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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 10 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 4

4º- Cuesta reconocer lo que uno siente

No tardamos casi nada en llegar al hospital, ayudándome a salir del coche. Cuando comenzamos a caminar me di cuenta que le habían salido algunos moratones, de los golpes que le había propinado mi hermano.

Noté que le fallaban las fuerzas y dejó de sujetarme cayéndose al suelo. Me puse muy nerviosa, solté el trozo de camiseta con el que me tapaba la cara, que aún seguía sangrando.

-¡Cristian! ¿Qué te ocurre? ¡NECESITO AYUDA, POR FAVOR!-Grité para que alguien me ayudara.

Se acercó corriendo el padre de Cristian que justo estaba en su tiempo de descanso y se disponía a salir a despejarse un rato. Al verme en el suelo con Cristian vino corriendo.

-¿Qué os ha pasado? Cristian me dijo que os pasaríais por tu casa para recoger algo de ropa. –Dijo muy nervioso.

-Es que cuando estábamos a punto de irnos, llegó mi hermano y se empezaron a pelear. Me hizo estas rajas y siguieron peleándose, pero cogí su cuchillo y se lo clavé en el costado, después salió huyendo. –dije sollozando. –Supongo que está así por alguno de los golpes que le dio mi hermano.

-Bueno cálmate, vamos dentro para ver qué le ocurre a Cristian y te curarán y coserán esas heridas. –afirmó con la voz más tranquila.

Pasamos dentro y a mi me comenzaron a curar y coser las rajas. Pero no estaba atenta, solo miraba de un lado a otro impaciente porque Carlisle entrara a decirme cómo se encontraba Cristian.

Terminaron de coserme y salí de esa sala intentando encontrar a Cristian. Me encontré de frente con Carlisle, y menos mal porque en ese momento sentí que me fallaban las piernas pero él me sujetó.
-Tienes que descansar, perdiste mucha sangre a causa de los cortes. –dijo mientras me sentaba en una de las sillas del pasillo.

-No puedo descansar. ¿Cómo esta Cristian? ¿Se va a poner bien? –mi voz era de auténtica preocupación.

-Pues… le he revisado yo mismo, y tiene varios golpes, pero uno de ellos se ha dañado seriamente el bazo. Dentro de poco hay que intervenirle y quitarle el bazo, si no podría tener problemas. –explicó muy serio Carlisle. –Pero puedes pasar a verle un rato, hasta que nos le llevemos a operar, seguro que tu visita le alegra.

Me dijo que estaba en la habitación 200 y me dirigí hacia allí. Entré y estaba con los ojos cerrados, pero parecía tranquilo, era tan guapo y hermoso… no podía dejar de mirarle. Pero con lo torpe que siempre he sido, me tropecé haciendo mucho ruido. Al oírlo se giró y al verme comenzó a sonreír.

-¿Ya te han curado?, creía que no vendrías nunca.-dijo haciendo una seña con el dedo para que me acercara. Cuando estuve a su lado, me miró la venda del brazo y la de la cara y su gesto se volvió frío.

-Estoy espantosa… -dije sollozando al ver su cara. –No me mires que estoy horrible. -Al decir esto me tapé la cara con las manos.

Pero oí que suspiró y me apartó las manos. –No digas eso, eres preciosa, y bueno… en un tiempo se te habrán curado las heridas. Eres muy hermosa eso no lo dudes. Además yo te voy a seguir queriendo… -Cuando dijo eso se sonrojó y me miró con miedo.

-¿Lo dices en serio? Eres maravilloso, y bueno… eso que has dicho… es muy bonito. Ya te dije esta mañana que yo también siento algo por ti. –dije y le acaricié los labios con el dedo.

En ese momento, recordé que le tenían que operar y bueno, una operación siempre tiene sus riesgos. Así que no pude evitar ponerme a llorar. Cristian, me limpió las lágrimas y acercó su cara a la mía.

-¿Por qué lloras, princesa? Una chica tan linda no merece estar triste ni llorar. Me gusta que sonrías. –su voz era muy dulce.

-Pero no quiero que te pase nada y por mi culpa te tienen que operar. Prométeme que vas a ponerte bien. Yo quiero conocerte mejor y que estés conmigo. Yo… también te quiero… y quiero que estemos juntos… -dije derramando más lágrimas. –bueno… si tú quieres.

-Claro que quiero, eso era lo que estaba deseando oír. Ahora sí que tengo fuerzas para superar cualquier cosa. Te prometo que en cuanto me recupere, vamos a estar todos los días juntos para conocernos mejor. – Cogió mi cara para acercarla a la suya y darnos un beso muy intenso.

Entraron y se llevaron a Cristian al quirófano. Carlisle me dijo que estuviera en la sala de espera. Pronto llegaría su mujer y su hija para así estar allí, así que esperé sentada. No más de 30 minutos después llegó Esme con la cara llena de preocupación. A su lado había una chica guapísima con el pelo moreno y una cara que parecía una muñeca de porcelana.

Esme se acercó a mí al ver mis heridas y me abrazó. –Lo siento mucho, debimos ir con vosotros, pero Cristian nos dijo que no creía que fuera a pasar nada. ¿Estás bien? ¿Ya ha empezado la operación? –preguntó.

-Pues yo estoy bien, ya me cosieron las dos rajas, y hace media hora que se han llevado a Cristian a operar. Lo siento de verdad, os he causado muchas molestias, no quería de verdad. –dije derramando alguna lágrima.

-No digas eso, no has sido ninguna molestia. De hecho, cuando estabas acostada, estuve hablando con él y le noté muy feliz, hacía tiempo que no estaba tan ilusionado. Por cierto, perdóname, esta es mi hija Adriana. –hizo un gesto con la mano.

-Encantada, aunque bueno abría preferido conocerte en otras circunstancias. –dijo dándome un pequeño abrazo.

Tras dos largas horas de espera, vimos salir a Carlisle que había estado viendo toda la operación. Salió con una sonrisa en la boca y eso me tranquilizó.

-La operación ha salido muy bien, en unos días se habrá recuperado. –y abrazó a su mujer. Su hija se unió al abrazo, y me hicieron un gesto para que formara parte del abrazo. Era fantástica esa familia, buenas personas que se querían y que no les había importado ayudarme.

Me sentí muy agradecida por todo lo que habían hecho por mí, y me prometí a mi misma que en cuanto pudiera se lo agradecería como merecían. Carlisle al cabo de un rato me dijo que podía pasar 5 minutos a verle.

Entré y le encontré mirando por la ventana, intenté no hacer ruido, y le oí murmurar. –No sé lo que voy a hacer, pero necesito estar junto a esta chica tan maravillosa. Señor, dame fuerzas para que me recupere y pueda amarla. –al decir eso noté que suspiró.

Yo me hice la tonta como si no hubiera escuchado nada y le hablé. –Toc, toc. ¿Se puede pasar? ¿Cómo te encuentras? –pregunté sonriéndole y acercándome a él.

-Pues… ahora que estoy viendo a la persona más linda y hermosa, mucho mejor. No sabes las ganas que tenía de ver tu carita, y esos ojos… ¿Sabes que tienes los ojos más preciosos que he visto en mi vida? Esa mezcla entre el marrón y el verde esmeralda, y mezclado con el gris. No sé, tienen como un hechizo que me hace mirarlos todo el rato.- fue inevitable que al oír eso me pusiera roja como un tomate.

-Gracias… pero tienes que descansar y coger fuerzas. Ya me los mirarás mas tarde. Tenía mucho miedo por ti, lamento todo esto, ha sido culpa de mi hermano y no sabes cuanto me apena que hayas salido herido. –dije con mi mirada triste.
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