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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 11 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 5

5º- Conociéndonos mejor

Con todo lo que había pasado con mi hermano, insistieron en que me quedara en su casa. Hasta que la policía no lo localizase y lo encerrase no estaría tranquila. Al día siguiente, fui al colegio a trabajar, pero como estaban preocupados, me iba a buscar Adriana.

Fuimos las dos al hospital, y por el camino fuimos hablando. Notaba que ella me miraba con una sonrisa y eso me extraño, pero esperé a que ella hablara.

-Mi hermano siempre ha sido muy retraído, nunca ha mostrado interés por ninguna chica. No sé, está tan distinto… pero me alegro mucho por él. Desde pequeños nos hemos cuidado y bueno… me alegra saber que te preocupas tanto por él. –explicó Adriana.

-Bueno, le he causado muchos problemas y me siento fatal por eso. Pero es cierto que estoy sintiendo algo por él... –le dije sonrojándome un poco.

-Desde que perdimos a nuestros padres, siempre nos cuidamos mutuamente hasta que Carlisle y Esme nos adoptaron. Nuestros padres murieron de malaria, cuando nosotros teníamos yo 5 años y él 8, pues ayudaban a ONGs y hacían viajes. Pero conocimos a Carlisle y Esme que nos quisieron adoptar a los dos a pesar de ser ya muy mayores. –contó Adriana muy tranquila.

-Lo siento mucho de verdad, pero Carlisle y Esme se nota que os quieren con locura. La verdad es que los 4 sois estupendos, a mí sin conocerme de nada me estáis ayudando muchísimo, no sé como daros las gracias. – expliqué.

-No tienes que darlas. Nuestros padres nos han enseñado a ser buenas personas y ayudar a quien lo necesite siempre que esté en nuestra mano. Ya formas parte de esta familia y te vamos a ayudar en todo lo que podamos. –dijo dedicándome una sonrisa, y yo se la devolví.

Por fin, llegamos al hospital y subimos a la habitación 200 donde supuse que estaría durmiendo Cristian para recuperarse. Adriana entró primero a verle y después de unos minutos salió y me hizo una seña para que pasara yo.

Abrí con cuidado la puerta y allí estaba, esa persona tan fantástica que había arriesgado su vida para ayudarme. Unas lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas. Cristian al notar la presencia de alguien en la habitación, giró la cabeza y sonrió. Me acerqué a él, limpió las lágrimas con la mano y la dejó apoyada en la mejilla.

-¡Hola! El día ha sido muy largo, solo pensaba en la hora en que te vería. Esta noche he soñado contigo… –dijo sonriendo de oreja a oreja.

Me fue imposible no sonrojarme ante esas palabras. –Yo también tenía muchas ganas de verte. ¿Cómo te encuentras? De verdad que siento mucho todo lo que ha pasado.- pero me tapó la boca con la mano.

-No digas eso. He hecho lo que tenía que hacer, no podía permitir que tu hermano te hiciera daño. Ahora ya estás a salvo conmigo, que es lo importante. Y haré cualquier cosa por ti, vendería mi alma al diablo si con eso te protegiera de las cosas malas. –juró muy firmemente.

Estuvimos juntos hasta que acabó la hora de visitas, eso nos entristeció a los dos. –Bueno… me hubiera gustado quedarme, mañana vendré con tu hermana otra vez. Aunque la voy a decir que no hace falta que venga a buscarme. De verdad que no es necesario, puedo cuidarme sola. –dije intentando que mi tono pareciera serio.

-No, hasta que cojan a tu hermano, es mejor que no estés sola. Me quedaría más tranquilo. Estoy convaleciente, déjame tener ese gusto de saber que estás a salvo. –dijo acercándome a él y dándome un beso que me dejó sin aire.

-Bueno… esta vez ganas tú, pero no voy a seguir molestándoos de esa manera. –dije con determinación.

-Eres una chica estupenda, no eres ninguna molestia. Espero que tú y yo… bueno que seamos algo más que dos conocidos… -dijo agachando la mirada.

Yo le levanté la cara con las manos para que me mirara y le sonreí. –Yo creo que ya somos algo más que conocidos. Yo con los conocidos no me beso. Solo con la persona por la que sienta algo… especial. –dije y me ruboricé.

-Eso me hace muy feliz, sé que eres una chica muy especial y voy a cuidarte como te mereces. –intentó incorporarse, pero al hacerlo, emitió un quejido. -¡Ay!.

-Bueno primero te tendré que cuidar yo a ti, ya que soy la causante de tu ingreso en el hospital. –dije con una media sonrisa.

-No te angusties, además tú eres la mejor medicina, con tu visita, y cuando me miras con esos ojos… siento que puedo hacer cualquier cosa. –se le notaba muy ilusión en la voz.

-De momento mejor que te recuperes… ya veremos luego lo que puedes hacer… -dije dándole un suave abrazo para no lastimarle. –Te veré mañana, ángel mío.

-Eso suena a gloria, preciosa. –respondió con una mirada muy tierna.

Adriana me estaba esperando fuera, y volvimos a su casa. Al llegar, era casi la hora de la cena y Carlisle y Esme nos estaban esperando con la mesa puesta. Era una familia tan encantadora… no sabía como pero tendría que buscar la manera de agradecerles todo lo que estaban haciendo por mí.

Después de la cena estuvimos viendo un rato la tele, y me llegó un mensaje al móvil, supuse que seria alguna amiga. Pero al leerlo me quedé blanca y como una estatua. Adriana que estaba al lado me miró muy preocupada.

-Mel, ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? –preguntó agitándome de un brazo.

Pero yo estaba paralizada, ni siquiera era capaz de parpadear ni de responder, solo tenía el móvil en la mano y la mirada perdida. Adriana cogió el móvil y leyó el mensaje. “Maldita… la poli me está buscando. Pero he visto que te escondes en un chalet con los Cullen, una familia de imbéciles. Tranquila me encargaré de todos. Disfrutaré cuando te haga mía y nadie lo impida”.

Adriana se quedó con la boca abierta, me miró y me vio tan paralizada como antes pero llorando. No era yo, era un cuerpo sin conciencia, estático en el sofá, mi cuerpo no quería reaccionar, y mi mente tampoco.

Llamó a Carlisle, sentí que me tocaba en la cara para ver si reaccionaba, pero no podía, estaba aterrada, no solo por lo que me haría a mí, sino porque pensaba atacar a esa familia que tanto me había ayudado de forma desinteresada.

Me llevaron a la cama, y Carlisle me dio un calmante con la esperanza de que me sacara de mi trance. Hizo bien su trabajo, al cabo de un rato estaba dormida y no sentía nada.

De repente, me desperté, miré el reloj y eran las 6 de la mañana, aún estaban dormidos. Así que escribí una nota. “Muchas gracias por todo lo que habéis hecho por mí, nunca podré daros las gracias ni daros el agradecimiento que os merecéis por lo buenos que habéis sido conmigo. Pero no puedo permitir que mi hermano os haga daño, eso no me lo perdonaría nunca. Lamento despedirme así, pero no quería que os involucrarais más. Despedidme de Cristian, decidle que le quiero mucho y que lo hago para protegeros a los 4. Un cariñoso abrazo. Melinda”.

Me marché intentando no hacer ruido. Cuando había andado bastante, escuché unas voces que me llamaban pero seguí caminando, con lágrimas en los ojos. Si a mi me hacía algo mi hermano no me importaba, pero no podía consentir que dañara a esas personas tan maravillosas que tanto habían hecho por mí, era lo mejor que podía hacer.
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