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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 12 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 6

6º- La casa del horror

Volvía hacia mi casa, ya sabía lo que me esperaba, pero con un poco de suerte, dejaría en paz a esa familia tan maravillosa. Al fin llegué, y abrí la puerta, todo estaba tal como se quedó el día que me marché cuando el ataque, desordenado y algunas cosas rotas.

Entonces miré y Enrique estaba sentado en el sofá, en cuanto me vio se dibujó una sonrisa macabra en su cara. Supe en seguida lo que pretendía hacerme, y seguramente lo conseguiría.

-Ya veo que mi mensaje te ha hecho entrar en razón, ¿verdad? –dijo aún sonriendo.

-Estoy aquí para que no le hagas daño a esa familia, tú me querías a mí y aquí me tienes. Iré a prepararte el desayuno.-me dirigí cabizbaja hacia la cocina.

Estuve preparando el desayuno y no paraba de llorar, pero no quería que me viera porque entonces se pondría peor aún. Le di el desayuno y yo comí algo también.

-Bueno me tengo que ir a trabajar, a la hora de la comida estaré aquí y tendrás preparada la comida. Después de comer iré a trabajar otra vez, y por la noche tendrás la cena en la mesa, tranquilo. –mi voz sonaba apagada.

Pero cuando fui a salir por la puerta me agarró del brazo y me metió en mi habitación, me tumbó en la cama. -¿Qué haces? Tengo que ir a trabajar, alguien debe traer dinero a esta casa para que podamos comer. –dije muy seca.

-No, tú no vas a ir a trabajar, al menos no hoy, aquél día ibas a complacerme y ese idiota me lo impidió, pero he oído que está en el hospital, así que no podrá salvarte. –me miró con unos ojos malvados, y empezó a quitarme la ropa, ya me había quitado la camiseta y me estaba tocando por todas partes.

Yo sentía mucho asco, comencé a llorar y a gritar. Cuando noté que me desabrochó los pantalones y metió la mano para tocarme la intimidad. En cuanto hizo esto empecé a removerme para que no me tocara pero siendo más fuerte que yo era algo inútil.

-Así solo me pones más cachondo, y eso está bien, quiero que me hagas disfrutar mucho. –Tiró de los pantalones dejándome en ropa interior, y volvió a acariciarme la intimidad. Por más que intenté liberarme no lo conseguía. Y mi expresión era de total pánico cuando noté que se estaba desabrochando los pantalones.

No podía hacer nada estaba atrapada y me haría cualquier cosa que quisiera, nadie le iba a detener. Entonces noté como se paró en seco, se quedó en esa posición, con sus manos en mí, inmóvil como una estatua.

-Déjala en paz, o te clavo el cuchillo en la cabeza. ¡Quítale las manos de encima! Y apártate de ella. –dijo la voz de una chica de forma muy firme.

Mi hermano se quitó de encima y se echó para atrás, entonces pude ver a Adriana que tenía al lado de su cabeza un cuchillo. Lloré con más fuerza, al ver que estaba a salvo, pero no me podía fiar, Enrique era demasiado listo.

-Mel, ¿estás bien?, coge el móvil y llama a la policía. –dijo Adriana. Me levanté, cogí el móvil y los llamé, Adriana seguía con la navaja pegada a la cabeza de Enrique. Yo tenía mucha rabia acumulada por todo lo que había pasado, sobre todo lo que le había hecho a Cristian, y le pegué una patada en sus partes.

Se cayó al suelo del dolor, y le pegué más patadas, haciendo que se quedara inmóvil. Adriana vino y me abrazó. –Tranquila, ya ha pasado todo. Estás a salvo, pero trae una cuerda para que le atemos y no intente escapar.

Una vez que le atamos, me puse la ropa que me había quitado Enrique. Y nos quedamos vigilando a Enrique, pero aún seguía sollozando. -¿Qué haces aquí? ¿Cómo has encontrado mi casa? –le pregunté muy intrigada.

-Pues… cuando te has ido, te he visto, y te seguí, no podía permitir que te hiciera daño. Me quedé esperando en la puerta y cuando te oí gritar, abrí la puerta con una tarjeta y cogí un cuchillo de la cocina. No podía dejar que te hiciera nada… -y nos dimos un abrazo.

-No tenías que haberlo hecho, te podía haber intentado hacer algo a ti también. No quería causaros más problemas. –aún caían lágrimas por mis ojos.

-No digas eso, no sabes lo que me angustié al ver que te ibas. Ahora cuando venga la policía, vuelves a mi casa, y después nos iremos a ver a Cristian. Porque o le cuentas tú lo que has hecho o se lo cuento yo. –dijo en tono severo.

En un rato llegó la policía y se llevó a Enrique, me dijeron que estaría en prisión preventiva hasta el juicio. Adriana llamó a su padre para que nos viniera a buscar y una vez en su casa, en cuanto entramos Esme vino a abrazarme con lágrimas en los ojos.

-No sabes lo preocupados que nos has tenido… -me abrazaba y noté que estaba llorando.

-Lo siento muchísimo, de verdad. Pero creí que era la única forma para evitar que mi hermano os hiciera daño. –intenté justificarme mirando al suelo.

-Bueno, tranquila, ya ha pasado todo y estás bien, que es lo importante.-dijo Carlisle suspirando de alivio.

Me dejaron descansar un rato, durmiendo para tranquilizarme. Me vino muy bien, habían sido demasiadas emociones por un día. Y ya me había dado cuenta de la clase de monstruo que era mi hermano, al pensar que estaría encerrado hasta el juicio me tranquilizó.

Estaba ya medio despierta al cabo de una hora, y oí que llamaron a la puerta y di permiso para que pasaran. Era Esme, se sentó en el borde de la cara y se quedó mirándome hasta que por fin habló.

-¿Estás más tranquila? No sabes lo preocupada que me quedé cuando leí la nota… -estaba con la voz algo dubitativa. –Y bueno… al decírselo a Cristian, se ha puesto furioso. Me ha pedido que te llevemos en cuanto te despertaras.-explicó.

-No quería que se hubiera enterado, y menos así. De verdad él me importa mucho, no me imagino como ha podido sentirse. –dije sollozando.

-Bueno pues vamos ahora, porque estaba muy nervioso y quería verte en persona. –explicó mientras se levantaba y salía de la habitación.

Nos montamos en el coche, yo estaba nerviosa, quería verle pero me asustaba la reacción que tendría. Al cabo de un rato, llegamos y se quedaron esperando en la sala de espera. Toqué en la puerta y me dio permiso para pasar, estaba con miedo.

Me miraba muy enfadado pero me hizo un gesto para sentarme a su lado y le hice caso. Esa mirada me daba miedo y no solo eso, me partía el alma verle tan molesto conmigo, y no me hablaba. No sabía qué decir, así que me quedé mirando a la espera de que cambiara su expresión tan fría.
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