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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 14 de noviembre de 2009

Amando a un angel capitulo 9

9º- Una pasión descontrolada

Todo era estupendo, nos entendíamos muy bien, nos íbamos conociendo y cada vez nos gustábamos más, el amor mutuo iba creciendo y era algo estupendo.

Él me protegía y cuidaba como no lo había echo nadie desde la pérdida de mis padres, y yo a él intentaba amarle tanto como me era posible, que era por todo mi ser, y cada vez nuestra pasión crecía.

Pero seguíamos durmiendo cada uno en una habitación, eso me extrañaba, no sabía si era porque él no quería que llegáramos a ese punto, porque no le gustaba lo suficiente o por alguna razón que desconocía.

Hacía 1 mes que vivíamos juntos en mi casa y todo seguía igual, y yo empezaba a estar preocupada, igual después de lo que pasó con Enrique no quería tocarme, porque sabía que él me había estado tocando por determinados sitios, y lo mismo le daba asco.

Esa noche después de la cena me senté a ver la tele un rato, y él vino, pero no me recosté sobre él como solía hacer otras noches. Y noté que le molestó, estaba bastante extrañado y me acarició el brazo, pero ni siquiera le miré.

Me di cuenta de que su expresión cambió, y con su mano me giró la cara para que le mirara, pero ya habían empezado a acumularse algunas lágrimas. Entonces me agarró por la cintura para que estuviera más cerca de él.

-¿Qué te ocurre, preciosa? – su voz estaba llena de preocupación.

-Nada, es que bueno… yo estoy sintiendo algo muy fuerte por ti, pero supongo que desde que pasó lo de mi hermano solo sientes asco por lo que hizo, no creo que quieras volver a tocarme.-dije derramando más lágrimas.

-¿Cómo puedes pensar eso? Eres la chica más linda y maravillosa que he conocido nunca. Si no he estado más cariñoso contigo, es porque creí que no tendrías ganas de que me mostrara más afectuoso, después de todo lo que has pasado. –confesó sin dejar de mirarme a los ojos.

Entonces, le comencé a besar, me senté encima de él en el sofá, me dejé llevar por todo lo que me hacía sentir Cristian. Él se dejó llevar también, arrimándome a él todo lo que podía.

Seguimos besándonos y noté que se levantó, yo me agarré fuerte y así enganchada a él y sin dejar de besarnos, llegamos a la habitación donde se tumbó en la cama.

Le quité la camiseta, y pude admirar su pecho perfecto, era hermosísimo y era para mí. Él sin dejar de darme besos empezó a subirme la camiseta para quitármela, pero se quedó quieto, se separó un poco de mí y me miró profundamente a los ojos.

-¿Qué pasa? Ya sabía que te daba asco tocarme... –Dije apartando la mirada.

Me giró la cara para que le mirara y su gesto transmitía mucho amor. –Eso nunca, estoy deseando tocarte y hacerte mía, que nos demos un amor mutuo, pero tengo miedo que de no quieras hacerlo, de que me rechaces, porque sé que lo has pasado mal. –dijo con algo de miedo.

Me bastó con oír esas palabras para saber que nunca me haría daño y que de verdad quería entregarme a él, fundirnos en uno solo y amarnos tanto como podamos. –Yo te amo, y quiero entregarme a ti. Sé que no me vas a hacer ningún daño porque eres el ser más increíble del mundo y necesito que me ames. –le dije con la mirada encendida.

Le volví a besar, y me quitó la camiseta, me acarició por encima del sujetador y me hizo sonreír al notar sus caricias. Le comencé a quitar los pantalones, pero como no llegaba bien él se los terminó de quitar quedándose en calzoncillos.

Sin dejar de besarle, me empecé a bajar los pantalones. Ambos nos quedamos en ropa interior, al sentirnos tan cerca nos estremecimos. Estábamos listos para amarnos y sin temores, porque era un amor puro y sincero.

Me miró con la ropa interior puesta y puso una sonrisa muy fiera, se acercó a mi oído y comenzó a susurrarme. –No sabes las ganas que tengo de quitarte esas prendas que tienes aún puestas. Me voy a enloquecer si no te hago mía pronto… -dijo y volvió a besarme de una forma muy salvaje.

Tiró de la ropa muy rápido y yo tiré de sus calzoncillos, me puse encima haciendo que nuestras partes íntimas se rozaran, fue una sensación muy agradable que me hizo suspirar.

Él se quedó contemplándome, y me hizo ruborizar, sonrió ante mi reacción. –Eres tan hermosa… la más linda de todas las criaturas, eres lo mejor que me ha pasado en la vida y quiero que estemos siempre juntos. –tras lo que me besó en el cuello.

Esas cosas que me decía eran tan bonitas que me hacían sentirme en el cielo. Estaba tan encendida que no pude esperar más y me moví para que me penetrara. En ese momento sentí un placer que nunca había experimentado, porque nunca había estado con nadie de esa forma.

Comenzó a moverse, despacio y de forma muy acompasada, mientras con una de las manos me acariciaba los pechos, cada vez me sentía más excitada. Me acerqué a él y le comencé a besar en el cuello, muy suavemente, y noté que se estremecía y que suspiraba de placer.

Pero necesitaba sentir más y más placer y comencé a moverme más y más deprisa, él me siguió de muy buena gana, estábamos amándonos, estábamos entregándonos el uno al otro. Sentía todo su amor por cada parte que acariciaba de mi cuerpo y yo intentaba demostrarle todo mi amor de la misma forma.

Así seguimos durante muchísimo rato, hasta que llegamos al clímax juntos. Nos quedamos abrazados y yo estaba radiante de felicidad y placer. Pero entonces se colocó encima de mí.

-Necesito más… me has vuelto loco… eres maravillosa y quiero más y más, ámame, acaríciame, necesito sentirte conmigo. –dijo y a continuación me penetró de nuevo.

Esta vez, la sensación fue más placentera. Yo también necesitaba más de ese amor que tanto me gustaba, de ese amor que recorría cada músculo, cada órgano, cada parte de mi piel y de mi ser…

Y así amándonos tanto como nuestros cuerpos nos permitían, estuvimos juntos toda la noche, para luego dormirnos abrazados para ir juntos a ese cielo particular que se creaba cuando nos abrazábamos.
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