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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 29 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 32

32º- Se acerca el fin…

Dentro de mí se enfrentaban las ganas de seguir con vida con las ganas de que todo terminara. Pero sobre todo lo que más quería por encima de todo era saber que mis hijas y mi novio estarían a salvo, que no les pasaría nada y podrían vivir tranquilos.

Seguramente llevaba un día allí encerrada, no lo sabía con seguridad porque había perdido la noción del tiempo y me habían roto el reloj. Pero oí que se abría la puerta, me acurruqué de nuevo contra la pared más alejada y me quedé quieta.

-Ahora haremos en intercambio, pero no he olvidado el empujón que me pegaste. –dijo Enrique muy enfadado.

Se acercó a mí con paso decidido, y me agarró del pelo arrastrándome. Yo intenté frenar pero me dolía demasiado todo el cuerpo, no tenía fuerzas para oponerme. Después de arrastrarme unos metros.

Me soltó el pelo y yo me acurruqué pero Enrique volvió a pegarme, esta vez era peor, porque había cogido un cinturón, y los golpes me estaban desgarrando… Estaba comprobando que mi cuerpo aún podía sentir más dolor, cada golpe me hacía emitir un grito desgarrado.

-¡Estás loco o qué! La vas a dejar medio muerta, y no podremos hacer el intercambio. Yo la llevaré, o contigo no llegará viva. –comentó Walter muy molesto.

-De eso nada, iremos los dos. –replicó Enrique.

Me taparon los ojos y me ataron las manos, yo preferí estarme quieta para evitar que me volvieran a pegar. No obstante, no podía moverme demasiado, esta paliza había sido insufrible, sentía que me sangraban los brazos y seguramente tendría más de una herida.

Comenzaron a caminar y a mi me llevaron a rastras, no tenía fuerzas para resistirme o intentar escapar y con las dos palizas tenía todo el cuerpo muy magullado. Lo cierto, es que ya todo me daba igual, solo quería que todo acabara, estar en paz, tranquila, aunque sabía que era muy posible que me mataran…

Montamos en el coche, no dejaron de apretar la navaja contra el cuello, ya hasta me había acostumbrado a tenerla en el cuello, ni siquiera me resistí, no tenía ganas ni fuerzas suficientes.

No tardamos mucho rato en parar, me bajaron de un tirón del coche. Nada más salir me vino un fuerte olor a gasolina, me horroricé al pensar que me iban a quemar viva. Pero mi estado anímico cambió cuando Enrique comenzó a hablar.

-¿Tienes el dinero? Espero por su bien que sí. –preguntó amenazante.
-Sí, aquí lo tengo está todo. –era la voz de Cristian.

Yo comencé a agitarme al oír la voz de mi amado, pero no me servía de nada, ya que Enrique seguía apretando la navaja contra mi cuello. –Estate, quieta estúpida. –pidió muy enfadado.

-Trae el dinero y la soltaré. –en esta ocasión era Walter el que hablaba.

Oí unos pasos que cada vez se iban acercando más a nosotros, hasta que se detuvieron. Un ruido sordo se oyó a mi lado, me imaginaba que sería la bolsa con el dinero que traía Cristian.

Uno de los dos me cogió muy fuerte del brazo y me empujó hacia delante. Caí al suelo, de tantos golpes y dolor como tenía en mi cuerpo, ya ni me dolió la caída. Pero estaba aliviada parecía que todo había terminado… o eso pensaba.

Cuando estaba intentando levantarme, sentí un pinchazo enorme en la pierna derecha. –¡AYYYY! –solté un grito desgarrador. Pero no podía ni aliviarme el dolor con las manos porque aún estaba atada.

-Dijisteis que no la haríais daño…-dijo Cristian muy nervioso.

-Nunca dijimos eso, dijimos que puede que la volvieras a ver con vida. Pero creo que he cambiado de opinión. –contestó Enrique. –Creo que no la voy a dejar viva, con todo lo que me ha hecho no merece seguir viva.

Oí golpes y forcejeos, no sabía lo que estaba pasando, pero lo único que pensaba era que a Cristian no le pasara nada malo. Comencé a llorar muy intensamente, y no hacía más que oír golpes y más golpes, con cada golpe mi llanto se incrementaba pensando que era un golpe que había recibido Cristian.

Al cabo de unos minutos todo estaba en silencio, hasta que se oyó a alguien hablar por un megáfono. –Policía ¡Arriba las manos!

Todo se quedó en calma, yo me acurruqué todo lo que pude y seguí llorando, hasta que el silencio se acabó por 2 disparos. Pegué un grito muy fuerte, por el susto de los disparos, pero sobre todo porque era muy posible que los disparos hubieran alcanzado a Cristian.

A los pocos segundos unas manos me incorporaban, comenzaron a desatarme las manos y luego me quitaron la venda de los ojos. Entonces pude verle la cara, era Cristian, estaba llorando y no paraba de mirarme.

-Preciosa… creí que no volvería a verte. Ya estás a salvo. –me acurrucó entre sus brazos y me acarició los cabellos.

-Me duele…-dije dolorida.

-¿Qué te duele, mi amor? –preguntó nervioso.

-Todo… pero sobre todo, me duele el pinchazo, ¿qué tengo? –pregunté asustada.

-Mi princesa, te clavaron la navaja en la pierna. Dios… ¿Qué te hicieron esos salvajes? –su voz era de completa preocupación.

Yo solo pude acurrucarme más contra su pecho, estaba a salvo, ahora sí, y estaba con mi amor a mi lado. Me daban igual todos los golpes, el navajazo, todo el dolor soportado, lo único que me importaba es que estaba entre los brazos de mi amado.

-Estaba muy asustada, intenté escapar, pero solo conseguí llevarme una paliza… -dije llorando de nuevo.

-Preciosa… lo has debido pasar muy mal. Te amo tanto… -contestó dándome muchísimos besos.

No tardó en llegar la ambulancia, pero yo no tenía fuerzas para nada, estaba medio inconsciente. No sentía casi nada de lo que ocurría a mi alrededor, cuando me quise dar cuenta estaba en la ambulancia, Cristian no me soltaba la mano.

-Vamos al hospital y todo estará bien, mi preciosa princesa. Te amo. –dijo Cristian sonriendo tímidamente, mientras me acariciaba la mejilla.

-Y yo también, te amo… -pero no pude continuar con los ojos abiertos de tanto agotamiento y dolor que sentía.
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