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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 2 de noviembre de 2009

En el nombre del amor capitulo 46

46º- El dolor se torna en alegría

La policía nos ayudó con el tema del dinero, pondrían un localizador para poder seguir al secuestrador. Pero no sabíamos donde recogerían el dinero ni como se haría la entrega. Walter no había dado detalles, debíamos suponer que llamaría a la hora límite para comprobar si teníamos el dinero.

No tenía fuerzas ni para ponerme en pie, así que entre Esme y Adriana me ayudaron a vestirme. Todo era ajeno a mi, tan solo existía la carita de mi niña. Me sentaron en el sofá, y escuché unos pasitos. Eran los niños que habían oído todo el jaleo y venían a enterarse, me vieron y la imagen no tuvo que ser agradable, estaba con muchas ojeras, llorando y con la mirada perdida.

-Mami, ¿por qué lloras? ¿Estás malita? –preguntó Evelyn

-No, preciosa –dijo Pedro. –Mamá esta preocupada, pero dentro de unas horas ya estará mejor.

-¿Y la hermanita? ¿Dónde está? –Preguntó Eric extrañado.

Eso me hizo llorar con más fuerza y los niños se asustaron al verme así. Adriana y Pedro los cogieron y los apartaron un poco. Fue Adriana la que habló con ellos. –A ver, chicos, la hermanita no está, se la ha llevado un hombre malo, pero dentro de poco estará con nosotros otra vez. –y les dio un abrazo.

-Claro que sí. Pero os tenéis que portar bien. Dadle un abrazo a mamá y volved a la habitación para jugar. –comentó Pedro.

-Vale –dijeron a la vez.

Sentí como sus brazos me daban un abrazo, inconscientemente mi cuerpo reaccionó y los abrazó. Me aliviaba saber que mis otros dos pequeños estaban a salvo y les besé en la frente, después se marcharon a su habitación.

Las horas pasando y dieron las 12 de la mañana, todos nos pusimos nerviosos y el móvil volvió a sonar. Fue Carlisle de nuevo quien lo cogió y lo puso en manos libres. –Todos estamos escuchando. –dijo muy serio.

-¿Tenéis el dinero? –preguntó muy seco.
-Sí, lo tenemos, dinos dónde lo llevamos para que nos devuelvas a la niña. –pidió Carlisle.

-Iréis a la gasolinera de la M-50, la que está en el kilómetro 53. Tenéis que ir al lavabo de señoras y dejarlo dentro, justo detrás de la puerta. Allí estará la niña. No intentéis nada o me la cargo. –contestó amenazante.

-Vale, de acuerdo, estaremos allí en seguida. No tardaremos, iré yo en persona a llevártelo. –respondió Carlisle.

-No. Va a ir tu hijo, y será su mujercita la que lleve el dinero al lavabo de señoras. –añadió él.

-Pero ella está indispuesta, está demasiado alterada con la situación… -no le dio tiempo a seguir. Pues me levanté hacia él con lágrimas en los ojos.

Me puse justo a su lado, muy cerca del móvil. – ¡Maldito! ¡Devuélveme a mi niña! –grité entre lágrimas.

-No, amor, por favor, no estás en condiciones. –me dijo Cristian rozando mi brazo.

-Me da igual, quiero tener a mi niña. ¡Hijo de puta!, tranquilo que llevaré el dinero, pero quiero a mi niña. –estaba muy furiosa.

-Ja, ja, ja. Veo que ya no está tan indispuesta. Pues entonces espero que no tardéis mucho en llegar o lo mismo no estará ahí la niña. –tras decir eso colgó.

La policía que lo había escuchado todo porque estaba allí con nosotros, nos dijo que podrían a un coche de incógnito, para vigilarnos, y luego seguir al coche con el localizador del dinero.

Nos montamos en el coche, yo estaba muy furiosa, no miraba a nadie, estaba tan inmersa en lo que tenía que hacer que no pensé ni en ponerme el cinturón. Noté que Cristian me lo empezó a poner el cinturón. –Princesa, por favor, debes ponértelo. –dijo con voz amable.

Yo le miré furiosa, solo quería llegar a la gasolinera para volver a tener entre mis brazos a mi pequeña. Pero no dije nada, sabía que para él no debía ser plato de gusto lo de la niña y verme a mí así.

Cogimos la M-50 y fuimos mirando si localizábamos la gasolinera. Me fijé y la vi un poco a lo lejos. -¡Mira, debe ser esa! Apresúrate Cristian, por favor. –dije ansiosa.

Aceleró un poco para llegar cuanto antes, y se puso en la parte del área de descanso aparcado. Cogí la bolsa del dinero y le miré a los ojos. –Cielo, voy a dejar el dinero y coger a la niña, ahora vuelvo.

-Ten cuidado, por favor, no querría que te pasara algo a ti también. –pidió Cristian con los ojos llorosos.

Asentí con la cabeza y salí del coche, fui directa al baño, pude ver el cartel al lado de la puerta de la tienda. Entré y encendí, allí estaba mi pequeña en el suelo llorando envuelta en una mantita. Dejé el dinero detrás de la puerta como nos habían dicho y cogí a la niña.

-Mi pequeña... te quiero tanto… ahora nos vamos a casa. –la besé en la mejilla y me puse a llorar de alegría. Salí del baño y la apreté fuerte contra mi pecho y me dirigí al coche, con una sonrisa en la boca y llorando de la alegría.

Fui casi corriendo. –Cielo, está bien, aquí la tengo, por fin está conmigo. –comenté muy contenta. Al principio la cara de Cristian era de felicidad, pero en seguida su rostro cambió, su cara era de espanto y miedo.

Paré en seco ante su reacción, hasta pude ver que había empezado a llorar. Empecé a ponerme nerviosa y miraba a todos los lados, pero noté algo duro detrás de mi espalda. –No tan deprisa, además tengo que comprobar que está todo el dinero, no me vais a engañar. –era el secuestrador.

Mis lágrimas ahora eran de pánico y terror. –Por favor… está todo el dinero, deje que nos vayamos con la pequeña. –supliqué.

Pero noté que apretaba más la pistola contra mi espalda, me puse más nerviosa. Cristian salió del coche, y quiso venir hacia nosotras. –Yo que tú no lo haría si las quieres ver vivas. –amenazó el secuestrador.

-Vale, está bien, no me acerco, pero por favor, no las hagas nada. Cógeme a mi en su lugar si lo prefieres. –Cristian estaba llorando y suplicando.

Pero el secuestrador no dijo nada, miré por el rabillo del ojo y pude ver como miraba dentro de la bolsa contando el dinero. No pudo continuar así mucho rato, pues alguien gritó.

-¡ALTO, POLICÍA! Levante las manos, y tire el arma. –ordenó un policía.

Pero en lugar de eso, me agarró del pelo para cogerme y ponerme como escudo, me apuntó a la sien. – Como intentéis algo le pego un tiro y luego otro al bebé. –amenazó.

Miré a Cristian que se puso muy nervioso. –Mel, cariño… - intentaba llegar a nosotras, pero el secuestrador apretó más el arma contra mí, y un policía paró a Cristian. Entonces, noté como el secuestrador gritaba y ya no me sujetaba, así que me tiré al suelo protegiendo a Luna.

Un policía había ido por detrás y había golpeado al secuestrador. Otro policía me ayudó a levantarme, y miré al frente y vi a Cristian acercándose a nosotras llorando. Nos abrazó y yo comencé a llorar también. –Creí que os haría daño, no sabía ni lo que hacer… -me besó varias veces en los labios.

-Y yo cielo, tenía mucho miedo, pero ya se acabó todo. –afirmé suspirando.

La policía se llevó al secuestrador, y también habían detenido a Walter, pues estaba esperando en un coche por la parte de atrás de la gasolinera. Todo había acabado por fin.

Nos montamos en el coche y un coche de policía vino delante nuestra para abrirnos camino y tardar menos. Queríamos llegar pronto a casa para que Carlisle revisara a la niña.
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