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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 1 de noviembre de 2009

En el nombre del amor capitulo 45

45º- La última amenaza

Pasaron las semanas, yo ya tenía la pierna totalmente curada, y a Cristian por fin le quitarían las escayolas, el pobre estaba desesperado de tanto reposo, solo deseaba poder moverse solo y salir un poco a la calle.

-Cariño, no deberías venir al parque. Tu padre ha dicho que te lo tomes con calma y no fuerces el pie. –dije severamente.

-Tranquila, solo quiero que me de el aire un poco. Me quedaré sentado y seré bueno. –contestó mientras me abrazaba y me besaba intensamente.

-Vale, pero como no te estés sentado y sin moverte me voy a enfadar mucho contigo.-respondí intentando parecer furiosa.

Metimos a Luna en el carrito, y Evelyn y Eric iban al lado de su padre, fuimos caminando despacio para que Cristian no forzara el pie demasiado. Llegamos al parque pues estaba muy cerca de casa y mandé a Cristian sentarse en un banco, él se quedaría con Luna, mientras yo jugaba un poco con los niños.

La verdad es que los niños no se cansaban nunca, y yo no quería que Cristian estuviera solo mucho rato, así que ellos se quedaron jugando a nuestro lado y yo hice compañía a Cristian y a la pequeña.

Llevábamos bastante rato, y los niños estaban jugando a pocos metros de nosotros. Entonces un hombre se nos acercaba a lo lejos, no lo conocíamos pero a mi no me dio buena espina, así que le dije a Cristian que nos levantáramos para irnos y llamé a los niños.

Empezamos a caminar, pero claro, íbamos bastante despacio por Cristian. Yo mentalmente estaba rezando para que el hombre pasara de largo y se fuera, pero sentía unos pasos detrás de nosotros cada vez más cercanos.

En ese momento, sentí que algo punzante me apretaba en la espalda, así que dejé de caminar, el carrito se detuvo y Cristian al ver que paraba también se detuvo y se puso a mirarme.

-No os mováis ninguno de los dos, o te clavo el cuchillo en la espalda. –dijo el extraño susurrando.

-Por favor… no nos haga daño… -comencé a sollozar.

-Vengo de parte de mi amigo Walter. Así que o hacéis lo que quiere u os tendré que matar. –añadió en tono serio.

-Oiga, por favor, deje que mi familia se marche. Cójame a mí de rehén si quiere. Pero a ellos no les haga nada. –pidió Cristian.

-De eso nada, además vengo a llevarme a la pequeña. No intentéis detenerme o la rajo aquí mismo. –dijo muy ferozmente mientras cogía a Luna del carrito.

Al ver que la cogía intenté ir a por ella, pero en cuanto me empecé a mover él acercó el cuchillo al cuello de Luna. Cristian me sujetó, pues veía que el hombre no se andaba con rodeos.

-Dentro de una hora mi amigo os llamará a este móvil –dijo sacando un móvil de su bolsillo. –Si no hacéis lo que os pide no la volveréis a ver viva. –y salió corriendo con la pequeña entre sus brazos.

En ese momento me dio un ataque de pánico, me tiré al suelo y comencé a llorar como nunca, pataleaba y gritaba. – ¡MI PEQUEÑA, NO! ¡QUIERO A MI PEQUEÑA! MI NIÑA… –pero el ataque fue tan fuerte que perdí el conocimiento.

Cuando volví en mí, me encontraba en mi cama, miré alrededor y vi a Cristian a mi lado, estaba el resto de la familia, Esme, Adriana, Pedro y Carlisle que me estaba tomando la tensión.

-¿Y la niña? ¿Dónde está mi niña? –pregunté comenzando a llorar.

-Tranquilízate, faltan 5 minutos para que llame, entonces veremos lo que quiere y actuaremos, pero tienes que calmarte. –dijo Carlisle.

Seguía llorando cada vez más fuerte y Cristian, que estaba con la cara descompuesta me abrazó. –Mi princesa, por favor, todo se va a solucionar, cálmate. –dijo apretándome contra su pecho y acariciándome los cabellos.

Pasaron los 5 minutos y oímos que efectivamente el móvil estaba sonando. Lo cogió Carlisle y puso el móvil en manos libres. –Soy Carlisle Cullen, y toda mi familia está escuchando conmigo. –dijo con calma.

-Me parece bien, así se enteran todos a la vez. Quiero 300.000 euros, o si no esta pequeña acabará en una cuneta. Tenéis hasta mañana a las 12 de la mañana o si no, no volveréis a ver la niña. –dijo una voz muy seria y luego colgó.

Al oírlo, todos nos quedamos paralizados y en silencio, pero era demasiado para mí, comencé a llorar y me tapé la cara con las manos. –Mi niña… quiero a mi niña… quiero tenerla conmigo… -balbuceé.

-Mi princesa, lo sé, yo también, ten paciencia. Lo vamos a solucionar. –contestó Cristian besándome en la mejilla.

Carlisle llamó a la policía mientras Cristian intentaba calmarme. Adriana y Pedro habían ido a echar un vistazo a los niños y Esme se puso a preparar algo para que cenáramos.

Yo no tenía fuerzas ni para caminar, así que Cristian me llevó en brazos hasta la mesa y me sentó en la silla. Esme hizo unos sándwiches, pues no quería entretenerse mucho preparando nada. Pero cuando vi el plato, se me cerró el estómago, estaba demasiado preocupada como para comer nada.

Aparté el plato, pero Cristian se dio cuenta se giró hacia mi con gesto preocupado pero intentaba no mostrarlo demasiado. –Amor, tienes que intentar comer algo, no quiero que enfermes. Por favor, come algo, hazlo por mí. –dijo Cristian acariciando mi cara con su mano.

A regañadientes, comí todo lo del plato, no quería que me volvieran a decir nada, no estaba para sermones. Me senté en el sofá como pude y me acurruqué pegando mis rodillas contra mi pecho.

La policía vino al cabo de un rato y nos estuvieron interrogando para saber lo ocurrido. Dijeron que nos ayudarían a tener el dinero, y que cuando llamaran nos ayudarían, planearían un operativo para poder detener al secuestrador y al señor Walter.

Si el plan no salía bien no volvería a ver a mi hija nunca, y eso era insoportable, pero no quería angustiar más a la familia. Además me daba cuenta de que para Cristian no era tampoco fácil, pero intentaba hacerse el fuerte para que no me resultara tan doloroso, quería mostrarse más entero.

Notaba que le costaba, pero sabía el gran esfuerzo que hacía. Pensando en todo lo ocurrido me quedé dormida, y al cabo de unos minutos noté como estaba flotando, seguramente Cristian me estaba llevando a la cama. –Descansa mi amor, yo me ocupo de todo. –oí que susurraba mientras me besó en la frente.
En ese mar de sueños, veía a mi familia, todo lo ocurrido desde que conocí a Cristian, los buenos momentos, los malos, y sobre todo la convivencia. Y luego solo pude ver a mis tres hijos, a lo más valioso que teníamos. Veía sus caritas, todo lo que pasé con ellos, como iban creciendo, y pensar que no vería más a mi pequeña Luna me hizo llorar en sueños.

Pero el llanto se incrementó y sentí que unos brazos me apretaban. –Calma, mi amor. Estoy aquí contigo, Duerme y descansa. Aún es de madrugada, por favor, necesito que descanses y te tranquilices. –murmuró Cristian mientras me abrazaba fuerte.
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