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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 30 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 34

34º- Convalecencia en casa

-¿Dónde te llevaron? –preguntó Cristian con curiosidad y nerviosismo.

-No sé, me taparon los ojos, solo me los pude destapar en una habitación que me encerraron, no pude ver nada que me dijera donde estaba, pero el sitio estaba abandonado. A mi me tenían en una habitación pero sin muebles ni nada. –contesté cerrando los ojos para hacer memoria.

-Bueno por eso ya no tienes que preocuparte. –dijo Carlisle dándome un pequeño abrazo.

-Mañana te podrás ir a casa, porque es mejor que estés en casa para recuperarte, lo de la pierna te va a llevar unas 3 semanas. Los golpes se irán curando con los días, y cuando te duela pues tómate un calmante de los que te daremos. –explicó él.

-Está bien, papá, yo me encargaré de todo. –dijo Cristian.

-Pero hijo, ¿Cómo te encargarás de todo con el trabajo y los estudios? –le preguntó su padre algo preocupado.

-Pues lo dejaré por un tiempo, Melinda me necesita. –respondió muy seguro de su decisión.

-Eso no lo puedes hacer, ¿cómo vais a mantener la casa sin trabajar ninguno de los dos? –preguntó Carlisle, preocupado por la actitud de su hijo.

-No lo sé, pero ella no puede estar sola en casa, me necesita. –le replicó.

-Hermanito, yo sigo sin trabajo, si quieres me ocupo yo de ella. Puedo estar con ella mientras tú te vas a clase y a trabajar. No te preocupes, ya estuve cuidándola la otra vez. –le recordó su hermana.

-Haz caso a tu hermana, mi amor. –le pedí agarrando su mano.

-Está bien, si a ti te parece bien, pues a mí también. –dijo Cristian aceptando el ofrecimiento de su hermana.

Al día siguiente me dieron el alta como había dicho Carlisle, me llevaron a casa, parecía que hubieran pasado años sin verla. Me alegré mucho de estar de vuelta a mi casita, la echaba tanto de menos, estar a salvo en el hogar, con paz y tranquilidad.

-Tenía unas ganas locas de volver a casa. –comenté sonriendo.

-Ya estás en casa, mi princesa. Con tu familia. –dijo dándome un tierno beso.

Me sentó en el sofá, llevó a las niñas a la habitación y volvió al comedor. Se sentó a mi lado y me recostó en él para que estuviera más cómoda. Intentaba cogerme por zonas que no tuvieran moratones, pero era muy difícil, tenía golpes por todas partes.

Era inevitable que me cogiera de alguna zona golpeada, y eso me hacía emitir algún quejido. –Perdona, mi princesa, no quería causarte más daño del que ya tienes.-se disculpó algo triste.

-Tranquilo, si estoy contigo nada me importa ni me duele. –le respondí apretándome contra él.

Pero estaba algo confusa, no sabía lo que hizo él cuando me llevaron, y lo que tampoco sabía era cuanto tiempo estuve secuestrada. Quería saberlo todo, lo que hicieron después de mi secuestro, que les pidieron, todo lo ocurrido.

-Cielo, ¿Te puede preguntar algo? ¿Qué ocurrió cuando me secuestraron? ¿Cuánto tiempo he estado secuestrada? – hice tan seguidas las preguntas que casi ni yo misma entendí lo que decía.

-Pues… yo intenté seguir el coche pero no sirvió de mucho. Llamé a mi familia que vino a casa, todos estábamos muy preocupados. Al día siguiente llamaron para decirnos que querían dinero a cambio de tu vida. –explicó pero le dejé seguir hablando. –Contactamos con la policía que nos ayudó. Me pondrían un localizador para seguirme de cerca y llegar hasta el lugar del intercambio. Y bueno… ya sabes el resto.

-Entiendo… -dije pensativa.

-¿Qué pasa, mi princesa? –preguntó girando mi cara para mirarme a los ojos.

-¿Y las niñas? Sé que Evelyn es muy pequeña pero, ¿Qué dijisteis a Gabriela? – quise saber.

-Pues Evelyn como tú has dicho es muy pequeña, pero aún así estuvo llorando mucha horas, pues cuando le entró hambre no estabas. Y Gabriela sí preguntó, la dijimos que unos hombres malos te tenían pero que volverías a casa pronto. –contestó.

Ya no tenía ganas de saber más cosas, solo quería olvidar el asunto. Llegó la hora de la comida y Cristian lo preparó todo. Me trajo a Evelyn que quería comer, por fin volvía a estar con mi familia. La niña comió con mucha ansia, nos habíamos echado de menos mutuamente.

Mientras le puso la comida a Gabriela, luego se fue a jugar, no sin antes darme un beso y un abrazo. Cuando Evelyn terminó de comer Cristian la llevó a su cuna, y volvió al comedor.

Me trajo una bandeja con la comida, no quería moverme, pues cada vez que me moviera me iba a hacer sentir dolor a causa de los golpes y moratones. Él comió conmigo en el sofá.

La comida estaba tan rica… me la comí hasta con ansia, pues en el hospital me dieron suero, no quisieron arriesgarse a darme alimento sólido. Y esa comida me supo maravillosamente bien.

-Tenías mucha hambre, mi niña. ¡Qué tonto! Debí traerte comida hace un rato. –se dijo a sí mismo.

-No digas eso, está bien, y está todo riquísimo. –contesté cogiendo otro trozo de filete.

Ese día fue muy tranquilo, Cristian volvería al trabajo y a los estudios al día siguiente, estuvimos abrazados casi todo el día, no pusimos la tele, tan solo algo de música relajante. Ahora sí que estaba a salvo, y con mi amado, estaba tan a gusto sintiéndole conmigo, que parecía que si me abrazaba no sentía dolor.

Pero si que sentía dolor, tuve que tomarme algunos calmantes, no me importaba, me volvía a abrazar a Cristian, quería sentir su piel rozando con la mía, sentir su respiración muy cerca de mí. Saber que estaba despierta y que no era un sueño que todo había acabado bien.

Al día siguiente vino Adriana, me ayudaba a moverme aunque solía quedarme en el comedor. Los días pasaban lentos, pero al menos no estaba sola, Adriana era una buena compañía. Solíamos poner películas para pasar el rato, o escuchar música, en otras ocasiones nos poníamos a hablar.

Me contó que había empezado a salir con un chico hacía un par de semanas pero que no había dicho nada en casa porque no sabía si la cosa iba muy en serio o no. Pero se la veía muy feliz y enamorada, yo me alegré mucho por ella, era una chica estupenda y se merecía ser feliz.

Estuvimos hablando del chico, se llamaba Pedro y tenía la misma edad que ella, se conocieron en una discoteca, y se habían quedado muy pillados los dos, se estaban conociendo y parecía que les iba bien.

Aunque ella no estaba segura de decírselo a su familia, sobre todo a Cristian, siempre había sido muy protector con ella. –No sé, cómo se lo va a tomar mi hermano. –dijo ella algo triste.

-Seguro que bien, si dices que es tan buen chico no creo que ponga problemas. Tú tranquila. Lo que podemos hacer es que se lo cuentes un día por la tarde cuando vuelva, y yo estaré contigo cuando se lo digas. –la contesté sonriéndola.

Ella se puso muy contenta y lo único que pudo hacer es darme un abrazo, las dos comenzamos a reírnos, nos queríamos mucho.
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