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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 1 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 35

35º- Recuperación y alegrías

Dos días más tarde Adriana le contó lo de Pedro a Cristian, lo cierto es que se lo tomó bastante bien. Ella se quedó tranquila de la buena reacción de su hermano, estaba contenta de que su hermano la apoyara, a sus padres ya se lo diría un poco más adelante.
A las tres semanas me iban a quitar la escayola, pero me dijeron que tendría que hacer algo de rehabilitación con la pierna. Los moratones y golpes habían desaparecido por completo, aunque me costaba moverme. La espalda me dolía bastante si me quedaba mucho tiempo en la misma postura.

Carlisle me recomendó que me apuntara a natación, que me ayudaría no solo con la espalda, también con la pierna, y para todo el cuerpo en general. Así que me apunté para ir a la piscina que estaba cerca de casa, iba una hora todas las tardes después de salir del colegio.

La natación me vino muy bien, estaba mejorando bastante la pierna y la espalda me dolía cada vez menos. A la hora que iba no solía haber demasiada gente, estaba tranquila, y normalmente al terminar me iba a recoger Cristian.

Solía esperar fuera en el coche, aunque a veces entraba para verme nadar. Uno de los días le miré y me saludaba con la mano, se le veía eufórico, así que decidí salir para ver lo que ocurría.

-Hola, mi príncipe. –dije acercándome a él.

-Hola. –Él me cogió en brazos y me besó, comenzó a dar vueltas.

Yo me quedé algo extrañada así que decidí preguntar.- ¿Qué ocurre? ¿Por qué estás tan contento?-

-Me ha llamado mi hermana, por lo visto le va muy bien con Pedro y se lo ha contado a mis padres, ellos están contentos y se alegran mucho. Y estoy feliz por ella. –reconoció sonriendo.

-Me alegro muchísimo por ella. –contesté muy alegre.

Nos fuimos a casa. Esa tarde Cristian estaba muy contento por lo de su hermana, era un alivio ver que todo iba bien. Cenamos y nos fuimos a ver la tele, nos sentamos en el sofá, yo me recosté sobre él como hacía todas las noches.

Estuvimos un rato viendo la tele, hasta que Cristian se acercó a mi y comenzó a besarme, le respondí de muy buena gana a los besos, pero noté que estaba como ansioso, que casi no me dejaba ni respirar.

-¿Qué te pasa, mi príncipe? Te noto como ansioso. –dije como pude.

-Es que…te necesito. Necesito tenerte conmigo. –respondió, para acercarme más a él me colocó encima suya.

La verdad es que hacía mucho que no habíamos podido estar juntos, pues con tantos moratones tenía cada parte de mi cuerpo dolorido. Y tantos besos y caricias estaban haciendo su efecto, comencé a acariciarle.

Se levantó y fue directo a la habitación, dejándose caer encima de la cama, casi no me daba tiempo a disfrutar de los besos y las caricias de tantas como recibía. Se quitó la camiseta y los pantalones, casi sin darme cuenta me quitó la ropa y nos quedamos muy juntos con nuestros cuerpos desnudos rozándose.

Paró de besarme y me acarició la cara. –Creí que nunca podría volver a estar contigo, la idea de perderte es insoportable. –dijo mirándome a los ojos.

-A mi me pasaba lo mismo, mi amor. Deseaba tanto volver a estar junto a ti. –contesté mientras volvía a besarle.

Continuamos con las caricias, y los besos. Bajó con la boca por mi cuello hasta mis pechos, comenzó a besarlos y yo empecé a emitir pequeños gemidos que hicieron que me besara con más intensidad.

Volvió a besarme en la boca pero pude sentir como una de sus manos bajaba por mi cuerpo hasta mi intimidad. Yo me excité al notar el roce de su mano, comenzó a moverla deprisa, cada vez sentía más placer.

Entonces me penetró, me pillo de sorpresa pero sentí mucho placer. Comenzó a moverse muy despacio. –Necesito tranquilidad, sentirte conmigo. –susurró en mi oído.

-Yo también… -respondí.

Era un baile lento, pero lleno de pasión y de amor. Había estado tan cerca de la muerte… que me sentía muy afortunada, era como haber vuelto a nacer. Tener una segunda oportunidad de ser feliz junto a mis hijas y mi novio.

Seguimos con ese tranquilo pero apasionado baile, hasta que llegamos al clímax, fue una noche muy especial. Era un reencuentro de amor, un reencuentro que ambos necesitábamos, pues pensamos que no volveríamos a estar juntos.

Me besó en los labios y se me quedó mirando. Así nos dormimos muy abrazados y con una sonrisa en los labios, no solo por la noche tan fantástica que habíamos pasado; sino porque volvíamos a estar juntos como uno solo con nuestras pequeñas con nosotros.

Cuando me desperté por la mañana Cristian no estaba en la cama, estaría desayunando. Pero a mi lado encontré una nota. “Mi princesa, te amo, cuando te despiertes, ven al comedor, tengo algo importante que decirte”. Al leerlo me quedé extrañada, hasta empecé a preocuparme un poco.

Me puse el camisón y salí al comedor. Le vi sentado en el sofá, en cuanto me vio se levantó y sonrió. Al verle sonreír me calmé un poco y le di un beso, para después abrazarle.

-¿Qué ocurre, mi amor? –pregunté intrigada.

-Bueno… yo quería hablar contigo. Todo lo ocurrido del secuestro y demás me ha hecho darme cuenta de que no puedo vivir sin ti. Te quiero con toda mi alma y quiero pasar el resto de mi vida contigo y con las niñas. –dijo sin dejar de mirarme.

Yo estaba algo paralizada, no entendía porqué me decía esas cosas, cosas que yo ya sabía que sentía, y que yo también las sentía. Pero entonces se apartó un poco de mí y puso una rodilla en el suelo, me cogió una mano y me miró a los ojos.

-Melinda, quiero pasar toda mi vida contigo, para siempre, ¿Quieres casarte conmigo? –preguntó mientras sacaba de su bolsillo una cajita de terciopelo azul y la abrió para que lo viera.

Era un anillo de oro, con un diamante en medio, era sencillo pero muy elegante y bonito. El anillo más bonito que había visto nunca. Me había dejado sin palabras, y con los ojos abiertos, pero yo sabía lo que sentía por él.

Tan solo pudieron salir dos palabras de mi boca. –Sí, quiero.
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