró y me tapó la boca. No podía creer que estuviera allí, parecía una espantosa pesadilla de la que tenía que despertar en ese momento.

Pero para mi desgracia no era una pesadilla, era muy real y cada vez estaba más asustada. Él me sujetaba con fuerza y por más que intentaba liberarme no era capaz. –No se te ocurra gritar hermanita o sufrirás las consecuencias. –dijo amenazándome.

Entonces vi como por el pasillo salía Cristian todo empapado y tambaleándose, su expresión cambió cuando me vio sujeta por mi hermano. Pude ver una furia en sus ojos que nunca había visto, hasta me daba miedo mirarle.

Llegó hasta nosotros quedándose enfrente. –¡Suéltala! No la pongas un dedo encima o…- dijo muy serio pero se quedó callado al ver como sacaba una navaja y la ponía en mi cuello.

-O ¿qué? –preguntó irónicamente Enrique. – ¿Acaso vas a intentar hacerte el héroe de nuevo? Yo no lo haría si quieres que siga viva. Además por lo que veo no estás en condiciones ni de defenderte a ti mismo. –contestó riéndose.

-Déjala en paz, ¿quieres vengarte? Pues aquí me tienes. No seas cobarde te escudas en ella y la amenazas porque sabes que no se puede defender. –respondió Cristian, parecía que el verme en peligro le había disparado la adrenalina y no le veía tan mal.

-No sabes nada. La tengo a ella porque es a la que quiero, mi colega Walter me está esperando abajo. Así que nadie me va a impedir que nos la llevemos. –al decir esto apretó mucho más la navaja contra mi cuello.
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