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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 3 de noviembre de 2009

En el nombre del amor capitulo 47

47º- Esperada tranquilidad

Llegamos a casa y todos se lanzaron a abrazarnos, incluidos los niños, era tal la alegría que no podía parar de llorar. Pero en esta ocasión eran lágrimas de tanta felicidad. Cristian se abrazó a su padre. –Papá, revisa a la niña, no estoy tranquilo. –pidió con una sonrisa.

-Claro, hijo, ahora mismo. –dijo mientras cogió su maletín.

Estuvo revisando a la niña y dijo que estaba sana que no tenía nada de nada, y todos suspiramos aliviados. Abracé a mis hijos, había estado tan ausente, que casi ni había pensado en ellos, les abracé y besé y ellos se pusieron muy contentos.

Salimos a cenar para celebrar la buena noticia, fuimos toda la familia al completo, nosotros con los 3 niños, Carlisle y Esme con Marcos y Adriana y Pedro con Raquel. Todo era maravilloso, al fin se había solucionado todo. Además tenía una especie de pálpito, una corazonada que me decía que a partir de ese día las cosas nos irían bien.

La cena fue muy distendida y todos estábamos muy relajados, además como casi no había comido desde que se llevaron a Luna comí muchísimo, hasta Pedro me gastó alguna bromita.

-Cuñadita, para de comer que vas a llevar al restaurante a la quiebra. –dijo entre risas.

-Ja, que gracioso… pero después de toda la angustia y estar casi sin comer necesito reponer fuerzas. –le respondí, y a punto estuve de sacarle la lengua como si tuviera 5 años.

Los niños también se rieron mucho con Pedro, la verdad es que congeniaban bien, porque Pedro tenía un espíritu muy aniñado aún. Y él y Cristian se llevaban estupendamente, parecían hermanos, la verdad es que tenía una familia maravillosa.

Pero fue inevitable acordarme de mis padres, esos padres que perdí por un desafortunado accidente. Y se me escaparon algunas lágrimas, Evelyn que estaba a mi lado me vio y se asustó.

-Mami, ¿por qué lloras? –preguntó.

Entonces el resto de la familia me miró asustada, fue Cristian quien me pasó el brazo por los hombros y me habló. –Amor, ¿qué ocurre? ¿Te encuentras mal? –estaba preocupado, se lo notaba en la voz.
-No, tranquilos, no pasa nada. Es que bueno ahora estamos todos bien y toda la familia junta, pero no toda… mis padres no están conmigo y bueno… estoy algo sensible. Perdonad. –dije secándome las lágrimas.

-Melinda –interrumpió Carlisle. –Te he observado toda la noche, y bueno… has comido muchísimo, y estás mucho más sensible que de costumbre, me pregunto si es cierto lo que estoy pensando.

Todos abrieron los ojos como platos y se me quedaron mirando con una sonrisa. –Nena, ¿puede que estés embarazada? –preguntó Adriana sonriendo.

-Pues… no lo sé. Aunque ahora que lo pienso hace una semana que tenía que haberme bajado pero con tantas preocupaciones no había caído en ello. –confesé aún sorprendida.

-Bueno ahora cuando vayamos a casa te haré la prueba para estar seguros. –respondió mi suegro.

-Mami, ¿qué significa que puede que estés embarazada? –preguntó Eric con muy curiosidad en su rostro.

Yo me quedé algo paralizada, era todo tan repentino que fue Cristian el que le miró y se dispuso a contestarle. –Campeón, significa que mamá a lo mejor va a tener otro bebé. ¿Qué os parece? – les preguntó a nuestros hijos.

-¡BIEN! –contestaron a la vez.

Raquel y Marcos también sonrieron. La verdad es que toda la familia se puso muy alegre ante la posible noticia. Pero yo estaba algo incrédula, otro bebé en la familia. No sabía si iba a poder con todo, pero sería estupendo un nuevo bebé.

Terminamos cenar y todos estábamos felices. Fui a levantarme y se me fue la cabeza, todo me empezó a dar vueltas y perdí el equilibrio, pero Cristian me sujetó a tiempo antes de caer al suelo.

-Amor, ten cuidado, ¿no te encuentras bien? –preguntó con voz dulce.

-Estoy bien, pero es que me he mareado un poco. –reconocí abrazándome a él.

-Bueno tranquila, ya nos vamos a casa, y mi padre te hará la prueba. Te voy a llevar al coche. – respondió él.

Me cogió en brazos, y me llevó hasta el coche, me sentó en el asiento del copiloto y me puso el cinturón. Montó a los niños en sus sillas y les puso también el cinturón. Se despidió de su familia, yo estaba demasiado mareada como para hablar o hacer nada.

Arrancó y nos dijimos a casa seguidos por los coches de sus padres y de su hermana. Y en un rato llegamos a casa. Los demás cogieron a los niños que estaban medio dormidos y los acostaron.
Cristian me llevó en brazos y me tumbó en el sofá. Carlisle se puso a mi lado y me sacó sangre para hacer un análisis. Pero además me dio una prueba de embarazo. Cristian me llevó al baño pero fue Adriana la que entró conmigo para ayudarme.

Tardamos un poco en salir, y Cristian me ayudó de nuevo a llegar hasta el sofá. Todos estábamos impacientes por saber el resultado, sobre todo yo, y aunque Carlisle me había hecho un análisis los resultados tardarían algunos días, pero por ver si daba positivo o no.

Pasaron los minutos para saber el resultado, y fue Adriana quien lo miró. En cuanto echó un vistazo, en su cara se dibujó una amplia sonrisa. -¡ENHORABUENA PAPÁS! –contestó casi gritando de alegría.

Cristian se puso loco de contento. -¿Vamos a tener otro bebé más? Es fantástico. –casi pude ver como se le ponían los ojos llorosos. Me cogió y empezó a dar vueltas de la alegría, pero comencé a sentir nauseas.

-Cielo, yo también estoy muy contenta, pero ¿Te importa dejar de dar vueltas? Me estoy mareando un poco. –le dije sonriendo tímidamente.

-Perdóname, es que estoy tan contento… -contestó dándome un tierno beso en los labios.

Toda la familia nos dio la enhorabuena y después de estar un rato juntos, se hizo muy tarde y todos se fueron a casa. Nos quedamos solos y Cristian me llevó a la habitación. –Mi princesa, estoy tan feliz… mira que familia tan estupenda tenemos. Me has hecho el hombre más afortunado. –comentó tan contento que pensé que no se podría ser más feliz.

-Oye, pero esta vez, quiero que pensemos ya los nombres, no sé me hace mucha ilusión, si a ti no te importa. –le dije mirándole a los ojos.

-Claro que no amor, a ver, cada uno decimos un nombre de niño y uno de niña y luego decidimos, ¿Te parece bien? –me preguntó muy alegre.

-Vale. Pues a ver si fuera niña, me gustaría Gabriela, y si es niño me gusta Miguel. Te toca a ti. –respondí tocándole la nariz con mi dedo.

-Si es niño me gustaría Alan que fue uno de los que pensé la otra vez. Y si es niña me gustaría Delia. –dijo muy contento.

-Vale, a ver… de nombre de chico, casi me gusta más Alan, pero de nombre de niña me gustaría Gabriela. ¿Qué opinas mi amor? Así es una opción de cada uno, ¿qué te parece? –pregunté acercándome más a él.

-Bueno, me gusta esta democracia. –y comenzó a besarme de manera muy intensa.

Ahí comenzamos otra noche de pasión, con los niños a salvo, toda la familia también, y por fin podíamos pensar de verdad que las cosas nos iban a salir bien pues no teníamos nada que temer. Y es que la vida puede ser muy complicada pero hay que disfrutarla y vivirla como viene. Eso lo había aprendido hace mucho, y no me había ido nada mal.
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