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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 29 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 31

31º- El secuestro

Comenzó a caminar hacia atrás arrastrándome con él, salimos de la casa y siguió caminando, Cristian nos seguía muy de cerca sin dejar de mirarme. Se paró y detrás de nosotros se oía el ruido del motor de un coche.

-Despídete de ella niñato, porque no creo que la vuelvas a ver- dijo riéndose de forma muy siniestra.

-Dime que quieres, te daré lo que quieras, cualquier cosa… pero déjala. Por favor… -su tono sonaba suplicante.

-Ya veo que no te rindes… y que eres tan tonto como para estar enamorado. ¡Qué pena me das…! –contestó con asco. –Si tanto la quieres, mañana te llamaremos para pedirte dinero por su rescate, toma. –sacó algo de su bolsillo y se lo tiró para que lo cogiera.

-Cogedme a mí en su lugar... –su voz era de súplica y pude verle los ojos llorosos.

-Nada de eso… ¿para qué te queremos a ti? Espera nuestra llamada para saber lo que tienes que hacer si la quieres volver a ver viva. –le dijo muy secamente y nos montó en el coche.

Se pudo oír un gran chirrido del acelerón tan grande que dio el coche. Yo miraba por la ventana y veía como Cristian intentaba correr para acercarse al coche. No pude evitar ponerme a llorar, tal vez era la última vez que le veía.

Me tapó los ojos y me sujetó fuerte, no quitó la navaja de mi cuello, notaba que por la presión tenía una pequeña herida y sangraba un poco, pues notaba que me estaba manchando la ropa.

-Así que ahora estás con ese idiota y tenéis a la hija de mi amigo ¿no? –continuó hablando. -¿De verdad pensabas que no volvería para ocuparme de ti después de lo que me hiciste? ¡Qué estúpida! –me insultó con asco.

Yo estaba callada, paralizada, tenía tanto miedo… pero al menos parecía que no sabían que teníamos a Evelyn, por lo menos ella estaría a salvo. Prefería que me hicieran a mi cualquier cosa antes que a Cristian o a mis pequeñas. Si ellas estaban a salvo junto a su padre, podría morir tranquila.

No sé cuanto rato estuvimos en la carretera, pero al fin paramos. Me sacaron arrastras del coche y sin destaparme los ojos, me arrastraron hasta que me soltaron en el suelo y oí como una puerta se cerró.

Me puse a escuchar y todo estaba en silencio así que me quité la venda, para ver el lugar donde me encontraba. Era una habitación muy sucia y sin ningún mueble, fui hacia la puerta pero estaba completamente cerrada.

No sabía que hacer… tenía que salir de allí, no podía permitir que chantajearan a Cristian, pero era imposible que pudiera salir estando encerrada en ese sitio. Me acurruqué en la pared más alejada de la puerta y me quedé quieta llorando.

Al cabo de unas horas, oí que se abría la puerta, me asusté mucho pensando en lo que vendrían a hacerme. No me moví y vi como mi hermano se acercaba a mí con una sonrisa que me daba miedo.

-¿Qué haremos contigo? –se preguntó a sí mismo. –No lo tengo claro…

Miré de reojo y la puerta de la habitación estaba abierta, me propuse salir de allí fuera de la manera que fuera. Me levanté fui todo lo deprisa que pude y pegué un empujón a Enrique.

Estaba llegando a la puerta, casi podía llegar si alargaba la mano, pero sentí una mano que me agarraba la pierna y me tiraba muy fuerte contra el suelo. No pude evitar soltar un quejido de dolor a causa del golpe.

-¡MALDITA ESTÚPIDA!- gritó enfadado. Se levantó y se puso a mi lado, comenzó a darme patadas por todo el cuerpo, no solo eso, también comenzó a darme puñetazos.

Intenté protegerme todo lo que pude pero era algo imposible, no veía venir los golpes y cada vez que recibía uno me retorcía de dolor, me dejaba desorientada y eso le permitía seguir golpeándome.

Entonces los golpes cesaron y pude escuchar la voz de Walter. -¿Qué haces? Si no está viva no cobraremos el dinero. Piensa las cosas antes de hacerlas. –le dijo enfadado a Enrique.

Ni siquiera me miraron, tiraron al suelo una manta y salieron de la habitación dejando cerrada a cal y canto la puerta. Me cubrí con la manta pues notaba frío, aunque me movía muy mal, había recibido muchos golpes, sentía dolorido todo el cuerpo.

No había parado de llorar desde que me habían secuestrado, parecía imposible poder llorar tanto, pero mi mente solo me dejaba hacer dos cosas, llorar y pensar en mis pequeñas y en mi amado.

Perdí la noción del tiempo, no recordaba cuanto llevaba ahí y tampoco recordaba la última vez que había comido algo. Seguía teniendo frío aún teniendo la manta que me habían dado, no habían vuelto a entrar en la habitación.

Hasta que oí el ruido de la cerradura abriéndose, me puse a temblar y me acurruqué todo lo que pude contra la pared. Pero Walter no entró, al lado de la puerta dejó una bandeja y volvió a cerrarla.

Cuando estaba segura de que no entraría me acerqué a la bandeja, había un poco de pan y una botella de agua. Me lo comí con bastante ansia, pero la botella de agua no me la bebí entera. Pensé que podrían tenerme más tiempo allí así que, decidí guardar un poco de agua por si volvía a tener sed.

Las horas pasaban y yo seguía ahí encerrada, no hacía más que preguntarme lo que estaría pasando. Qué estarían haciendo mis pequeñas, cómo estaría Cristian y su familia. Al recordar sus caras lloré con más intensidad, intenté memorizar sus rostros para que me dieran fuerzas para resistir.

De vez en cuando recorría la habitación en busca de algo que me sirviera de arma para defenderme o en busca de un modo de escaparme, pero lamentablemente no había nada, habían dejado completamente vacía la habitación.

Las horas eran interminables, me quedaba dormida pero no durante largos periodos de tiempo, no quería dormir por miedo a lo que me pudieran hacer. Así que dormía a cabezadas de vez en cuando, pero todo seguía igual.

Más lágrimas salían por mis ojos, parecía imposible que volviera a llorar, parecía que había llorado suficiente, pero mi mente consideraba que debía llorar más. Se avecinaba mi final, el final de mi vida, ya no vería a mis niñas crecer, ni estaría más noches con mi amado, ni siquiera podría volver a tocarle o besarle.

Sentía tanta pena y tristeza que me comía por dentro, todo ese dolor mental se sumaba al dolor físico que sentía a causa de la paliza que me había pegado mi hermano. Era casi indescriptible que tanto dolor pudiera sentirse dentro de un mismo cuerpo, pero estaba comprobando que era posible y me estaba consumiendo.

Mi mente quería resistir, para volver a ver a mi familia, pero mi cuerpo ya no quería pelear más, estaba cansado y dolorido, solo quería reposar y acabar por fin con el dolor.
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