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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 13 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 8

8º- El principio de la convivencia

Cristian iba mejorando por días, todas las tardes al salir de colegio me quedaba con él y después volvía a su casa. No me dejaban irme a la mía hasta que le dieran el alta a Cristian.

Al principio refunfuñé un poco, parecía que me trataran como si tuviera 5 años, pero estaba harta de causarles problemas y de que sufrieran, así que accedí sin poner demasiadas pegas.

Por fin llegó el día en el que tenían que darle el alta, me fui como cada tarde al hospital al salir del trabajo. Pero entré en la habitación y estaba vacía no había nadie, me asusté, lo primero que pensé fue que mi hermano se había escapado y había venido a por él.

Me estaba poniendo de los nervios, comencé a sollozar intentando pensar con claridad y ver qué hacer. Pero no tuve demasiado tiempo, pues me sonó el móvil y lo cogí enseguida, al ver que era Cristian.

-¿Dónde estás? Estoy en el hospital y no estas aquí, ¿Qué ha pasado? –estaba tan nerviosa que casi se me trababa la lengua.

-Tranquila Mel, estoy en tu casa, es que me dieron el alta esta mañana y quería darte una buena sorpresa. –dijo en un tono muy alegre.

-Un buen susto es lo que me has dado. No te imaginas lo asustada que estaba pensando en qué te había pasado… -dije respirando de alivio.

-¿Qué no lo sé? Creo que eso ya lo he sufrido. Lo lamento preciosa, no quería preocuparte, pero ven pronto para ver tu sorpresa. –respondió y ya pude respirar tranquila.

Colgué el teléfono y volví todo lo rápido que pude. Me di cuenta de que no tenía las llaves de mi casa, las tenía en casa de Cristian y supuse que las había cogido, así que tuve que llamar al timbre.

Cristian abrió la puerta sonriente. –Bienvenida a casa. Tenía muchas ganas de verte. –estaba pletórico.

Entré y la casa estaba totalmente ordenada, yo no la había podido colocar a causa del ataque de mi hermano. No sólo estaba ordenado, había varios ramos de flores repartidos por el comedor, eran calas blancas. Entré en la cocina, había más flores y la mesa estaba puesta, preparada para luego cenar más tarde.

Levantó la mano y movió los dedos para que me acercara a él. Me cogió la mano y me la beso, eso me hizo ruborizarme. –Preciosa mía, he estado toda la mañana limpiando y ordenando para que lo encontraras perfecto. Y bueno… he estado acondicionando una de las habitaciones para poder instalarme. En la tuya además hay una sorpresa. –y puso una sonrisa tan perfecta que me estaba dejando sin aliento.

-No tenías que haber hecho nada de esto, de verdad no hacía falta. Pero está precioso todo, eres un amor. –dije acariciándole la mejilla y él sonrió más todavía.

Me cogió de la mano y me llevó hasta mi habitación, abrió la puerta, y estaba muy ordenada también. Encima de la cama había dos cajas de bombones y no pude evitar sonreír. Pero había otros dos ramos de calas blancas, mis favoritas, no sabía como podía saberlo, así que muy extrañada le pregunté.

-¿Cómo has sabido que las calas son mis flores favoritas? –le miré con total curiosidad a esos intensos ojos suyos.

-Bueno… tenías algunas calas secas en el jarrón del comedor, y algunas en la basura. Así que supuse que serían tus favoritas. –respondió moviendo los hombros.

-No sé que decir… muchas gracias de verdad. No me merezco que me trates así de bien. –puse una cara triste fingida. –Te lo tengo que agradecer como mereces, te estás portando genial conmigo y yo no he hecho nada como agradecimiento. –seguí mirándole a los ojos.

-Bueno con un abrazo y un beso tuyo me conformo, el mejor regalo que me puedes hacer es dejar que te proteja y te quiera. –me agarró por la cintura y buscó mis labios hasta que se unieron.

Fue un beso muy bonito, no demasiado largo pero que me hizo subir al cielo. Era un chico tan maravilloso que a veces parecía que no era real. Pero era muy real y estaba allí conmigo, besándome, le sentía tan cerca que el resto del mundo no existía para mí.

Nos fuimos a hablar al sofá, queríamos conocernos mutuamente, y sobre todo querernos, y cuidarnos. Casi sin darnos cuenta llegó la hora de la cena y Cristian lo tenía todo listo. La cena estaba riquísima y de postre, unos pasteles que había comprado.

-Um… me chifla el chocolate, es mi perdición. –dije con una amplia sonrisa.

-Bueno entonces tendré que comprarte bombones todos los días. –añadió mientras se levantó y me abrazó.

-No es necesario, pero siempre me ha gustado tener postres de chocolate. –respondí.

Nos pusimos a ver la tele en el comedor, sentados muy juntos en el sofá. Yo me quedé adormilada apoyada en su hombro y pude notar como cambió de postura para que me acomodara.

No sé cuánto rato estuve así, pero noté que estaba como en el aire, Cristian me tenía cogida en brazos y me llevó a mi cama. Yo estaba tan dormida que casi no me di cuenta. Me tumbó en la cama y me arropó, cuando fue a levantarse le cogí de la mano casi sin fuerzas por el sueño y le detuve.

-No te vayas… quédate esta noche aquí, por si tengo pesadillas… -dije sin si quiera mirarle.

Él no dijo nada, pero oí que se rió. Se acomodó a mi lado y me acarició el pelo, al cabo de un rato caí profundamente dormida. Pero sí notaba una calidez entre sus brazos, era una protección y seguridad que hicieron que no tuviera pesadillas. Estuve soñando con él, con su cara, con esos ojos… y con besarle y acariciarle, fue un sueño realmente placentero.

Me desperté por la mañana abrazada a Cristian, dormido aún era muchísimo más guapo, era casi imposible que existiera alguien tan guapo. Y sin embargo, si existía y estaba allí dormido a mi lado. Pero noté que se despertó.

-¡Buenos días, linda niña! ¿Dormiste bien? –preguntó sin dejar de abrazarme.

-Si, como si hubiera estado en el cielo, mi ángel me protegía entre sus brazos. –dije muy sonriente.

Nos levantamos y desayunamos juntos. Yo me fui a trabajar y él también, trabajaba en una empresa como informático por las mañanas. Nos veríamos después del colegio, ya que se empeñó en ir a buscarme. Así que, allí le vi en la puerta del colegio esperándome en su Volvo.

Parecía como un cuento, una chica indefensa salvada por un apuesto príncipe, solo que en lugar de ir en su precioso corcel, venía en su Volvo plateado, y fui directa al coche con una sonrisa y saludándole con la mano.
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