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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 1 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 36

36º- Las buenas noticias no vienen solas

Al escuchar esas dos palabras de mi boca, me puso el anillo en el dedo, me besó la mano y se levantó para darme un cariñoso beso. Se le veía triunfante, como una persona que ha ganado la lotería y se ha llevado el mayor premio.

-Preciosa, me acabas de hacer el hombre más afortunado del mundo. –confesó con una sonrisa tan amplia que parecía que no le cabía en la cara.

-Yo también estoy muy feliz, mi amor. –le respondí.

Después de darnos unos cuantos besos, fuimos a la habitación de Gabriela. Entramos y estaba jugando con sus juguetes. –Pequeña, mami y yo te tenemos que contar algo. –le dijo Cristian muy alegre.

-¿Qué pasa, papi? –preguntó con cara de curiosidad.

-Pues que, mami y yo nos vamos a casar. –contestó muy alegre.

-¡Yupi, mami y papi se casan! –dijo la niña pegando saltitos.

Por la tarde se lo diríamos a su familia, habíamos quedado en que vinieran a pasar la tarde con nosotros y con las pequeñas. Cristian estaba eufórico, no cabía en sí de gozo, y yo la verdad es que también estaba muy contenta, pasaría el resto de mi vida con él, y era solo para mí.

El día pasó bastante lento, o eso parecía, como si el tiempo supiera que estábamos impacientes y nos quería gastar una pequeña broma, lo cierto es que cada vez me estaba poniendo más nerviosa.

Era verdad que me habían aceptado muy bien, y que se notaba que me querían y se preocupaban por mí. Pero una cosa era preocuparse por la novia de su hijo, y otra muy distinta preocuparse por la “mujer” de su hijo.

No sé sonaba extraño, pero estaba tan contenta de haber encontrado el amor, yo sabía que era el hombre de mi vida, no solo porque entre los dos habíamos adoptado y cuidado a Gabriela, y también por la pequeña. Yo sabía el amor tan profundo que sentíamos el uno por el otro, algo tan fuerte que nada ni nadie iba a conseguir destruir nunca. De hecho, ya habíamos pasado por muchas dificultades y seguíamos amándonos como el primer día.

Después de ver pasar lentamente las manecillas del reloj llegó la tarde, por fin se lo diríamos yo estaba bastante nerviosa, y Cristian lo notó. –Mel, mi vida, tranquilízate.

-Eso intento, pero no sé si les gustará la idea. –dije algo nerviosa.

-Claro que sí, ellos te quieren mucho. –contestó mientras me daba un beso.

No me dio tiempo a pensar nada más porque, en ese momento llamaron al timbre. Cristian se levantó y abrió la puerta. Saludó a su familia con un abrazo a cada uno. Yo me levanté del sofá y los saludé, me sorprendió ver que había un chico con ellos.

Me quedé algo sorprendida, Adriana se acercó a mi y sonrió. –Mel, este es Pedro, el chico con el que llevo saliendo un tiempo.

-Encantada. –dije dándole dos besos.

-Igualmente. Adriana me habla mucho de ti y de lo bien que os lleváis. –contestó muy cortés.

Yo miré a Cristian, pensando que él también estaría sorprendido, pero se saludó con Pedro como si ya le conociera. No pude mirarle muy extrañada y confundida, él al ver mi cara se rió.

-Cariño, le conocí hace una semana, es que Adriana quería darte una sorpresa y ser ella quien te lo presentara. –me aclaró.

-Vamos que estabais compinchados ¿no? –dije con cara de enfado fingida.

Se rieron y nos sentamos un rato a hablar, al cabo de un rato fue Esme la que preguntó. –Oye, ¿Qué era eso tan importante que nos ibais a contar? –

-Pues…que le he pedido a Melinda que se case conmigo. Y aunque parezca sorprendente ha dicho que sí. Estoy muy feliz. –contó Cristian mirándome tiernamente.
-¡Enhorabuena! Es una noticia fantástica, así formalizareis la situación, sobre todo por las niñas. –comentó su padre.

Todos nos dieron la enhorabuena y estaban muy contentos. Sobre todo Adriana, quería con locura a su hermano, le dio un abrazo y luego me abrazó a mí. –Me alegra que mi hermanito haya encontrado a una chica tan estupenda, sabes que te quiero como si fuéramos hermanas.

-Lo sé, yo también te quiero mucho. –respondí sonriente.

-Y bueno ya que estamos celebrando, os queríamos decir algo Pedro y yo. –todos los miramos con mucha curiosidad. –Pues… que nos vamos a vivir juntos y bueno… no solo eso, también nos vamos a casar.

Por las caras que pusimos todos, ninguno de ellos tenía ni idea, aquí no era yo la única sorprendida. Miré a todos, sus padres estaban sorprendidos pero comenzaron a sonreír. Entonces vi la cara de Cristian, estaba blanco, temí la reacción que pudiera tener con lo protector que era con su hermana.

-Hermanita me alegro muchísimo por ti. –La dio un abrazo. –Y tú ya puedes cuidar bien a mi hermanita. –dijo mirando a Pedro.

-Claro tío, ya sabes que la quiero con locura. –respondió él dándose un abrazo con Cristian.

-Bueno… así que tenemos muy buenas noticias, eso está bien. Es maravilloso ver que a nuestros dos hijos les va tan bien en la vida. –comentó Carlisle mirándonos a los cuatro.

De tanto hablar se había pasado el tiempo volando y llegó la hora de la cena. Esme tenía los ojos vidriosos, pues Cristian y Adriana eran sus dos pequeños y cada uno se estaba formando su vida. Pero se notaba que tanto Adriana como Cristian adoraban a Carlisle y a Esme.

Dentro de un tiempo, formaría oficialmente parte de esa familia tan maravillosa, yo me distraje en mis pensamientos, tenía una familia que me quería, unas niñas maravillosas, pero no pude evitar pensar en mis padres. Si esa carretera hubiera estado en buen estado ellos no se habrían salido de la carretera, podría haberlos tenido conmigo y fue inevitable que algunas lágrimas corrieran por mis mejillas.

Cristian, mí ahora prometido, se dio cuenta, me secó las lágrimas con la mano y me miró con cara de preocupación. –Preciosa, ¿qué te ocurre?

Entonces toda la familia me miró con cara de preocupación, era una situación bochornosa, no me gustaba sentirme tan observada. –Nada… es que estoy muy feliz, de formar parte de vuestra familia, pero echo de menos a mis padres…

-Cariño, es normal, pero sabes que puedes contar con nosotros siempre que lo necesites, te queremos mucho, ya lo sabes. –contestó Esme.

-Lo sé, y estoy muy feliz por ello. –dije secando mis lágrimas y sonreí.
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